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COLECTIVO EN PRIMERA FILA

Los sanitarios, exhaustos, piden una tregua

Advierten de que llegarán agotados a los posibles rebrotes si no pueden descansar tras dos meses durísimos En el Hospital Clínico de Valencia muchos de ellos hacen sesiones diarias de 'mindfulness' para relajarse

 

iko Rosa, médico de la UCI del Hospital Clinico de València, dentro de uno de los boxes. - MIGUEL LORENZO

NACHO HERRERO
02/05/2020

Necesitamos recargar pilas, una tregua, descansar. Si empalmamos una ola con la otra, la tropa va a llegar muy cansada. Kiko Rosa es médico de la uci en el Hospital Clínico de Valencia, uno de los más grandes de la ciudad, y reflexiona sentado en una silla justo a la puerta de los 16 box acristalados en los que hace unos días se colgó el cartel de completo por el coronavirus y en los que ahora apenas quedan seis.

El gesto serio y un punto cansado contrasta con su imagen unos minutos atrás cuando ha entrado como un torbellino (estoy limpio eh?") en el despacho de la jefa para coger un móvil con el que, ya enfundado en un traje EPI, entrar en la acristalada habitación de Matilde y hablar con su familia con una tablet.

Con su efusividad aporta la energía que aún le falta a esta mujer que es la paciente que más tiempo lleva en esta uci. Entró hace más de 20 días cuando no estaba claro que el enorme desgaste de los profesionales estuviera domando la famosa curva. Ha sido muy intenso y yo no soy de los que suelen hablar así. Muchas veces se me hacía cuesta arriba venir. Los primeros días se notaba mucho la tensión, reconoce.

Donde ahora hay calma y sensación de situación controlada entonces había gritos y cierta inseguridad en unos protocolos que lo complicaron todo y al mismo tiempo fueron su salvación. El manejo de estos pacientes no es difícil pero toda la parafernalia que hay alrededor sí. La protección o el tener que entrar tantas personas la logística era realmente lo complicado, explica.

Los días se repetían y volver a casa tampoco era siempre un bálsamo. Había momentos en los que todo se te venía abajo, no hay fines de semana, no hay vacaciones, estás aquí todos los días y al final te parecen todos iguales pero la vuelta a casa era muy mala. Estás más irascible y había muchas más peleas hasta que pasaban unas horas, apunta.

Meditación para resisitir

Esos estallidos también han aparecido puntualmente, aunque en forma de lágrimas o de nervios descontrolados, en las sesiones de mindfulness que dos veces al día realiza el equipo de servicio de interconsulta del departamento de psiquiatría del centro con grupos de entre 10 y 15 sanitarios de los servicios de primera línea.

Cuentan que se encuentran con profesionales que van acelerados, con tensiones reprimidas y con una gran sobrecarga y que estas sesiones voluntarias de regulación emocional y de atención plena les permiten cierta descompresión. La respuesta, aseguran, ha sido tan buena que quieren que se mantengan.

Vacaciones para recuperarse

Están cansados física y psicológicamente, admite Marisa Blasco, jefa de servicio uci, y cuando se relajan, confirma, salen los excesos que hemos hecho, porque no deja de ser tu trabajo pero se ha rodeado de un miedo inevitable y humano de me voy a contagiar que es terrible. Y eso que en su caso los buenos resultados sirven de refuerzo. Están motivados porque los resultados no han sido nada malos, la mortalidad ha sido muy baja, inferior a la esperada, y eso da alegría, señala.

Pero necesitan parar. Necesito darle vacaciones a la gente, aunque sea para quedarse en casa, que será para eso, porque llevamos aquí desde el minuto 0 y no se ha ido a casa nadie salvo los pocos que se han puesto malos, apunta.

Coincide Jaime Signes-Costa, jefe de servicio de neumología, otro de la primera línea. Estoy sorprendido y orgulloso de lo bien que están, pensaba que no podríamos soportar esto pero no solo lo hemos hecho sino que prácticamente no se ha contagiado nadie y se ha actuado con valentía. La gente se ha entregado, hemos venido a trabajar dos meses seguidos igual que todos los servicios implicados pero espero que se puedan coger vacaciones y días libres, defiende.

El caramelo de los aplausos

En estos duros dos meses, cada día a las ocho de la tarde millones de personas han salido a aplaudirles desde los balcones, un gesto que Blasco ha recibido de una manera emotiva y que entiende que más como reconocimiento que como agradecimiento.

Yo no espero que me agradezcan que venga a trabajar, ya cobro mi sueldo, y además me he sentido útil pero sí se valora que hemos estado en primera línea de batalla, apunta.

El gesto de Kiko sigue serio. Es un caramelo dulce pero breve. Creo que cuando pase el miedo todo volverá a ser como siempre. Al estas aquí porque te pagan, al es que los de la Seguridad social, aventura. Pero se levanta, cambia el semblante y vuelve como un torbellino a la faena.

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