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SUCESOS EN ZARAGOZA

Una trifulca por la música de un bar de Zaragoza lleva al banquillo a policías y clientes

La dueña y tres usuarios afrontan 3 años de prisión por agredir a los agentes / Los miembros de la UAPO se enfrentan a cuatro años de prisión que pide la acusación

 

33 La dueña del bar, los clientes y varios agentes de la UAPO, en el banquillo de los acusados de Zaragoza. - ÁNGEL DE CASTRO

L. M. G.
22/02/2021

La trifulca que se montó en la noche de Reyes del 2019 en el bar Corisco Paradise, en la calle Sevilla de la capital aragonesa, llevó ayer al banquillo de la Audiencia de Zaragoza a la dueña del establecimiento, a tres clientes y a cuatro miembros de la Unidad de Apoyo Operativo (UAPO) de la Policía Local. Un quinto implicado, un menor que fue detenido, ya fue condenado por agredir con una botella a uno de los agentes.

Todo se inició en un control de decibelios en un bar frecuentado por personas de origen sudafricano, pero coincidió en el tiempo con la muerte de un mantero en el barrio madrileño de Lavapiés. Las versiones de ambas partes fueron diametralmente opuestas. Mientras los agentes describieron la hostilidad que sufrieron con insultos y agresiones, la dueña del local y los tres clientes aseguraron que fue todo lo contrario. Eso sí, solo los agentes pudieron identificar a quienes atentaron contra ellos, ya que los otros encausados reconocieron que no y lo achacaron «a que iban uniformados». Varios iban de paisano.

La hostelera Montserrat M. N. se mostró visiblemente enfadada con la actuación policial. «Llamé a mi gestor porque no estaba de acuerdo con ese informe de que tenía la música alta, me dijo que no firmara y los policías me dijeron que sino firmaban por mí», recordó a la vez que incidió en la desproporcionalidad posterior, ya que un agente empezó a romper la vajilla con su porra y a desalojar el bar, a la vez que «agredieron a varios clientes».

«Tuve que gritar que estaba embarazada de 12 semanas porque me estaban apaleando en el suelo», señaló esta mujer, quien negó haberse abalanzado sobre un policía y haberle pegado. «Ellos eran dos, cómo voy a hacer eso cuando sé lo que significa pegar a un policía en España», insistió. Sus compañeros de banquillo y clientes declararon en el mismo sentido.  «Ninguno pusimos resistencia, llegaron y preguntaron qué hacíamos ahí y que les diéramos la documentación», añadió Pelagio M. N., quien reconoció que no pudo ver nada por la iluminación del local. Ezequiel N. M., por su parte, afirmó que solo se acordaba de estar en el suelo «y que le golpearan». «No hubo ningún forcejeo», insistió.

La Fiscalía solo acusa a la propietaria y los clientes, para los que pide penas de un año de cárcel y multas por lesiones leves, penas que la acusación particular, a cargo del abogado José Cabrejas, eleva a tres años de prisión para cada uno de ellos.

Según mantuvieron los agentes, la dueña accedió a apagar la música pero de un modo «desafiante» y «generando una actitud hostil» hacia ellos. Su comportamiento motivó que el resto increparan y rodearan a los agentes y se produjeran forcejeos, empujones y uno de los acusados tiró de un manotazo la carpeta de un funcionario, mientras la propietaria sacaba el móvil y empezaba a grabar. El agente le pidió que saliera de la barra, ella se negó, le pegó un puñetazo y le arañó. Un relato de hechos en el que coincidieron todos los miembros de la UAPO, destacando dos de ellos que Montserrat M. N. llegó a tirar al suelo a uno de los agentes, tras cogerlo del cuello. Asimismo, explicaron que el agente que tiró todos los vasos de la barra al suelo con la porra lo hizo porque estos objetos podían haber servido como armas arrojadizas en una situación de gran tensión.

Pese a ello, estos funcionarios se sentaron en el banquillo y afrontan cuatro años de cárcel que pide la letrada Bella Sánchez. Les acusa de los delitos de lesiones y de usurpación de estado civil.

El juicio continúa este martes con la declaración de los testigos que deberán aclarar un relato de hechos muy diferente según quien lo cuente.