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VALLE DEL JILOCA

Los vecinos urgen completar las restituciones de la obra del embalse de Lechago

La presa está acabada pero no se ha hecho el parque lineal acordado

 

El embalse se encuentra al 50% de su capacidad, pues aún faltan pruebas de carga. - F. V.

F. V.
01/12/2019

La presa de Lechago, en la comarca del Valle del Jiloca, lleva varios años terminada, pero el pueblo que le da nombre, una pedanía de Calamocha con medio centenar de habitantes, denuncia que no se ha llevado a cabo la totalidad del plan de restitución que acompañaba el proyecto.

«Esto es una tomadura de pelo», protesta Pedro Roche, responsable de la Sociedad de Amigos de Lechago. «Van pasando los años, los trabajos han concluido, pero no se ha hecho todavía la principal obra que se nos prometió: un parque lineal en el cauce de la rambla que corre paralela al pueblo», explica.

Estas obras, valoradas en 1,9 millones de euros, contemplan además la creación de una serie de balsas a las afueras de la localidad y la habilitación de una zona de recreo, dos atractivos que irían bien para la captación de visitantes.

Los vecinos han reclamado muchas veces ante la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) para que cumpla su parte del acuerdo, ya que ellos perdieron sus mejores tierras cultivables de las riberas del río Pancrudo.

«Primero argumentaron que en plena crisis no había fondos y luego los presidentes se han ido sucediendo al frente de la institución, de forma que nos encontramos con que no se ha hecho caso de nuestras peticiones», asegura Roche.

SIN PARTIDA PRESUPUESTARIA

El proyecto del parque lineal está en los cajones del Ministerio de Medio Ambiente, en Madrid, pero la cuestión es que no se pone en marcha «porque le falta la correspondiente partida presupuestaria», informa el presidente de la Sociedad de Amigos de Lechago.

Esta falta de inversiones está perjudicando a la pedanía, manifiesta Roche, que denuncia que la carretera de acceso, que parte de la N-234, «está llena de baches profundos». «Hicieron una vía nueva, pero pusieron una capa de asfalto tan fina que se ha deteriorado enseguida», afirma.

Sin embargo, es innegable que Lechago, que está a un tiro de piedra de la A-23 o autovía Mudéjar, ha mejorado sustancialmente durante los últimos años. Por ejemplo, se han pavimentado las calles con unas losas de piedra que resaltan su aspecto rústico, y la mayoría de las casas lucen una capa nueva de pintura en sus fachadas. Además, se ha rehabilitado una ermita situada en las cercanías del núcleo y se ha abierto una pintoresca casa rural en la antigua vivienda del médico.

Todas estas mejoras, sostiene Roche, «eran muy necesarias». El pueblo, como casi todo Teruel, ha perdido habitantes sin parar desde hace varias décadas. Pero, en su caso, la permanente amenaza de la construcción de un embalse, un proyecto que data de 1913, ha pesado como una losa sobre su desarrollo.

En los más de cien años transcurridos desde que se decidió embalsar el río Pancrudo para regar las tierras comprendidas entre Daroca y Calatayud, en la ribera del Jiloca, el plan ha pasado por todo tipo de vicisitudes. Se llegó a olvidar y se retomó más tarde, pero con continuas variaciones en la capacidad del pantano y en su ubicación. «Uno de los planes incluía la inundación de Lechago, pero felizmente se dejó de lado», indica el responsable de la entidad lechaguina, que lleva años batallando para que el pueblo no caiga en el abandono por parte de las administraciones.

Ahora, la localidad está pidiendo al Gobierno de Aragón que convierta en bien de interés cultural (BIC) la torre mudéjar de su iglesia. Es, como dice Pedro Roche, una forma de demostrar que Lechago sigue vivo y que cree en el futuro.