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Sala de máquinas

Los peatones de Rajoy y el ciudadano Rivera

 

Juan Bolea Juan Bolea
19/01/2018

El laboratorio político catalán se está convirtiendo en una verdadera fábrica de monstruos. Menos mal que, por lo menos, no acaban de apoderarse de una convivencia que los ciudadanos sensatos, los constitucionalistas, se esfuerzan heroicamente en mantener. Pero ahí siguen, elección tras elección, escándalo tras escándalo, la sinrazón y el adoctrinamiento, generando híbridos, rarezas, abusos, amenazas...

Sin embargo, el último disparate no ha venido desde las filas indepes, sino desde las muy españolas líneas de Ciudadanos.

El partido vencedor en las últimas autonómicas no se ha portado con la magnanimidad característica de los grandes espíritus después de obtener una victoria, negando al Partido Popular la aportación de un diputado imprescindible para formar grupo parlamentario. De ese modo, Inés Arrimadas condena a Albiol a sentarse en el grupo mixto, privándole de todo protagonismo, de comisiones y cónclaves, reduciéndole a la condición de mero espectador y asumiendo en su integridad Cs la jefatura de la oposición.

Uno, en su ingenuidad, creía, pues así ellos mismo lo habían comunicado, que Mariano Rajoy y Albert Rivera eran cómplices, aliados, leales colaboradores de un proyecto político coincidente en líneas generales. Si de verdad era o fuese así, ¿cómo o por qué Rivera, a la primera de cambio, al primer favor que Rajoy le ha pedido, le niega el pan y la sal de un grupo parlamentario, lo ningunea e ignora?

Podemos fácilmente imaginar que el propio Rajoy o a alguno de los suyos, ese dechado de sutileza que es Rafael Hernando, esa gran faraona en que ha devenido Soraya se habrán dirigido al ciudadano Albert en demanda de ayuda en el Parlamento catalán. ¿Con qué argumentos se habrá negado Rivera a colaborar? ¿Y qué más se habrán dicho en esas conversaciones? ¿Llegará la sangre al río, se finiquitará el pacto PP-Cs?

Pero, ¿había pacto? Si de Alemania hablásemos, un país serio, no dudaríamos de la solidez de una coalición entre partidos, pero en esta España nuestra nadie firma nada y cuando se rubrica se incumple. Lo mismo pasa en Aragón, con sus presuntos pactos, apenas pasajeras compañías en los trenes del poder, a expensas de cualquier estación donde convenga bajarse.

Rajoy y Rivera, PP y Cs hablan en lenguaje distinto.

¿Podrían dejar de hablarse?

Diez mil días informando

Suplemento especial del 3 de junio de 2018 con motivo del número 10.000 de El Periódico de Aragón.

   
3 Comentarios
03

Por Proskrito 17:36 - 19.01.2018

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¡ Vamos, adelante señor Bolea ! , cada vez le queda menos para ser el nuevo vargasllosa del ciudadanismo que representa C's ( claro, que otra cosa podría ser ) que reclama grandes intelectuales. . .

02

Por Don Minervo 10:00 - 19.01.2018

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Muy bien Bolea. Los ciudadanos catalanes que no son constitucionalistas no son sensatos según usted, Supongo que usted se considerará el más sensato entre los sensatos, no hay más que leer sus artículos catalanofóbicos para apreciar su sensatez. Usted no es feliz señor Bolea, tanto odio no puede ser bueno y lo peor de su odio es que intenta contagiarlo a los demás o lo que es lo mismo adoctrinar, No pasa usted de ser un mal predicador al que solo le leemos cuatro gatos.

01

Por Esloquehay 9:43 - 19.01.2018

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Verá Bolea, dependiendo de lo que haga Cs, el gallego le hará la 4 14, que se le da mejor que limpiar el partido. Todo el denuedo que Rajoy no ha puesto en pulirse a medio PP lo pone en la estrategia de desgaste inmisericorde a sus rivales. Si Cs apoya los presupuestos, aquí paz y después gloria: Rajoy consigue tiempo para adormecer casos de corrupción y amortiguarlo con la gestión económica (que para variar, es mucho mejor que las alternativas). Y si no hay presupuestos, elecciones en 2019. Junto a las locales y autonómicas, donde Cs muestra sus mayores carencias. Cierto que el votante de Cs es el más desideologizado de los demás partidos, capaz de votar tres opciones en tres papeletas, pero eso también implica reconocer que no tiene suelo electoral... Como UPyD. PSOE y PP siempre tendrán sus férreos incondicionales. Podemos tiene la vieja guardia antisistema (¿retendrá al resto, conforme se hagan mayores, o acabarán como los jovencitos de antes, votando a lo seguro?). Rivera tiene el descontento de los moderados. O sorpasa, o se hunde, con el tiempo no hay término medio cuando tu votante es pragmático y no idealista. Y sigue sin tener imagen de saber gestionar una administración. Cómo a Podemos, dependen de los errores ajenos y ese es poco bagaje.