+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario El Periódico de Aragón:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
   
 
 

Las nuevas calles de Zaragoza (10)

De la más dura batalla, a un icono industrial

 

Alberto SierraAlberto Sierra 09/03/2009

Se cumplen 20 años desde que una de las empresas más prolíferas de la industrialización aragonesa cerrase sus puertas. Siete décadas de productividad y beneficios no evitaron que en 1989 Maquinista y Fundiciones del Ebro pusiera fin a su actividad metalúrgica. La empresa tuvo su origen en un pequeño taller que en sus inicios, en 1911, no contaba con más de 11 trabajadores. Albert Bressel, el padre de Arturo, había llegado unos años antes a Zaragoza para trabajar en la Azucarera de Aragón. Muy pronto, la necesidad de crear una maquinaria más eficaz para la fabricación del azúcar llevó a este ingeniero alemán a crear su propio taller para construir herramientas que rentabilizaran la producción de este producto.

Albert Bressel puso las primeras piedras del proyecto, pero fue su hijo quien dio idea e impulsó la gran factoría en que años más tarde se convertiría. En 1939, Arturo asumió el cargo de director, pero su sello ya lo había dejado dos años antes, cuando en plena Guerra Civil construyó un refugio contra posibles ataques aéreos en el terreno de su propiedad con una capacidad para 250 personas. Al margen del espectacular crecimiento de la empresa, Arturo se distinguió por establecer un trato ejemplar a sus más de 500 trabajadores. La fabricaba albergaba una consulta médica que atendía a casi 2.000 personas. La cultura tampoco era descuidada. Una gran biblioteca fue puesta a disposición de los trabajadores.

La importancia que Maquinista y Fundiciones del Ebro adquirió en la economía aragonesa de la mano de Arturo Bressel ha sido reconocida por el Ayuntamiento de Zaragoza, que otorgará su nombre a una calle de la ciudad. Su nieto, también llamado Arturo, espera con ilusión el momento en que la placa con el nombre de su abuelo sustituya a la actual calle Batalla del Ebro, en el barrio del Picarral. Él mismo solicitó hace un año al consistorio que se reconociera la labor de su abuelo."Me parecía correcto que tuviera una calle cerca de donde estaban los terrenos de la empresa en la Avenida Cataluña, porque mucha gente de la zona trabajó allí", explica el nieto del industrial, aunque, una vez visitado el lugar, asegura que le hubiese gustado una calle más cercana a los terrenos de la antigua fundición.

La todavía denominada calle Batalla del Ebro albergá un cojunto de edificios conocidos en épocas pasadas como el Grupo Francisco Franco. Sus vecinos acogen el cambio con una "indiferencia" absoluta. El nombre de Arturo Bressel no les es conocido. No es así para Jesús Lucea, que no reside en la misma barriada, pero que sí recuerda el nombre del industrial. Su padre fue uno de los trabajadores de la fábrica. "Para mí está muy bien que le hagan este reconocimiento. Mi padre trabajó allí y siempre recordó aquellos años positivamente".

Calle Arturo Bressel

1989-1975. Arturo Bressel aprovechó para impulsar y magnificar un pequeño taller en una gran empresa metalúrgica. Se trataba de Maquinista y Fundición del Ebro. En 1959 el Ministerio de Trabajo le concedió la medalla al Mérito en el Trabajo. Fue presidente de la Feria de Muestras y de la Cámara de Comercio e Industria de Zaragoza.

Hoy se llama: calle Batalla del Ebro

La batalla del Ebro es recordada en los libros de historia por ser la más larga y duradera de la Guerra Civil. Tuvo lugar, en 1938, al oeste de la línea del río Ebro, entre las ciudades de Tarragona y Mequinenza. Los cuatro meses de disputa significaron el fin de la guerra en Aragón, con 1.626 prisioneros republicanos.