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DOBLES PAREJAS

Marina Fernández: «El protocolo es una herramienta de comunicación superpoderosa»

 

Marina Fernández. - JAIME GALINDO

Ignacio Martín Ignacio Martín
11/11/2019


La directora de Comunicación y Relaciones Institucionales de la Escuela Internacional de Protocolo pasó por el Patio de la Infanta de Zaragoza esta semana para hablar de etiquetas y formalidades. Al contrario de lo que se pueda pensar, explica que el protocolo no es nada rígido y que sigue vigente. «La mejor etiqueta es el buen humor», asegura esta gestora de vanidades.

—Empezó su 'Cine y protocolo' con la proyección de ‘La heredera’ de Wyler, con la gran Olivia de Havilland. Esos clásicos ya casi no se ven. ¿Por qué?
­—Es un bombón de película que muestra los últimos coletazos de la aristocracia de Manhattan en el siglo XIX. Era la última época de bailes maravillosos, grandes salones y anfitrionas históricas. Esa sociedad se despidió con la entrada del siglo XX, la Gran Depresión, las guerras...

—¿Ya no se pueden ver esas escenas tan protocolarias?
­—Sí, desde luego. El protocolo sigue absolutamente vigente en el siglo XXI, pero ha sufrido una evolución muy importante desde los tiempos que refleja la película hasta lo que ahora concebimos como protocolo, que es una herramienta de comunicación.

—¿También ha habido una evolución distinta para hombre y mujer?
­—Claro. El protocolo se basa en las costumbres y tradiciones de los pueblos. Conforme avanza la sociedad y estas cambian, el protocolo se adapta o desaparece.

—¿Cómo acaba una licenciada en Políticas en el protocolo?
­—Me especialicé en relaciones internacionales y, aunque mi familia sí había estado ligada al mundo del protocolo, nunca pensé que me iba a dedicar a esto. Fue en un trabajo en una embajada que no tenía nada que ver con esto cuando pude vivir de primera mano todo lo que se movía alrededor del embajador. Ahí vi que es mucho más interesante de lo que parece.

—¿Tienen sustantivo?
­—Es un gran debate. Para unos somos protocoleros, para otros protocolistas... Yo me quedo con profesional del protocolo.

—¿Podemos enmarcar con exactitud el protocolo de hoy?
­—El protocolo está en todas partes. No hay que pensar que no nos va a hacer falta porque no vamos a ir nunca a palacio a saludar al Rey. El protocolo está para ayudar, no para poner problemas. Mucha gente se asusta cuando le invitan a una fiesta de tiqueta, pero debe ser todo lo contrario. Cuando un anfitrión marca etiqueta en una fiesta es para ayudar a sus invitados. No hay nada más incómodo que presentarte en una fiesta en vaqueros y los demás vayan de gala.

—Decía antes que es una herramienta de comunicación.
­—Lo es, y superpoderosa. Nos permite lanzar o reforzar mensajes sin necesidad de pronunciar ni una sola palabra.

—¿Por ejemplo?
­—A través de las ordenaciones protocolarias, de quién está en el 1, quién en el 2 y quién en el 3. En el 1 debería estar el más importante, pero es posible que a ese número 1 le interese ceder esa posición a otra persona que quiere agasajar de alguna manera, por no decir hacer la pelota. Si el anfitrión cede su puesto ya está lanzando un mensaje, no necesita ni una sola palabra.

—También asusta a otros la etiqueta de comportamiento que deben ponerse en lugares a los que no suelen acudir.
­—A decir por favor, gracias o buenos días nos tienen que enseñar de pequeños. Eso no es protocolo. Que yo sepa que a un japonés no le puedo saludar con un apretón de manos o dos besos porque le puedo hacer sentir incómodo, eso sí cae dentro del protocolo internacional. La recomendación para no meter la pata en el ambiente profesional es estrechar la mano.

—¿Qué cuatro nociones básicas diría sobre el protocolo?
­—El protocolo está para ayudar, es una herramienta de comunicación, es una profesión moderna que lucha contra estereotipos y existe trabajo para quien se forma.

—¿La personalidad influye en los comportamientos protocolarios?
­—El carisma o la personalidad abierta es algo con lo que se nace y es muy difícil de trabajar. Pero el saber estar sí se aprende. Otra cosa es que se quiera. Si no, mire al señor Trump..., aunque a veces también se salta el protocolo para reforzar su estrategia política.

—¿Cuánto vale aquí una sonrisa?
­—Un mundo. Vale todo. Las sonrisas abren puertas y permiten que todo el mundo se relaje, que es el objetivo final del protocolo.

—¿Cuál es la mejor etiqueta?
­—El buen humor. Es imprescindible para la vida, pero también para el protocolo, que es una profesión muy dura. Decía Jordi Pujol que el profesional del protocolo es el gestor del ego y de la vanidad. Es un poco así, porque hay que tener mucha paciencia, mucha mano izquierda y sentido del humor.

—¿Choca el protocolo hoy en día con el feminismo?
­—El protocolo tiene que quitarse algo de lastre del machismo. Se nos ve como algo inflexible, rígico, de otra época. Es nuestra responsabilidad tratar de adaptarlo al 2019. Contrariamente a lo que se piensa, no hay nada más flexible que el protocolo. Si no fuera así, no habría aguantado el paso del tiempo.

—¿Es cierto que hay gente que pregunta a qué lado se pone el móvil en la mesa?
­—Es una pregunta recurrente cada vez que llega la Navidad. El móvil no debería estar en la mesa, pero si decimos que el protocolo se adapta a la sociedad, hay que considerar que el teléfono es hoy en día un elemento más en la generación digital, no lo puedes prohibir. Lo que propongo es pactar un momento en el que los teléfonos aparecen encima de la mesa, igual que puede ser el momento ‘salir a fumar’. El teléfono ha llegado para quedarse y el procolo lo tiene que incluir.

—¿No hay miedo al error?
­—El 99% de los errores de un evento surgen a raíz de una mala selección de los invitados. Es función del profesional aconsejar al anfitrión de la lista y cerciorarse de quién entra al evento y de que no se cuele nadie. Hace dos meses, en un eventazo en la casa Chanel se les coló una loca que se subió a la pasarela y empezó a desfilar.

—También hay profesionales de colarse...
­—Se llaman los gate crashers. Son la pesadilla de los organizadores. El pequeño Nicolás, por ejemplo. A Obama se le colaron dos en una recepción oficial, y le saludaron y todo. Imagínese, se les colaron al mismísimo servicio secreto de la Casa Blanca.

—¿Cómo ve el protocolo de esta tierra?
­—En Aragón existe uno de los mejores protocolos de España. Hay un grupo de profesionales en las instituciones públicas que han armado un grupo de trabajo único. Hacen que el protocolo en Aragón sea un ejemplo para muchos. Su manera de trabajar en grupo es la esencia de lo que debe ser el protocolo., en cuanto a entendimiento, organización, orden, flexibilidad... Es una gozada venir aquí.

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