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Los orígenes del baloncesto aragonés

Una estrella de otra época

Fernando Muscat conquistó la medalla de plata en el Europeo de 1935 y fue la primera gran figura del baloncesto aragonés Sergio Ruiz y Jorge Albericio han puesto en marcha el 'Muscat Project' para recuperar su trayectoria

 

La 'Niña del Gancho'. - Foto: SERVICIO ESPECIAL

Fernando Muscat, con su esposa, Carmen Sugrañes. - Foto: SERVICIO ESPECIAL

R. MACHÍN
23/11/2014

La primera gran figura del baloncesto aragonés nació en Tobed en 1911, jugaba de centro y con alpargatas de esparto en campos de arena, tierra e incluso césped, pagaba una cuota de dos pesetas al mes para poder jugar con su club, con el que se entrenaba de seis a ocho de la mañana, antes de entrar a trabajar, e hizo historia con la selección española al conquistar la medalla de plata en el primer Europeo de la historia, en Ginebra en 1935. Fue Fernando Muscat, que brilló en un deporte aún en fase embrionaria

Indagando sobre los orígenes del baloncesto en Zaragoza, en busca de la primera canasta a orillas del Ebro, Sergio Ruiz y Jorge Albericio han dado forma al "Muscat Project", que pretende rescatar y revalorizar la figura de este pionero, Fernando Muscat, para acabar publicando un libro que recoja su historia vital y ordene su trayectoria deportiva con estadísticas e imágenes. "Los primeros partidos sociales y oficiales fueron en Helios, donde introdujo el baloncesto el venezolano Nicolás Cotchicó, pero queremos saber si antes alguien puso una canasta en otro lugar y cómo se desarrolló el deporte en los colegios. Abarcamos desde los orígenes hasta 1942, cuando se disputa en Zaragoza la Copa del Generalísimo", explica Jorge Albericio.

 

EQUIPOS DE SIETE

En esa búsqueda enseguida brilló con luz propia el nombre de Fernando Muscat, el gran hilo a partir del que Ruiz y Albericio quieren reconstruir la historia del baloncesto zaragozano. Muscat no olvidó nunca sus raíces, las calles, los carros de caballos de Tobed, aunque a los diez años se trasladara a Zaragoza, a la plaza San Miguel, y, uno después, a Barcelona por motivos laborales. En la escuela conoció a Josep Guix, socio del Laietá, el club más antiguo de la Ciudad Condal, y con 12 años se presentó con su raqueta dispuesto a jugar al tenis. Pero vio practicar baloncesto a Guix y sus amigos y cambió rápidamente de opinión.

Era 1923 y los equipos formaban con siete jugadores, que tenían que limpiar los campos de tierra y pintar las líneas antes de empezar a practicar. En los primeros partidos las canastas colgaban de los largueros de las porterías. El Laietá ascendió a la primera categoría catalana y la federación eligió a los mejores jugadores de Cataluña y Madrid para formar la primera selección nacional de la historia. La FIBA se había creado en 1932 y se organizó un Campeonato de Europa en 1935 pensado como previa para los Juegos Olímpicos de 1936, los primeros que iban a contar con el baloncesto como disciplina.

España debutó en partido oficial en 1935 en Chamartín, sobre césped, y se clasificó para el primer Europeo de la historia, que debía disputarse en Ginebra en 1935. La selección se desplazó hasta Suiza a última hora por falta de dinero y llegó a su destino apenas unas horas antes de su primer partido. "Nos regalaron la camiseta roja y el escudo con el león suelto, sin coser. Durante el viaje, que realizamos en tren, tuvimos que pedir ayuda a unas chicas inglesas que conocimos para que nos cosieran los escudos a las camisetas", escribía años después Muscat en una columna en El Mundo Deportivo.

 

SORPRESA EN GINEBRA

La selección ganó a Bélgica y Checoslovaquia y cayó en la final ante Letonia (18-24) en una tarde aciaga en acierto y tras una noche agitada, después de que los jugadores salieran a celebrar su clasificación y la policía estuviera a punto de detenerles por alteración del orden público. El aragonés no pudo ir a los Juegos del 36 y pasó la Guerra Civil en Madrid, trabajando en Telefónica. Allí jugó en el Cuartel de la Montaña y perdió un preciado tesoro, una caja con recortes de prensa de la época que destrozó un obús lanzado contra el edificio de Telefónica en la capital.

En 1940 regresó a Barcelona y aceptó jugar un año más en el Laietá, donde ya había llegado Kucharski. Además, fue entrenador de un equipo femenino, en que jugaba su futura esposa, que conquistó el primer campeonato oficial de Cataluña. Se retiró como jugador en 1941 y su familia siguió sus pasos. Uno de sus hijos también jugó a baloncesto, igual que uno de sus nietos, mientras otro practica vela y tiene opciones de ir a los Juegos Olímpicos del 2016.