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EL ESTILO DE LA CANTERA ESPAÑOLA

Los niños españoles se resisten a ser Santillana

Técnicos, jugadores y médicos consideran que la recomendación inglesa de que los menores de 12 años dejen de golpear el balón con la cabeza no tiene sentido ni base médica "Los niños no juegan con la cabeza, no tienen fuerza para impulsarse, tienen cierto pudor, miedo y, por tanto, siempre se juega por el suelo", afirman Zubizarreta y otros expertos

 

Carlos Santillana, uno de los mejores cabeceadores de todos los tiempos. - RAÚL CANCIO

EMILIO PÉREZ DE ROZAS
28/02/2020

No es un crítica, no, que va, que va, simplemente no comparten su criterio, su opinión y, mucho menos, su recomendación. Es más, consideran que no tiene sentido, que tal vez pretendan, ellos, que dicen inventaron el fútbol, cambiar su llamativo estilo de juego, tan suyo. Tal vez quieren seguir siendo diferentes, ser los primeros en proponer algo que no propone nadie. O, simplemente, se han equivocado. Nada más. Insisto, no es una crítica.

Pero el fútbol español no entiende, ni a nivel deportivo ni a nivel médico, que las federaciones inglesa, escocesa e irlandesa hayan recomendado, solo recomendado, a las escuelas de fútbol, bueno, a las canteras, que los niños menores de 12 años no golpeen el balón con la cabeza pues, de mayores, podrían sufrir lesiones cerebrales.

Como dice un amigo mío de Bilbao, comenta Andoni Zubizarreta, portero mítico, antes coordinador de la escuela de Lezama del Athletic, luego vigilando La Masia del Barça y, ahora, en el OM de Marsella, el deporte de élite es muy malo para la salud. Ir en moto es estupendo, pero ir a 350 kms/h. como va Marc Márquez, no sé yo. Caminar por la montaña es sanísimo, pero subir ochomiles, no sé yo. Hacer footing es muy saludable, pero correr maratones, no sé yo. Lo que quiero decir es que todo, de forma exagerada, tiene sus pegas. Pero, desde luego, lo que sí es seguro que es nuestros niños, con menos de 12 años, ni juegan con la cabeza, no cabecean, no, ni corren ese riesgo, entre otras razones porque les cuesta mucho impulsarse hacia arriba.

Zubi, cómo no, es partidario de defender a los niños en fase de crecimiento, desde luego, pero comparte con todos los consultados por El Periódico que los niños a esas edades no piensan jugar con la cabeza y menos en un fútbol como el nuestro que va por el suelo, tocando y saliendo, posicional, estratégico, vamos el que nos convirtió en campeones del mundo! Para Zubizarreta nada más hay que ver partidos de benjamines, alevines y/o infantiles para darte cuenta que les cuesta mucho centrar, elevar el balón y ya no digamos, incluidos los porteros, saltar algún que otro metro para rematar. Todo eso lo empiezan a hacer cuando pasan a juveniles.

Los niños tienen miedo

La gran mayoría de niños tienen un cierto pudor a golpear el balón con la cabeza, es muy poco habitual, no hay niños tan valientes que se atrevan a golpear el balón con la cabeza, señala Xavi Lucas, psicólogo vinculado al fútbol base. Nuestro fútbol es más de tren inferior que de tren superior como, tal vez, sea el británico. Y, en benjamines, alevines e infantiles la estrategia es un 1%, o menos, del juego, así que jamás ensayan nada. Esa misma idea es plenamente compartida por Ramon Gatell, responsable del fútbol base del Europa, con 400 niños. Los niños tienen miedo a golpear el balón con la cabeza y, a esas edades, nadie les enseña a hacerlo. Cuando va por el aire, todos, todos, la dejan votar y la juega por abajo. Y, además, una cosa eran los balones de antes y, otra muy distinta, los de ahora, pues cada categoría juega con un balón muy, muy, liviano, cuyo golpeo, de producirse, no representa daño alguno.

Yo, la verdad, veo esa recomendación británica como una manera de hacerse notar. Y no es una crítica, no, es que no le veo ni explicación futbolística ni, por supuesto, médica o científica, pues no tienen pruebas de nada, señala David Fernández, desde hace tres años coordinador de captación del Real Madrid. El balón es ligerísimo, nuestros niños no juegan con la cabeza y solo hay que ver cualquier partido de esas edades para saber que no hay peligro alguno. Además, una pregunta ¿si causase daño a los 10 años, también los causaría a los 17, cuando sí empiezan a cabecear, no, pues continúan en fase de crecimiento?

El doctor Narciso Amigó, toda la vida en el Espanyol, 35 años llevo aquí, perico desde que nací, como papá, no recuerda en más de tres décadas una sola lesión o daño de niño alguno por golpear el balón con la cabeza. A lo sumo, tal vez, y posiblemente ni eso, dos o tres conmociones cerebrales. Lo niños no juegan con la cabeza, pues solo empiezan a hacerlo y, tampoco, de forma reiterativa, casi ni se entrena, cuando pasan a juveniles. Eso sí, Amigó afirma que hay daños cuando chocan, a veces, cabeza con cabeza, cabeza con los postes de la portería o, desgraciadamente, cuando chocan con las vallas de esos campos de dios donde juegan, pero jamás! por cabecear el balón.

Hay que hacer estudios serios

El neurocirujano Paco Vila explica que no ve mal este tipo de recomendaciones siempre y cuando provengan, no de una federación, como ocurre en este caso futbolístico, sino de serios estudios científicos, médicos, es decir, fruto de un seguimiento a base de historias médicas, resonancias, TAC cerebrales, estadísticas fiables. Tengo mis dudas que el golpeo de balón reiterativo con la cabeza pueda provocar trastornos neurocognitivos en los futbolistas como ocurre, por ejemplo, y está documentado, estudiado y probado en el boxeo o, en algunos casos, del fútbol americano, comenta Vila, seguidor del Barça.

El doctor Franchek Drobnic, actualmente en el Shangái, de China, pero siempre vinculado a La Masia del Barça y al Centro de Alto Rendimiento (CAR), de Sant Cugat, comparte lo expuesto por sus compañero y, aunque es partidario, como así se recomienda en can Barça, que los niños dejen caer el balón y lo jueguen por el suelo, asegura que el golpeo de cabeza de un futbolista, que se produce cuando ya es juvenil y, posteriormente, adulto, no tiene similitud alguna con algunos choques imprevistos del rugby, la contundencia del fútbol americano o el gancho sorpresa del boxeo. Nada que ver!, ni en la acción ni, por supuesto, en las consecuencias.

Auténticos atletas

Drobnic, de padres eslovenos, asegura que el cabezazo del futbolista está absolutamente preparado, entrenado y, sobre todo, no tiene nada de improvisación, que es lo que provocaría un giro brusco de cabeza cuando el cerebro está quieto, es decir, no preparado para ese impacto. El futbolista, cuando salta de cabeza, prepara todo su cuerpo, sus piernas, su tronco, los músculos de su cuello, para el golpe, sabe a qué altura viene la pelota, a qué velocidad y, por tanto, no hay deceleración del cerebro, que es la modificación de las velocidades entre el cráneo y el cerebro.

Lo que Drobnic denomina conflicto de velocidades se produce por sorpresa, de improviso, sin estar preparado. Insisto, determinados golpes en el boxeo o en el rugby. Por ejemplo, una cosa es un choque contundente, tras una carrera, para parar a un rival en rugby o fútbol americano y, otra muy distintas, prepararte para una melé, a la que los jugadores acuden ya mentalizados del tipo de acción que es y, por tanto, su cuerpo está perfectamente predispuesto al choque.

Como señala Carles Folguera, exportero de hockey sobre patines, pedagogo y director de La Masia del Barça, que comparte plenamente todas estas opiniones, no hay nada más importante que proteger a nuestros niños, por supuesto, pero todo pasa por hacerlo de forma adecuada y, sobre todo, a partir de razonamientos deportivos, médicos y estudios solventes. Nosotros, por ejemplo, cuando empezamos a detectar determinadas lesiones en los niños del hockey, el doctor Ramon Canal decidió, quisiera o no la federación, que nuestros niños jugarían con casco en las categorías inferiores.

En ese sentido, Folguera recuerda haber asistido a una curiosa, pero muy seria conversación, entre Zubizarreta y el oftalmólogo Jordi Monés, entonces directivo del Barça, donde el doctor le sugería a Zubi que estudiase la posibilidad de que los canteranos jugasen con gafas trasparentes para proteger sus ojos y evitar que se golpeasen el globo ocular. Evidentemente, aquella sugerencia parecía excesiva, pero se meditó.

   
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