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SISTEMA DE REHABILITACIÓN DE MUJERES MALTRATADAS EN ZARAGOZA

Psicólogos caninos

Tres mujeres víctimas de la violencia machista participan en un proyecto que emplea perros para devolverles la autoestima

 

Una instructora da órdenes a un perro usado en la terapia, ayer, en la Diputación de Zaragoza. - JAIME GALINDO

F. V.
23/02/2021

Un perro, debidamente adiestrado, puede ser de gran ayuda para la mujer que ha sufrido malos tratos, tanto en el plano emocional como en el social. Por ello la Diputación Provincial de Zaragoza (DPZ) y la asociación Escán han puesto en marcha un proyecto piloto, dotado con 12.000 euros, que busca favorecer la rehabilitación de las víctimas y del que ya se están beneficiando tres mujeres en la actualidad.

«Se trata de trabajar la terapia emocional con las mujeres que sufren violencia machista», señala Pilar Mustieles, diputada delegada de Igualdad, en la presentación de la actividad esta mañana. «La mujer tiene que empoderarse y perder el miedo a quedarse aislada en su zona de confort, donde se sienten más protegidas», añade. El perro, explica, «les hace salir al exterior, perder el miedo e incluso las ayuda en la inserción labora».

Enrique Cruz Simón, coordinador del proyecto, indica que el proyecto se dirige a la recuperación psicológica y anímica y que, en una segunda fase, aborda el aspecto laboral y la violencia de género económica.

Terapia, no protección

En el caso de Aragón, donde es el primer abordaje de este tipo que se realiza, se va a incidir sobre la baja estima y la dependencia emocional, creencias erróneas y estereotipos. «Los perros nos permiten empezar a trabajar sobre el miedo que ellas sienten», comenta. Y precisa que el proyecto se centra en la terapia, «no en la protección».

El objetivo es que la mujer que ha sido maltratada tome el control de su vida, para lo que se actúa en grupo, con el fin de permitir el intercambio de experiencias. Se pasa después a una segunda fase, relacionada con la vida laboral y la independencia económica, pues «Escán es un proyecto integral», en palabras de Cruz. Esto implica a su vez tener en cuenta a los menores, algo que se ve favorecido por los cuidados y atenciones que recibe el perro.

El vínculo entre el animal y la familia, apunta Cruz, «es para toda la vida». Se actúa paso a paso, empezando por un proceso de adiestramiento que dura tres meses. Escán valora a los perros y a las beneficiarias del proceso, teniendo en cuenta las características del animal y el tipo de familia del que se trate, si tiene hijos o no. En cuanto al perro, puede ser de muchas razas. «Se eligen perros estables, que no sean cobardes y que sean fácilmente socializables», precisa el responsable de Escán.

"Gracias al perro he salido de casa por primera vez"

«El perro es un apoyo para la víctima en su proceso de recuperación psicosocial», manifiesta María Val Barrera, psicóloga del proyecto Escán. «Un animal tiene mucho potencial pero la psicóloga tiene que acompañar a la mujer en el proceso de recuperación psicológica, en campos como la autoestima, el miedo, los roles de género o la comunicación…, de forma que el método se ajusta a cada persona concreta». «Un perro abre una ilusión, un nuevo camino que sirve para la prevención del aislamiento y para la autoestima», recalca.

«El perro ha sido fantástico», asegura María A., una de las beneficiarias del proyecto Escán, que tiene un pastor alemán desde hace tres meses. «Gracias al perro he salido de casa por primera vez y también me ha ayudado mucho conocer a la psicóloga después de tantas pastillas y psiquiatras», manifiesta. Su progreso, afirma, ha sido «espectacular» y ha dejado de medicarse.

María A. vive con dos hijas en una zona rural un tanto aislada y el perro les infunde «tranquilidad», al tiempo que crea una serie de obligaciones, desde alimentarlo a pasearlo, que hacen la vida «más agradable».

Recuperar la ilusión

María B., otra mujer que ha sufrido malos tratos y participa en el proyecto, subraya que ahora, con un perro en el hogar, ella y sus hijos han «recuperado la ilusión». «Ha sido como un soplo de aire fresco, pues he pasado de no salir por miedo a vivir con normalidad», comenta.

«La perra es nuestra superheroína de cuatro patas, nos ha ayudado a sentirnos bien y a desconectar después de muchos años de sufrimiento», dice. «Mi hijo pequeño no quería hablar, no quería nada con desconocidos y ahora, en cambio, corretea con la perra y se relaciona más en el colegio», añade. «Nos estamos haciendo fuertes y estamos recuperando nuestra autoestima», resume.  

 

 
 
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