+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario El Periódico de Aragón:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
   
 
 

SALUD

El Instituto de Nanociencia de Aragón coordina una técnica pionera para combatir cáncer desde el interior del tumor

 

Instituto de Nanociencia de Aragón. - UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA

EFE
09/09/2019

Científicos españoles, coordinados por el Instituto de Nanociencia de Aragón (INA), han diseñado una nueva herramienta en la lucha contra el cáncer que fabrica el agente quimioterápico en el interior del tumor, lo que reduciría enormemente los efectos secundarios, a menudo devastadores, del tratamiento.

"Si esto funcionase, la quimioterapia la haríamos dentro del tumor, no se inyectaría por todo el cuerpo, por tanto, los efectos secundarios se reducirían en órdenes de magnitud", ha explicado el catedrático de Ingeniería Química de la Universidad de Zaragoza y subdirector del INA, Jesús Santamaría.

En el laboratorio, donde han atendido a los medios de comunicación, están de enhorabuena, pues este lunes la prestigiosa revista Nature Catalysis publica los avances de la investigación en la que llevan trabajando más de dos años dentro del proyecto europeo Cadence, que cuenta con una de las mejores líneas de financiación (ERC Advanced Grant).

"Estamos contentos, aunque estemos lejos de su aplicación, porque esto es algo que no se había hecho nunca y es una novedad que esperamos que sea útil y pueda ser aplicada en muchos tipos de tumores", ha indicado.

Santamaría ha explicado que matar una célula cancerosa es relativamente sencillo, pues hay multitud de moléculas tóxicas que pueden hacerlo. El reto está en conseguir que el tóxico vaya sólo a la célula cancerosa solamente y no a las sanas del organismo.

La falta de selectividad a la hora de dirigir las drogas anticancerígenas es la causa de los efectos secundarios que sufren los pacientes de cáncer en tratamiento quimioterápico.

Con el objetivo de evitar esos "terribles" efectos secundarios, este grupo de investigación ha intentado fabricar el agente quimioterápico dentro de la célula para evitar inyectar los fármacos en el torrente sanguíneo de todo el organismo, y lo ha conseguido.

Para ello, han utilizado la catálisis que, a pesar de ser tan útil en otros campos, como la automoción, apenas se usa en oncología.

Los autores de este trabajo han encontrado la manera de inducir la síntesis de catalizadores (nanoláminas de paladio) en el interior de los exosomas de células tumorales sin perturbar las propiedades de sus membranas convirtiéndolos en caballos de troya capaces de llevar el catalizador hasta las células cancerosas originales.

Y una vez allí, catalizan la síntesis "in situ" de un compuesto anticancerígeno.

Su aplicación está todavía muy lejos, pero esta investigación in vitro ha demostrado dos cosas. En primer lugar que la catálisis intracelular es una vía para generar una molécula tóxica y, en segundo término, que es posible llevar el catalizador a la célula utilizando un vehículo que la propia célula ya ha secretado (exosomas) y que, por tanto, puede volver a su célula madre.

El siguiente paso será continuar con el experimento en vivo y probar la técnica en ratones, algo que comenzarán a hacer dentro de seis meses. Más adelante, si esta fase culmina con éxito, comenzarían los ensayos clínicos en personas.

Pero Santamaría ha insistido en que la investigación está todavía en una fase inicial y pueden surgir "problemas en el camino"

"No sabemos qué va a pasar cuando nuestras partículas dentro de esos exosomas tengan que viajar por la sangre o tengan que enfrentarse al sistema inmune", ha recalcado.

De momento, la sensación que tiene es la "mejor que uno puede tener como científico"."Hemos tenido una idea y hemos demostrado que va bien encaminada y que, además, tiene potencial", ha manifestado.

Así se lo ha reconocido también la prestigiosa revista Nature Catalysis, que este lunes publicará el avance firmado por nueve científicos, cinco de los cuales trabajan en el INA, y en el que también ha colaborado el Centro de Investigación del Cáncer de Edimburgo y la Universidad de Granada.