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Las grandes gestas del deporte aragonés (XXV)

El aragonés de Jacksonville

Martín López Zubero es el único nadador español que ha conquistado un oro en los Juegos Olímpicos El ganador del 200 espalda en Barcelona siempre llevó con orgullo sus raíces aragonesas ya que su padre nació en Zaragoza

 

R. MARTÍ
27/11/2011

Pocos zaragozanos han vivido en directo seis Juegos Olímpicos. José Luis López Zubero tuvo ese privilegio. Sus tres hijos fueron unos fieras en la pileta. David López Zubero compitió en Montreal, Moscú y Los Ángeles. Su hermana Julia nadó con él en la ciudad moscovita. Martín, el hermano menor, debutó en Seúl. Cuatro años más tarde el benjamín de la familia se llevó el mayor triunfo en la historia de la depauperada natación española. Tocó el cielo colgándose el oro en la piscina Picornell en los 200 espalda de los Juegos de Barcelona. Martín López Zubero se despidió de la élite en Atlanta.

Curiosa fue la vida de estos tres nadadores con doble nacionalidad. Su padre, un oftalmólogo zaragozano que emigró a Estados Unidos y se casó con una chica de Jacksonville, siempre quiso que sus hijos no perdieran sus raíces zaragozanas. "Quieren mucho a España y a Aragón. Los tres están casados y este año pasado vinieron a verme puesto que sufrí una grave enfermedad de corazón. Para trabajar prefieren Estados Unidos y para vivir y disfrutar España. Pero cuando se retiren, tengo la impresión que vendrán por aquí. Solo hay dos países que compiten con España en saber vivir que son Francia e Italia", apunta.

De la vida de José Luis López Zubero se podría escribir un best seller. "Viví la Guerra Civil y mi primer muerto lo presencié en la calle de Las Armas en 1937. Tras acabar Medicina me fui a Estados Unidos. Allí conocí a Elisabeth, mi primera mujer. Trabajé mucho, nadie me regaló nada. Estuve en Nueva York, en la Universidad de Siracusa. Después me fui a la vida más tranquila de Florida", recuerda López Zubero. Ahora tiene 81 años, vive a caballo de Madrid y Zaragoza y está casado con Susana, una chilena.

Tuvo tres hijos y los tres fueron grandes campeones de la natación un poco por casualidad. "David era campeón de Florida de lucha grecorromana. Se rompió un brazo y el doctor le dijo que nadara como parte de su recuperación. Le gustó tanto la natación, que dejó la lucha. Si mi hijo mayor no se hubiera roto el brazo, no habríamos tenido nadadores en la familia".

Julia y Martín comenzaron también un poco por mimetismo. "Julia quería hacer demasiadas cosas, salir, divertirse, estudiar y para ser campeón de élite hay que dedicarse al cien por cien al deporte", explica su padre. La familia López Zubero vivía en Jacksonville, una ciudad de 700.000 habitantes. "Está en el mar y tiene una base naval muy importante. Es uno de los centros de compañías de seguros de Estados Unidos. Allí fundé mi propia clínica. Tengo una gran deuda con este país. Intenté pagar esa deuda siendo voluntario médico en la guerra de Vietnam en el verano del 67", dice.

Ahora sus tres hijos viven en Estados Unidos. "Se dedican a una actividad en la que ayudan a los demás. David es profesor de física en un institute de Fort Lauderdale, Julia enfermera en una clínica de Orlando y mi hijo pequeño es entrenador de natación en una de las Universidades de Carolina del Norte", indica.

El pionero

David se llevó el bronce en los Juegos de Moscú en 100 mariposa. "Fue la carrera más estimulante a la que he asistido. Fue campeón porque odiaba perder y Martín porque le gustaba ganar. David tenía un poco menos de talento que su hermano, pero tenía más deseo y se esforzaba más en ganar", indica. Martín tenía un talento extraordinario como nadador y un punto de suerte. "Tuvo a su hermano como consejero", reconoce López Zubero.

Cuando Martín ganó el oro en Barcelona, la depauperada natación española se había llevado tan sólo dos medallas olímpicas, la de su hermano David y el bronce de Sergi López en los 200 braza de Seúl. "Este joven anfibio ha pasado un tercio de su vida en el agua y, sólo desde enero de 1991, cuando se proclamó campeón del mundo en Perth, ha recorrido 8.000 kilómetros en los estrechos márgenes de una aburrida pileta", decía la víspera del gran día El País.

Martín dejó aparcados sus estudios de Historia en la Universidad de Florida. Se dedicó seis horas diarias de entrenamiento bajo la supervisión de su hermano y de Skip Foster. Llegaba a Barcelona con el récord del mundo de los 200 espalda (1.56.57). En la gran final del 28 de julio era el favorito, pero quiso dar emoción al público y nadó en negativo. Pasó el cuarto a falta de 50 metros. Dejó que el ruso Vladimir Selkov gastara sus fuerzas y Martín economizó las suyas. Fue superando a Selkov, a Battistelli y al japonés Itoi. Después ya se vio con claridad que sería el primero.

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