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40 aniversario del incendio más grave en la capital aragonesa

La tragedia que blindó Zaragoza

El fuego del hotel Corona, con 78 muertos y 64 heridos, revolucionó las medidas de seguridad

 

Los bomberos tuvieron que saltar entre balcones para evacuar a las víctimas. - SERVICIO ESPECIAL

F. MANTECÓN / M. DÍAZ
12/07/2019

Hoy se cumplen 40 años del peor incendio que ha sufrido Zaragoza en su historia reciente, el del hotel Corona, que dejó 78 fallecidos y 64 heridos y conmocionó a toda España. Un fuego iniciado en la cafetería Formigal que rápidamente se propagó por todos los canales y materiales posibles, en un establecimiento que no contaba con ningún tipo de medidas de prevención. Como todos los de aquella época. Si algo bueno salió de la tragedia, aparte de muestras de valor y colaboración por parte de la ciudad entera, fue la revolución del cuerpo de bomberos y de la normativa urbanística que colocó a la capital aragonesa a la vanguardia de la seguridad.

A la semana siguiente del trágico suceso, el alcalde Ramón Sainz de Varanda traspuso las incipientes ordenanzas urbanísticas de Madrid y Barcelona a la ciudad, y al año, Zaragoza contaba con la normativa más exigente de España. Cuestiones como la inspección por parte de Bomberos de todos los edificios públicos, la sectorización para evitar la propagación del fuego, el uso de materiales resistentes a las llamas o que no generen humos tóxicos o las vías de evacuación, que hoy parecen naturales, fueron implementadas entonces.

No menos importante fue el cambio en los bomberos, que de un parque con dos escaleras y un brazo articulado pasó, en cuatro años, a ser referencia nacional, con una red de parques, abundante material y una formación que les hizo ser campeones de Europa de maniobras profesionales en 1985 y 1989.

Todo ello, eso sí, a costa del peor mazazo que sufrió Zaragoza en el siglo XX, iniciado por el recalentamiento de los 20 litros de aceite de una máquina de hacer churros, que prendió sin que los empleados que se encontraban cerca pudiesen hacerse con el fuego. Fue a las 8 y cuarto de la mañana cuando las llamas surgieron de la churrera. Tras el intento, sin éxito, de apagarlas con extintores, se extendieron con rapidez. Una circunstancia nefasta en un hotel prácticamente lleno.

En total, aquel día se encontraban 230 personas en el Corona de Aragón y 190 de sus habitaciones estaban ocupadas.

Muchas de las estancias estaban contratadas por militares y sus familiares, que llegaban a Zaragoza con motivo de la entrega despachos en la Academia General Militar. La viuda de Franco, Carmen Polo, sus dos hijos y el general Alfonso Armada eran algunos de los huéspedes.

Estas personalidades se libraron de la muerte en el hotel, pero no los casi 80 fallecidos, la mayoría por la inhalación de monóxido de carbono o por arrojarse al vacío al tratar de huir del fuego. En esta trágica fecha, los bomberos llegaron solo 2 minutos después de recibir el aviso y salvaron numerosas vidas, un trabajo heróico extensible a otros profesionales como guardias civiles, personal sanitario o policías. También muchos voluntarios que se prestaron a auxiliar a las víctimas. Uno de ellos fue el electricista del hospital Provincial Manuel Tomé, quien rescató a once personas. Con esta labor puso en riesgo su propia vida pero, afortunadamente, solo le produjo algunas lesiones leves.

En total, fueron 160 los bomberos movilizados, prácticamente toda la plantilla de la que, por aquel entonces, disponía la capital aragonesa. Muchos sufrieron intoxicaciones durante este servicio y uno de ellos resultó gravemente herido cuando cayó de la escalera mientras trataba de evacuar a una víctima en la segunda planta.

«Había una evidente falta de medios. Bomberos solo tenía una escala con camión y no sé si llegaron a sacar otra de madera sobre un camión Magirus muy antigua. Para rescatar a la gente improvisaron dos grandes grúas con plataformas para subir materiales, o colocando escaleras de mano», recuerda el periodista que cubrió el incendio Luis Granell.

HOMENAJE 

Sus recuerdos sobre las deficiencias en esta época también se hacen extensibles a las propias instalaciones del hotel, puesto que, añade, muy pocos las escaleras de emergencia, dispositivos que «casi nadie» sabía de su existencia en el hotel. «En aquella epoca la legislación no lo tenía previsto. Ahora te exigen luces autonómas y otras cuestiones, igual que el parque de Bomberos estaba infradotado y después pasó a convertirse en uno excelente», concluye Granell. Cuatro décadas de un incendio que cambió la forma de entender la seguridad, tanto en su prevención como en su intervención. Mañana, la ciudad recordará a las víctimas. Será en el jardín dedicado a las mismas en la avenida José Atarés y acudirán personalidades como el alcalde, Jorge Azcón, para rendir homenaje a los que allí murieron.

   
3 Comentarios
03

Por JC1 15:09 - 12.07.2019

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No solo se desplazaron desde la base USA unidades de tierra con bien dotados vehículos de bomberos (efectivamente con personal autóctono) como muy bien dice utebo68, también lo hicieron desde el aire rescatando con helicópteros (personal americano) a las personas que huyendo de las llamas y sobre todo del humo se habían refugiado en la azotea del edificio a donde no llegaban las escaleras de los bomberos. El problema fue que el viento originado por el movimiento de las aspas hizo volar por los aires toda la documentación en papel de las oficinas de hotel situadas en dicha azotea y avivaron el fuego que subía de forma latente por las conducciones verticales del edificio, provocando unas ostensibles llamaradas en todo lo alto del hotel.

02

Por utebo68 13:36 - 12.07.2019

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Despues de leer todo el articulo y ver las loas recibidas ( y sobre todo,merecidas) de los cuerpos de Bomberos de Zaragoza,los voluntarios y demas personas relacionadas,veo una ausencia muy relevante e importante y que seguramente sin ellos,aun hubiera mas victimas en la lista.Me refiero a los bomberos de la USAF,que aunque su nombre indique que eran los " americanos",el personal operativo,eran todos zaragozanos.Si no tecuerdo mal,eran los unicos que tenian medios y personal,para aquellos tiempos,un poco mas cualificados para esas emergencias.No es ninguna critica al articulo pero si un mero recordatorio tambien de su trabajo.

01

Por JC1 11:38 - 12.07.2019

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Fue mi madre quien dijo: “huele a quemado” y efectivamente al abrir la ventana vimos como se alzaba una densa nube tapando los edificios. La radio no decía nada todavía. Cuando ya salía de casa dijeron que había fuego el Corona. Pase delante del parque de bomberos vacio y con todas sus puertas abiertas y llegué a al acceso trasero de servicio del hotel en Ramón y Cajal. Ya no había fuego en la planta baja y el semisótano que habían ardido totalmente provocando la gran humareda inicial. Entonces ya estaban totalmente arrasados y no había ya nada que pudiera arder allí. El fuego estaba subiendo a las plantas superiores. Me llamó la atención un fuerte contingente de guardáis civiles del cercano acuartelamiento del El Carmen que estaban desplegados armados con subfusiles Z-70B. Curiosos utensilios para apagar un fuego o socorrer a las víctimas, me dije a mi mismo, ignorante de quienes eran los huéspedes del hotel que originaron semejante operativo armado. Entonces salió un bombero del interior del edificio dando trompicones y cayéndole el casco, gritando desesperado: “se están tirando por los balcones”. Encima de la puerta trasera por donde salió, colgaba de la ventana unos pisos más arriba, con medio cuerpo fuera, el cadáver de una empleada del hotel vestida con bata. Recogí al bombero y con ayuda de otra persona atravesamos la calle y lo llevamos al hospital provincial para que pudiera ser atendido. En la sala de curas, apenas tapado con un colchón había otro cadáver. Dantesco espectáculo, producto de la freidura de churros para el desayuno, cosa que se supo desde el principio. Incluso mi padre habló con el cocinero. Pero posteriormente se ha pretendido por parte de algunos manipular interesadamente los hechos y atribuirlos falsamente a un inexistente atentado que nunca tuvo lugar.