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«Con las casas rurales se ha reafirmado la autoestima de los pobladores al ver que los de la ciudad valoran sus pueblos»

 

Jesús Marco, presidente de Faratur, es propietario de una casa rural en San Martín del Río, en la comarca de Calamocha.FOTOGRAFÍA: CHUS MARCHADOR -

JESÚS MARCO
27/07/2020

¿Cuándo se abrió el primer establecimiento rural en Aragón?

En los años 60 y 70 ya se practicaba un turismo que era vivir en una casa de pueblo y se llamaba «vacaciones en casas de labranza». Empezó en la zona de la Sierra de Albarracín y había gente que alquilaba su casa a visitantes y ellos, los propietarios, se iban a dormir al pajar. Los visitantes pagaban el alojamiento pero además se identificaban con el tema agrícola y acompañaban a los señores de la casa en sus labores agrícolas, o también iban a hacer su vida a las fuentes, a los ríos, etc. A principio de los años 80, el Ministerio de Agricultura, a través de las Agencias de Extensión Agraria que había en las comarcas intentó formalizarlo. Creo que en 1984 se instaló ya la primera casa de turismo rural regulada en la zona del Maestrazgo, y a la par nacieron también las primeras en el valle de Benasque.

¿Cómo eran esas casas ?

Eran muy primarias, tenían el baño compartido con los dueños, te preparaban el desayuno, las comidas y todo sin tener que ir a otro sitio. Era todo muy barato y la gente repetía de año en año, también en Navidad, y se convertían en alguien más de la familia. Pagaban alguna cantidad por decir que pagaban pero...

¿Pero no estaba regulado?

Más que regulado estaba apoyado. No había una regulación como tal en sus inicios. La primera regulación del turismo rural llegó a finales de los 80 y principios de los 90.

¿Se vio que el negocio necesitaba una regulación?

Bueno, estamos hablando de que en Aragón en los 90 no llegábamos ni a 100 casas rurales. Nuestro gran empuje fue el proyecto Leader 1, en 1991. Ahí se iniciaron las ayudas para el turismo rural y ahí empezó a regularse todo. Yo mismo me acogí y mi casa se abrió en esa época, en 1993.

¿Qué llevaba a la gente a abrir su casa a los turistas?

A finales de los 80 estábamos en una España rural muy empobrecida. Todavía no existía la PAC, que nació en los años 90, y hacía falta ayudas para el mundo rural. La gente necesitaba un complemento de renta para poder estar en los pueblos, para quedarse. El poco trabajo que había en el medio rural no era de mano de obra femenina y una de las cosas que podían hacer en ese momento era arreglar una casa, atender a los que venían.... Todos hicimos un cursos gracias al Gobierno de Aragón y sobre todo a los proyectos Leader. Nos enseñaron protocolos de cómo debía estar la casa, cómo atender a la gente, etc. El turismo rural poco a poco fue evolucionando en las características del servicio que dábamos, en la normativa, etc.

¿Cree que se ha perdido la esencia de esas primeras casas?

No, se han profesionalizado. Ahora en el turismo rural hay auténticos profesionales y hay muchos que ya no están en el mundo agrícola y ganadero y que tienen tiendas, son banqueros, incluso médicos. También algunos que trabajan en algún otro de los pocos empleos que tiene el medio rural. Hay gente que no puede ofertar actividades agrarias, ganaderas o de artesanía que es lo que últimamente se ofrece a los clientes en estos alojamientos.

¿Hay propietarios exclusivamente de alojamientos rurales como primera actividad?

Muy poquitos. En Aragón no llegamos al 15% de profesionales que exclusivamente se dediquen al turismo rural. Todos suelen tener otro tipo de profesión o ingreso y en la mayoría de casos el turismo rural incide bastante en su renta. Hay algunos profesionales para los que es solo un complemento de renta y el turismo rural les supone un 15 o 20%, pero para otros es el 50 o 60%. En estos momentos, con la crisis del coronavirus y con unas vacaciones de Semana Santa que se han pasado con los establecimientos cerrados, hay gente que está viviendo auténticos problemas y lo están pasando muy mal, muy mal.

¿Cuánto han crecido estos establecimientos en 30 años?

Somos sobre unos 1.500 establecimientos en Aragón, aunque es una cifra que fluctúa porque hay casas que cierran, pero también emprendedores que abren alojamientos. Durante los años 90 y hasta los 2000 se creció, pero fue un crecimiento lógico y pequeño. Hasta el 2008 hubo un boom muy grande que se frenó con la recesión y también se cerraron muchas casas. A partir del 2012 en adelante hubo un aumento exponencial hasta ahora. En los tres últimos años se ha incrementado mucho tanto el trabajo como los alojamientos. En el 2017 y en el 2018 fue sobre todo por nuevos pobladores que llegaron a la zona rural. Solo en el 2019 fue espectacular el crecimiento, de un 10%.

¿Qué impacto económico ha tenido el turismo rural?

Muy, muy importante, pero también lo ha sido el impacto social. Ha sido una barrera para la despoblación. Había gente que si su mujer no hubiera podido hacer una cosa paralela como la casa rural, hubieran dejado el campo para irse a la ciudad y hubiesen terminado trabajado en una fábrica, por ejemplo. Hay que tener en cuenta que casi el 65% de las viviendas rurales son de titularidad femenina y el resto, aunque la propiedad no es de una mujer, son ellas las que la regentan en su gran mayoría. Además, ese complemento de renta de las casas no solo suponía de un 20 hasta un 40% de incremento de la renta familiar, si no que ha quedado en el entorno.

¿Cómo?

El gasto que se hace en la casa rural se incrementa en un 200 o 300% en lo que queda en la zona. Por ejemplo, pongamos que dormir vale 15 euros la noche por persona en un determinado alojamiento, pero esa persona sale a comer y se gasta otros 15 euros en el menú y pasa por las farmacias, las panaderías, las gasolineras, las tiendas de artesanía, compra en los negocios locales, se toma un café en los bares... todo eso incrementa esos 15 euros de la casa rural. Y también, y no menos importante, es el impacto social, porque se ha reafirmado la autoestima de los pobladores al ver que gente de la ciudad valora su pueblo y sus costumbres. El impacto económico también ha sido evidente para estos pueblos pequeños. Si hay 1.500 casas, todas ellas están en pueblos de menos de 2.000 habitantes con la nueva normativa, pero antes eran con menos de 1.000, aunque hay alguna excepción: lugares con cierto atractivo o zonas que no estén saturadas con oferta de turismo.

¿Qué ha mejorado esta normativa que se aprobó el pasado año?

He de decir que es una normativa muy beneficiosa. La hicimos de la mano con el Gobierno de Aragón, las comarcas y el sector. Tenemos una normativa que nos han copiado en alguna comunidad vecina porque fue un trabajo muy intenso pero con un resultado muy bueno. Entre las novedades, algo que era muy importante era la capacidad de la vivienda. Antes solo se podía alojar a 12 personas y con esa capacidad no llegaba para poder contratar, por lo que hemos subido a 16. Lo siguiente que se cambió con la nueva norma fue la imagen y la manera de cuantificar la calidad y servicios de las casas. Hasta ahora teníamos dos niveles: básico y superior. No era suficiente y ahora tenemos cinco niveles.

¿Se reconoce Aragón en el exterior como un destino rural?

La gran asignatura pendiente es desestacionalizar el turismo rural, que lo tenemos en épocas determinadas, y por otra el turismo extranjero, con el que nos enfrentamos al eterno problema de los idiomas, porque no hay manera de entendernos con ellos. Entre un 7 y un 8% de los viajeros que nos llegan son turistas extranjeros, la mayor parte franceses, algo de italianos, holandeses y belgas, y también un poco de alemán.

¿Depende de la zona?

Sí, de la zona, entre otras cosas. Es cierto que el 80% de estos extranjeros se quedan por los alojamientos del Pirineo. También hay una serie de temas a los que aquí no les damos valor y que hay turismo extranjero que sí, como la ornitología. Muchos vienen durante la época de las grullas en la Laguna de Gallocanta o por la alondra de Dupont en la zona del planerón de Belchite y por Monreal del Campo. Los ingleses son los más aficionados a la observación de los pájaros. Para hacerse una idea, en España SEO Bird Life tiene más o menos 80.000 socios, mientras que en Inglaterra tiene 800.000 abonados.

¿Y los nacionales?

Vienen a Aragón desde Madrid, Barcelona o de las comunidades limítrofes como Navarra, La Rioja, Castilla León. Por ejemplo, en Navarra tienen muy poquitas casas rurales, aunque muy bonitas, por lo que como lo valoran mucho, vienen aquí.

¿Los aragoneses valoramos nuestro turismo rural y nos quedamos aquí?

Nos quedamos muchas veces aquí, porque mucha gente ha vivido en un pueblo o tiene amigos que tienen pueblo. Si es un puente más largo igual se van fuera, pero en época de fiesta o fines de semana se quedan por Aragón y, generalmente, se alojan en turismo rural para después hacer actividades por la zona donde viven sus amigos o familiares. T

   
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