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Lágrimas de amor zaragocista

Malena, la niña de 11 años que se echó a llorar cuando vio a Cristian Álvarez, conoció a su ídolo por una sorpresa que le dio su madre. «Es muy bueno y yo de pequeña quería ser portera», asegura

 

Malena y su hermano Raúl posan con Cristian Álvarez y Ratón el pasado 31 de enero. - S. E.

S. VALERO
12/02/2019

Malena Martín solo tiene 11 años, pero sus lágrimas tras conocer a Cristian Álvarez en la firma que organizó la empresa Podoactiva el pasado 31 de enero llamaron la atención de muchos zaragocistas, que inundaron las redes sociales de respuestas ante esa demostración de cariño, de amor hacia unos colores y hacia un ídolo. Malena es zaragocista desde muy pequeña, como toda su familia, como José Manuel y Selina, sus padres, y como Raúl, su hermano mayor, que juega en el cadete del Fuentes de Ebro, localidad en la que reside la familia.

Y Malena tiene muy claro desde hace año y medio quién es su ídolo, desde que Cristian llegó al Zaragoza en el verano del 2017 para convertirse en indiscutible y para ganarse el corazón de muchos zaragocistas, como también el de esta niña, que no duda en decir que del portero le gusta «todo», tanto sus cualidades futbolísticas como esa personalidad amable y pausada que exhibe fuera del campo. En su habitación hay un póster del meta argentino y varios dibujos hechos por ella del arquero.

«Había sacado un 10 en el examen de matemáticas y le queríamos dar una sorpresa. A ella y a su hermano mayor les encanta el fútbol y son zaragocistas desde muy pequeñitos», explica Selina, su madre. El primer pensamiento fue ir ese 31 de enero a la presentación de Linares, de Fuentes de Ebro, como toda la familia, «pero no nos daba tiempo a estar en La Romareda y vi que era la firma en Podoactiva por la tarde y pensé que esa era la mía, que esa iba a ser la sorpresa. Con lo que le gusta a Malena Cristian Álvarez no podía haberla mejor».

La sorpresa fue preparada como se merecía la ocasión. «Ya cuando llegamos a la altura de El Corte Inglés le tapamos los ojos con un antifaz que usa para dormir para que no pudiera ver y ella pensaba que íbamos al cine, que esa era la sorpresa. Y su hermano, cuando entramos en la sede de Podoactiva, le tapó los oídos para que no oyera al resto de niños que había allí y después la llevó hasta donde estaban él y Ratón con los ojos tapados tras haberle quitado antes el antifaz».

El abrazo inolvidable

Cuando Raúl destapó los ojos de Malena su reacción fue instantánea y la ilusión se tornó en lágrimas de felicidad, de zaragocismo puro. Cristian Álvarez no dudó en llamar a la niña para que se acercara a él. «Me dijo que le diera un abrazo y que Malena era un nombre muy bonito, que en Argentina hay muchas niñas que se llaman como yo», indica la pequeña, que apenas articuló palabra mientras le abrazaba el arquero argentino, que le firmó y le dedicó una postal, que ya está enmarcada desde aquel día en su habitación en Fuentes de Ebro.

«Cristian es mi jugador favorito porque es muy bueno y porque de pequeña yo quería ser portera», añade Malena, que ahora ha cambiado ese deseo de estar bajo palos por el baile, ya que está dando clases y es su otra gran pasión, sustituyendo a ratos el balón por la jota, las sevillanas y, últimamente, hasta el flamenco. Aun así, el fútbol no lo deja de lado, puesto que cuando puede va con su hermano y su padre, los dos abonados del Zaragoza a La Romareda y, además, «juego con mi hermano al fútbol».

«Que nos dure mucho tiempo», exclama la niña cuando se le pregunta por el futuro del arquero, que renovó con el Zaragoza en el pasado verano y que está demostrando que es un guardameta de nivel superior para esta Segunda División: «Le estoy haciendo un dibujo en una cartulina grande y también he empezado a hacerle una bufanda con ganchillo porque me enseñó mi abuela a hacerlo», sentencia, con el deseo de podérselos entregar ambos en mano al finalizar alguno de los próximos partidos en La Romareda del Zaragoza.

Mientras tanto, Malena aún guarda con emoción el recuerdo de ese 31 de enero que nunca se le borrará de la memoria. Ni a ella ni a su familia, orgullosa de su zaragocismo. «La verdad es que fue muy emocionante y no se le olvidará ese día ni a ella ni a nosotros. El que se echara a llorar fue algo espontáneo, de pura ilusión y felicidad. Y también nos emocionaron mucho los comentarios que leímos después en las redes sociales, algunos fueron muy bonitos», concluye con satisfacción su madre.

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