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LA FASE FINAL DE LA LIGA DE CAMPEONES

La Champions más inaudita

Este miércoles arranca en Lisboa una fase final insóiita, en la que solo dos de los ocho finalistas y uno de los entrenadores saben lo que es ganar la corona europea

 

El trofeo de la Champions, en el sorteo de cuartos celebrado en Nyón. - HAROLD CUNNINGHAM (AFP)

ROGER PASCUAL
11/08/2020

Recta final a la Champions más extraña. No solo por el coronavirus que todo lo condiciona: desde el formato de final a ocho a partido único a puerta cerrada, sin el calor de las aficiones en las calles de Lisboa, hasta el hecho de que los equipos crucen los dedos para no tener en la burbuja de Lisboa más sustos como el que el Atlético ha sufrido con los positivos de Correa y Vrsaljko. Sino también porque solo dos de los ocho finalistas, el Barça y el Bayern de Múnich, y uno de los entrenadores, Pep Guardiola, saben lo que es ganar la corona europea. En la temporada más atípica que se recuerda, algunos de los finalistas han perdido efectivos no solo por el coronavirus sino por lesiones, depresiones, cesiones no prorrogadas y traspasos que no han querido regalar un último baile a los jugadores. Especialmente en las filas de novatos como el Leipzig, Lyon y Atalanta, los actores de reparto que aspiran a seguir robando escenas a las estrellas multimillonarias en un guion más impredecible que una película de David Lynch.

¿En un escenario tan volátil, hará buenas las apuestas el Bayern? ¿Acabará el Atlético por fin con su gafe histórico y exorcizará la maldición de Lisboa? ¿Logrará Messi deshacerse del mal fario que le persigue desde Roma y Liverpool? ¿Conseguirán Guardiola y Neymar ganar su primera sin Leo? Algunas de las respuestas verán ya la luz esta noche en Lisboa.

ATALANTA-PSG

Si el fútbol fuera solo cosa de dinero, la cosa estaría clara: los 30 millones que cobra Neymar son más que los que percibe toda la plantilla del Atalanta junta. Pero el fútbol, como en la vida, el dinero no lo es todo. El jeque qatarí lleva muchos años regando con petrodólares al PSG sin haber conseguido de momento la tan ansiada Champions. Y de momento ha ganado tantas como el Atalanta, la cenicienta de estas eliminatorias, cuyo técnico, Gianpiero Gasparini, blande las ideas, el juego, las motivaciones, la pasión, el entusiasmo frente a la chequera. Neymar, que se fue a la ciudad de la luz buscando salir de la sombra de Messi, se ha topado en con el eclipse Mbappé, la gran duda para el partido de esta noche. El delantero francés se recupera de un golpe recibido en el tobillo en la final de Copa, por lo que Thomas Tuchel podría reservarlo. El entrenador parisino, que irá con muletas tras haberse lesionado, tiene también la baja por sanción de Ángel Di Maria.Más problemas tiene aún el entrenador rival, un Gasparini al que se le han acumulado los infortunios en las últimas semanas. El cuadro italiano llega a Lisboa sin su alfa y omega, sin su portero ni su goleador. Ilicic, autot de 20 goles esta temporada y de un póquer en València en la vuelta de los octavos, hace un mes que no juega por motivos personales. Si no poder contar con el goleador esloveno, que abatido por una depresión se marchó a su país, ya era todo un mazazo para las aspiraciones de la escuadra, también lo ha sido quedarse sin el portero titular a las puertas de los cuartos. Pierluigi Gollini sufrió en el último partido ante el Inter la ruptura subtotal del ligamento cruzado posterior de la rodilla derecha que le ha dejado fuera de la fase final de la Champions.Pese a todo Gasparini no pierde la ilusión, en una oda al fútbol por encima de dinero o resultados. Nosotros nunca perderemos, o ganaremos o aprenderemos. Estamos aquí para aprender, pero también para intentar ganar. Somos la demostración de que incluso un equipo sin particular prestigio europeo puede hacerlo bien. Esto gusta a la gente.

LEIPZIG-ATLÉTICO

Lisboa le debe una al Atleti. Los colchoneros aspiran a conquistar el cetro continental que tanto se le resiste justo en el mismo césped en el que sufrieron la derrota más dolorosa de su historia, ante el Madrid en los penaltis en la final de hace cuatro años.

Tras tumbar al Liverpool, vigente campeón, en su feudo de Anfield, los aficionados rojiblancos celebraron un sorteo que les situó en la parte más favorable del cuadro: en cuartos contra el Leizpig y, si superan a los alemanes, se medirían al PSG o al Atalanta. La sensación es que el principal rival para llegar a semifinales no es el novato rival sino la maldición que persigue a los rojiblancos en esta competición. Un espectro que volvió a emerger el domingo cuando se supo que había dos positivos de coronavirus, aunque finalmente no haya habido más contagios en la plantilla y los afectados sean Vrsaljko (que por las lesiones solo ha jugado siete partidos en un año y medio) y Correa, que aunque sea habitual de Simeone no es una pieza imprescindible. El Cholo se aferra a las manos de Oblak y al gen competitivo de su rocoso equipo para ganar la batalla de cuartos.

El Leipzig llega a esta fase final tras haber sido la revelación de la Bundesliga pero con una baja de peso: Timo Werner, que marcó 28 de los 84 goles de su equipo en Liga y que no jugará tras ser traspasado al Chelsea. En su ausencia, Patrik Schick, el exazulgrana Dani Olmo y el resto del bloque germano (en el que brillan con luz propia el defensa Upamecano y el centrocampista Sabitzer) intentarán reunir la pólvora suficiente para hacer saltar el muro de Oblak.

Julian Nagelsmann es el creativo entrenador de un equipo tan joven como él: el técnico acaba de cumplir 33 años y el club, 11. Alimentado a base de Red Bull, el club recorrió todas las categorías alemanas hasta llegar a la primera división en 2016, logrando desde entonces cada año plaza para Europa y plantándose este curso por primera vez en cuartos de la Champions. Habrá que ver si la ilusión del debutante en las eliminatorias por el título les sigue dando alas o pagan su falta de experiencia ante un rival curtido en mil batallas como el batallón de Simeone.

BARÇA-BAYERN

Vale que el Barça no está viviendo su mejor año. Que quizás Busquets, Piqué y Luis Suárez ya hayan jugado sus mejores partidos como azulgranas. Pero tal vez algunos directivos del Bayern de Múnich están yendo demasiado rápido al dar por muerto su rival.

"Neuer es un portero de talla mundial y Ter Stegen aún está en camino de serlo", sentenciaba el presidente de honor del Bayern Múnich, Karl-Heinz Rummenigge. Un equipo que tiene a Messi y Ter Stegen en sus filas siempre es peligroso. Y si no, que se lo pregunten a Boateng, que aún debe recibir memes de su desplome en el Camp Nou ante el huracán Leo.

Aunque parece que hayan pasado cien vidas desde el 2015, que tanto el Barça como Neymar sigan lamentando la marcha del brasileño y los cinco años extras pesen en las piernas de jugadores como Jordi Alba, harían bien en recordar las palabras de Rudy Tomjanovich: "Nunca subestimes el corazón de un campeón".

Cierto es que el Bayern, comandado por un Flick, parece una máquina perfectamente engrasada. Desde que Hansi Flick tomó las riendas en noviembre el equipo ha ganado con él 29 de los 32 partidos, todos los encuentros de de Champions, además del doblete de Liga y Copa. Lewandowski, máximo goleador de la Champions, y bota de plata atemoriza a cualquier defensa. El centro del campo, con Thiago, Goretzka y Müller, rebosa calidad. Los extremos Gnabry y Perisic son un dolor de muelas para cualquier defensa. Y el polivalente Kimmich y la centella canadiense Davies (una de las sensaciones de la temporada) recuerdan que los laterales también dan títulos, igual que el fondo de armario, la prueba del algodón de una buena planificación deportiva.

Hablando de fondo de armario, la vida no ha cambiado mucho para el brasileño Coutinho: el fichaje más caro de la historia del Barça, cedido al cuadro bávaro, ha pasado de ser suplente en el Camp Nou a suplente en el Allianz Arena.

MANCHESTER CITY-OLYMPIQUE DE LYON

Pep Guardiola sigue teniendo el reto de levantar una Champions sin Messi. Tras noquear con autoridad al Madrid y convertirse en el primero que lograba eliminar a Zinedine Zidane en la máxima competición continental, el técnico catalán está a solo tres pasos de la gloria.

Con la Premier perdida desde hace meses, Pep ha podido centrar sus esfuerzos en este trofeo que se le resiste desde el 2011. Pese a la baja del Kun Agüero, los citizens son un equipo sobrado de recursos y talento ofensivo. De Bruyne es el brillante director de orquesta y Sterling y Gabriel Jesús (arma secreta contra el Madrid) son dos puñales dispuestos a aprovechar cualquier rendija en la alambrada rival.

El City tendrá enfrente a un Olympique de Lyon que sin hacer ruido se ha colado contra pronóstico en Lisboa después de haber derrotado a la Juventus de Cristiano Ronaldo. Ahora aspira a volver a las semifinales de la Champions 10 años después.

Si Pjanic era el líder lionés hace una década, ahora lo es Memphis Depay. El talentoso holandés llegó a Lyon hace tres años tras fracasar precisamente en Manchester. Había fichado en el 2015 por el United con vitola de joven promesa, pero a veces no basta con llegar, sino que hay que hacerlo en el momento adecuado. Los técicos del PSV había sabido capear sus problemas disciplinarios, conscientes de la difícil infancia y adolescencia que había vivido, pero en Old Trafford no encontró tanta comprensión en la disciplina cuartelaria de Louis van Gaal y Jose Mourinho.

Si la voz de este amante del rap se había apagado bajo el sonido Manchester, en Lyon ha vuelto a retumbar con fuerza. Especialmente este año, en el que ha marcado en todos los partidos de Champions que ha jugado. Una lesión en el cruzado de su rodilla izquierda en diciembre pareció poner fin a su temporada, pero con el parón del coronavirus llegó a tiempo para tumbar a la Juventus. Depay pone la magia en el disciplinado bloque de Rudi Garcia, que se ha quedado sin una pata del trivote Guimaraes-Tousart-Aouar después de que el Hertha no haya alargado la cesión del último.