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La historia de los olímpicos aragoneses

Los felices años noventa

 

Compitiendo con el Scorpio Tintoretto. - Foto:ANGEL DE CASTRO

Lahoz, con su grupo de entrenamiento en la Ciudad Universitaria. - Foto:ANGEL DE CASTRO

RICARDO MARTIRICARDO MARTI 31/07/2004

El atletismo sigue formando parte de la vida de Esther Lahoz. Para la atleta nacida en Pancrudo sería muy triste desligarse del deporte en el que logró unos resultados esplendoros y que le llevaron a ser olímpica en el 4x400 de los Juegos de Barcelona. "Soy entrenadora nacional y ahora estoy empezando a llevar atletas. Dirijo a un grupo de 18 chavales del Scorpio tres horas diarias y estar en la Junta Directiva del Scorpio Mondo lleva su tiempo. Y eso que he dejado la Junta Directiva de la Federación Aragonesa de Atletismo", afirma..

Lahoz lleva la responsabilidad del equipo femenino de Scorpio que está en la División de Honor. "Nuestra meta es tener cada vez más chicas aragonesas. Nos gustaría ser un equipo autóctono y de cantera", dice la turolense.

Trabaja ocho horas diarias de operaria en el Palacio de los Deportes de Zaragoza. "Hago poco deporte. Como mucho algunos trotes por el parque y sesiones de musculación", dice la atleta internacional.

Atletismo femenino

Lahoz destacó en un época en la que el atletismo femenino empezaba a sacar la cabeza en un deporte que era de hombres. "El atletismo femenino empezó a despegar en nuestra época. Se nos empezó a considerar igual que a los chicos, la creación del ADO fue un gran avance y recibimos pequeñas compensaciones económicas". Lahoz piensa que las mujeres que abrieron puertas fueron "Sandra Myers y Rosa Colorado", dice.

El sueño olímpico de Lahoz se frustró con 25 años. Pese a que estuvo a punto de debutar con el equipo del 4x400 en Seúl, "no pudimos salir por un error burocrático. Vi que se me escapaba una oportunidad que sería difícil volver a repetir. Prefiero no recordarlo como si fuera una frustración", dice Lahoz.

En ese relevo la aragonesa fue la única que mantuvo el tipo en un primer momento. "Blanca Lacambra se sentó en un rincón llorando, mientras Cristina Pérez discutía con un juez coreano y Maite Zúñiga estaba aislada". De repente, a Lahoz le tocaron en la espalda. "Era Arturo Ortiz, el plusmarquista nacional de altura. Entonces me desmoroné y empecé a llorar". El COE no reconoció al equipo español como olímpico puesto que "no salimosr a la pista".

De todas maneras, lo ocurrido en Seúl en el 88 no fue el momento deportivo más duro de Lahoz. "Lo peor fue el recuerdo del Campeonato del Mundo de Tokio en el 89. Disputé las semifinales del relevo largo y nos clasificamos para la final, pero no la corrí". Lahoz dio una lección de compañerismo. "El día de la final les di moral y alegría a las compañeras", apunta.

Julia Merino, componente del equipos, se quedó admirada de la serenidad de Lahoz. "La noche anterior a la final estuve en vela. A las seis de la mañana me metí a la bañera y me puse a llorar", afirma la exatleta del Scorpio Mondo.

Pero llegaron los felices noventa. En Barcelona logró su sueño, aunque el relevo largo no pasó a la final. "Cuando consigues competir en los Juegos te das cuenta que formas parte de la historia. Tienes un sello de calidad, como una denominación de origen".

Lahoz empezó a practicar atletismo muy tarde. "Llegué al atletismo totalmente nueva, sin haber practicado ningún deporte, a los 16 años". Ha cambiado mucho la mentalidad de los chavales de los años 80 a la actualidad. "Cada vez menos niños practican atletismo. No tienen un término medio, o todo es blanco, o todo es negro. Si en dos o tres carreras no hacen una buena marca, se desmoralizan".

La retirada oficial de Lahoz fue antes de los Campeonatos del Mundo de Sevilla en el 99, con 37 años. "Renuncié a asistir con el 4x400 por una entesitis en el talón de Aquiles", dice.

Le hubiera gustado ir a Atenas. "Pero dependo de un trabajo y de unos compañeros y cojo las vacaciones cuando puedo. Veré los Juegos por la tele, en Zaragoza y, posiblemente, en diferido". Prefiere no hablar de las posibilidades del atletismo español. "Más vale que no haya bombas. No quiero aventurar medallas. Veo el deporte sin expectativas previas, por el placer de ver el deporte y que sea lo que Dios quiera", indica.

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