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REPORTAJE

El cielo se toca en Verona

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    Oscar Freire, en el 99. -

    S. L-E.S. L-E. 03/10/2004

    El cielo se toca en Verona. O eso cree Oscar Freire. O eso esperaba ayer Joane Somarriba. Vidas paralelas de los dos ciclistas. La de un hombre feliz, un bicampeón, un corredor que aspira hoy a alcanzar el hito de Eddy Merckx, el último corredor que se proclamó tricampeón del mundo. Pero también la de una mujer no tan afortunada, una superviviente, que necesitaba ayer, casi como el comer, una medalla para ganarse un titular, que a buen seguro tendrá hoy Freire, o cualquiera de sus compañeros, a poco que hagan en la prueba reina del Mundial de ciclismo.

    Freire, desde que llegó a Verona, la ciudad que le cambió la vida en 1999, cuando saltó a la fama, ha tenido cereales en la mesa del desayuno todas las mañanas. Y arroz con leche para el postre. Y un buen entrecote para recuperar fuerzas. Joane, en cambio, como sus compañeras, tuvo que esperar la venida de los profesionales para disfrutar de los cereales. Pero el arroz con leche sólo lo ha visto en el plato de los chicos. Y, en vez de entrecote se ha tenido que conformar con un bistec más pequeñito. Será porque ellas hacen menos kilómetros. O, simplemente, porque son mujeres y no hombres.

    El ataque en la curva

    Freire hizo ayer memoria. "Ataqué en la última curva antes de la larga recta que conduce a meta. Cuando el jueves volví a pasar por allí, se me puso la piel de gallina". Eran buenos recuerdos. Los que cambiaron su vida. Los que le convirtieron en un ciclista millonario, en una estrella. Luego, dos años más tarde, en Lisboa, volvió a ser el más rápido para ganar de nuevo el Mundial.

    Pero, en 1999, todo fue distinto. "Siempre se dice lo mismo. Pero esa victoria fue la mejor de mi vida". Mejor aún que la segunda, o el triunfo de etapa en el Tour del 2002, o la Milán-San Remo de esta temporada. A Laura, su mujer, entonces su novia, le prometió medio en broma que si ganaba el Mundial la llevaría a conocer la casa natal de Julieta, el gran reclamo turístico de Verona, donde miles de enamorados enganchan con chicles pequeñas notas en las paredes proclamando su amor. "Fui de incógnito. Pero enseguida me reconocieron. Sólo había transcurrido una semana desde mi victoria. Hasta la alcaldesa organizó una recepción en el ayuntamiento. Al final nos invitaron a todo".

    A Freire, el líder español en el Mundial, le esperan los compañeros mientras habla con la prensa. Todos, hasta Igor Astarloa, el campeón mundial que defiende el título, Flecha, que hoy gozará de libertad para atacar, y, cómo no, Alejandro Valverde, que confesó encontrarse muy cansado tras acabar la Vuelta Ciclista a España en cuarta posición.

     
     
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