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TURISMO

La Sierra de Guara: 'La meca' para el barranquismo en familia

La singularidad de sus cañones atrae cada año a miles de personas de toda Europa

 

Un barranquista, en plena actividad. -

MARTA SALGUERO (EFE)
13/08/2019

El barranquismo ha pasado de ser una práctica reservada a montañeros y espeleólogos a ser una actividad de ocio apta para toda la familia, con la que se descubren paisajes ocultos siguiendo el camino del agua.

Este deporte cada vez tiene más adeptos. La Sierra de Guara en Huesca, conocida en Europa como la "meca" del barranquismo por la cantidad y singularidad de sus cañones, atrae al año a cientos de aficionados.

Allí el turismo de naturaleza se ha convertido en uno de los motores económicos de la región, donde operan cerca de treinta empresas que ofertan actividades para todos los públicos.

Mucho antes, en la década de los setenta, espeleólogos franceses descubrieron estos cauces en un territorio desconocido y poco cartografiado, y popularizaron un deporte que, aunque ha ganado en seguridad, sigue siendo de riesgo. El último accidente ocurrido fue el pasado lunes, cuando un senderista francés, de 57 años, falleció al precipitarse por una senda del acceso al barranco de la Peonera en Bierge.

Siguiendo los cauces de los ríos de la sierra de Guara, erosionados por la fuerza del agua, aparecen pasillos estrechos; cavidades y cuevas; paredes verticales; pozas de aguas cristalinas; cascadas y formaciones rocosas..., en resumen, un paisaje natural que asombra a todo el que se sumerge en él.

Esto es así porque el interior de un cañón no se parece nada a lo que se ve desde fuera. "No tiene nada que ver... la gente se asombra mucho y repite la experiencia", apunta a Efe José Luis Uguet, guía de una de las empresas que operan en Alquézar.

En la Sierra de Guara hay cerca de cien barrancos, veinte de los cuales son aptos para descender entre primavera y verano. Durante estos meses del año se concentra la demanda de aficionados, muchos de ellos franceses.

Las empresas del sector coinciden en que prácticamente el 80 por ciento de sus clientes proceden del país vecino. No obstante, Eduardo Recio, guía de barrancos desde hace 15 años, asegura que desde el año pasado ha bajado la demanda de este tipo de actividad. "Ya no tenemos los atascos en las entradas de los barrancos que veíamos hace dos años, vienen menos franceses y eso se ha notado", señala.

En cambio, cada vez hay más familias con niños que apuestan por este tipo de actividad en la naturaleza. Las empresas, que aportan todo el material necesario, la han convertido en una práctica segura.

La mejor época para adentrarse en los cañones es en primavera y verano, aunque es difícil predecirlo con exactitud, porque está sujeto a la meteorología y, sobre todo, a las precipitaciones caídas ese año. "No se puede predecir nunca cómo estarán los cañones al año que viene", explica Fina Cortés, quien lleva en este sector desde hace treinta años en la zona de Rodellar.

Este año, precisa, ha faltado agua a diferencia de lo que ocurrió en 2018, cuando hubo un exceso de caudal que retrasó a junio el inicio de la actividad.

En Rodellar, los barrancos de Gorgas Negras y Mascún superior son los cañones "estrella", pero también los más exigentes con un descenso que se prolonga entre 9 y 10 horas, por lo que se requiere una "resistencia física importante".

Pero en esta zona hay también excursiones sencillas para familias como el Petit Mascún, que combina rápel con descensos hasta llegar al puente románico de Pedruel situado sobre el río Alcandre.

El barranco del Formiga, la Peonera, los Oscuros de Balced o el Río Vero son los más populares en la sierra de Guara y los más adecuados para descender un cañon por primera vez.