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OCURRIÓ EN UN BAR DE MONZÓN

A prisión por patear a su esposa y dejarla sin olfato durante una pelea

El hombre, de 55 años, admitió los hechos ante la Audiencia de Huesca. No podrá acercarse a la víctima durante 9 años y tendrá que pagarle 57.903,58 €

 

A prisión por patear a su esposa y dejarla sin olfato durante una pelea -

L. M. G.
02/04/2019

La Audiencia de Huesca ha impuesto cuatro años de prisión al vecino de Monzón Iulian Militaru, de 55 años y de origen rumano, por la patada que le propinó en su rostro a su esposa, en mayo del 2017, y que le dejó varias secuelas como una pérdida del olfato irreversible o daños maxilofaciales. Los magistrados han rebajado la pena al aplicar la atenuante de confesión, pero han rechazado las de arrebato u obcecación. Inicialmente, este hombre defendido por el abogado Alejandro Giménez se enfrentaba a 11 años de prisión.

Junto a dicha pena, el tribunal provincial impone al acusado la prohibición, durante nueve años, de aproximarse a su esposa a menos de 500 metros y comunicarse con ella por cualquier medio. Asimismo, deberá indemnizarla con 57.903,58 euros. Cuando termine la condena en prisión tendrá que estar en libertad vigilada durante cinco años.

Los hechos por los que ha sido condenado se remontan al 14 de mayo de hace dos años cuando la mujer se presentó en el bar que ambos regentaban, después de haber leído los diversos mensajes que su marido le había enviado poco antes a través de WhatsApp, en los que él le hacía saber las elevadas cantidades de dinero que se había gastado esa noche en máquinas recreativas, iniciándose una agria discusión entre ambos. En el transcurso de la misma, el procesado tiró de la coleta de su esposa, haciendo que esta cayera al suelo, y a continuación le propinó una patada en la cara. La víctima comenzó a sangrar, pese a lo cual logró levantarse y marcharse a su casa al tiempo que el procesado recogía con una fregona la sangre del suelo sin interesarse por el estado de su esposa.

La mujer pudo llegar a su domicilio, en el que también residía su hija, entonces menor de edad, que la acompañó al centro de salud de Monzón, desde el cual, a la vista de las lesiones que presentaba, fue derivada al hospital de Barbastro y de ese al Miguel Servet de Zaragoza.

   
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