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Una agresión sexual rescatada del pasado

Año 1628: La violación a una menor en Huesca por 'una manada' de estudiantes

Un historiador oscense recupera la terrible historia de una joven de 16 años, Juana Lalana, que en el siglo XVII fue violada salvajemente en Huesca por un grupo de universitarios

 

El historiador oscense Carlos Garcés, que ha recuperado la tragedia sufrida por Juana Lalana. - efe / javier blasco

EFE / LUIS ENRIQUE FACI
17/10/2020

A primeras horas de la tarde del lunes 4 de septiembre de 1628 la joven Juana Lalana, de 16 años, fue violada salvajemente por nueve estudiantes universitarios a las afueras de la ciudad de Huesca, cerca de un molino al que había ido a moler dos sacos de trigo del dueño de la casa en la que trabajaba. Esta terrible historia, que ha documentada en un sumario y en unos textos de la época recuperados por el historiador oscense Carlos Garcés y publicados en la revista especializada Los Argensola, refiere que la agresiva manada de estudiantes violó, azotó y sujetó con fuerza a la menor y por turnos.

El propio historiador admite, que se sirvió del término «manada del siglo XVII» en su artículo debido a las coincidencias de este hecho con la conocida violación de una joven en las fiestas de San Fermín de Pamplona del 2016 por un grupo de cinco hombres que se autodenominaban «la manada».

La documentación oscense de los siglos XVI y XVII, época en la que la subordinación de la mujer al hombre era la expresión más común de las relaciones entre las personas, abunda en noticias de violaciones y agresiones sexuales, pero el caso de Juana Lalana es único.

Único, explica Garcés, no sólo por el hecho de que fuera una agresión grupal, sino porque puso de manifiesto las malas relaciones existentes entre las autoridades municipales y el Colegio de Santiago, un edificio adosado al Consistorio oscense, protegido por la Inquisición.

UNO DE LOS AGRESORES FUE CONDENADO A DESTIERRO

Tras bucear por todos los documentos disponibles, el historiador pudo constatar que cinco de los estudiantes fueron apresados en un asalto de agentes municipales a este colegio, que otro se libró por disfrutar de un beneficio eclesiástico y que los tres restantes fueron enjuiciados en ausencia. Entre los huidos se encontraba Raimundo Ribas, un joven de familia acomodada al que la joven Juana reconoció como el único que había conseguido consumar la violación y cuya sentencia fue de dos años de destierro de la ciudad.

La víctima sufrió la agresión  junto a un puente sobre el río Flumen y, según sus propias palabras ante el tribunal, fue tirada al suelo y agredida por varios estudiantes, que bebían y comían en La Granja, una explotación del Colegio de Santiago en la que estaban de fiesta. A pesar de que en su relato Juana destaca que Raimundo Ribas logró «quitarle la virginidad», unos testigos contaron que la joven fue agredida sexualmente, «con muy gran furia y cólera», por un grupo mayor de estudiantes, entre ellos los tres huidos.

El historiador destaca que los cinco jóvenes hechos presos en el Colegio de Santiago, que fue asaltado por las autoridades municipales ante la negativa de sus responsables a franquearles el paso, fueron encarcelados, aunque se desconoce si fueron sometidos a juicio y cuál fue su destino final. Respecto a los tres fugados, el juicio en ausencia se saldó con la única condena a dos años de destierro de Raimundo Ribas.

«La pena de destierro, en una época en la que no existían prisiones permanentes, era habitual en este tipo de procesos, y si tenemos en cuenta que Ribas, tras forzar a Juana, se dio de inmediato a la fuga, era una condena que ya había comenzado a cumplir», destaca el historiador.

CONFLICTOS CONTINUOS ENTRE LAS AUTORIDADES MUNICIPALES Y LA INQUISICIÓN

Garcés resalta en su artículo la preocupación existente en aquellos años por la reiteración de graves delitos por parte de jóvenes que estudiaban en Huesca, y los conflictos existentes de continuo entre el concejo de la ciudad, el Colegio de Santiago y la Inquisición. El motivo de estas diferencias, señala el historiador, era la exención jurisdiccional de la que disfrutaban los estudiantes, sólo dependientes de la Inquisición, que optó, tras el asalto del citado centro educativo, por la defensa de los colegiales.

Y así, tras la fuga de los principales responsables de la agresión, el apresamiento sin noticias de juicio de otros cinco y el tratamiento como intocable del último por disfrutar de «beneficios eclesiásticos», la violación de Juana Lalana quedó impune, resalta el historiador.

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