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La entrevista de la semana

Pedro Camus: «Boskov cambió el fútbol español empezando por el Real Zaragoza»

 

Pedro Camus, en una imagen reciente en Santander, su ciudad natal y donde vive desde su retirada. - SERVICIO ESPECIAL

RAQUEL MACHÍN
02/04/2018

–¿Cómo empezó a jugar?

–Soy de una zona de al lado de la ciudad de Santander, que actualmente es un barrio. Entonces era un pueblo y empecé a jugar como todos los niños, en la calle. Nací en una casa rural. Empecé en la calle y, un poco más tarde, en la playa y en los colegios.

–¿Cómo llegó al Racing?

–Empecé en el Toluca, que era un equipo muy bueno y muy joven, empecé ahí porque tenía unas condiciones físicas bastante buenas, no me daban la edad que tenía. Primero jugué en el España y luego en el Toluca. Era juvenil y jugaba en el equipo regional. De ahí pasé al Racing y de ahí al Zaragoza y luego ya al Tenerife.

–Formó pareja con Arteche en el centro de la defensa.

–Sí, estuve varias temporadas, sobre todo las últimas. Yo era un poco mayor que él y él había estado cedido a otros equipos y estaba jugando con diferentes jugadores. El último año que estuve en el Racing fui titular con él. Al año siguiente, cuando ya estaba en el Zaragoza, le traspasaron al Atlético de Madrid y mantuve una gran relación personal y familiar con él. Tuvo mala suerte en esta vida porque falleció muy joven.

–¿Siempre fue central?

–Sí, sí, siempre he jugado en ese puesto. Hoy en día se juega de diferente forma, posiciones, situaciones. En la época que jugaba yo a nivel profesional los planteamientos de los entrenadores eran muy diferentes. Primero se jugaba con un central que no se moviese para las bandas y con un líbero, era la estructura que te mandaban los entrenadores.

–¿Cómo fue su fichaje por el Real Zaragoza?

–Pues insistí yo en él porque tenía 21 años y podía haber seguido jugando en el Racing en Primera División pero digamos que presioné un poco a la directiva para que me traspasase y me propusieron ir a Zaragoza. Aunque fui a Segunda División creía que a nivel de equipo iba a mejorar en un futuro.

–El Racing se había salvado a costa del Zaragoza, precisamente.

–Efectivamente, el Racing se quedó en Primera y el Zaragoza descendió y me fui a jugar allí.

–¿Qué ciudad y qué club se encontró cuando llegó?

–Imagínese, un club con esa historia, con una ciudad, una comunidad como esa con un equipo en Segunda pues había una desilusión, un desencanto importantes. Llegaron bastantes jugadores de fuera, un nuevo entrenador que fue Arsenio Iglesias y esa temporada ascendimos.

–Subieron como campeones.

–Sí, se empezó muy irregular esa temporada pero al final quedamos primeros.

–¿Recuerda el día del ascenso?

–Pues sí, pero con el paso de los años vas perdiendo un poco de memoria. Hay situaciones y momentos que no se olvidan. Al coincidir con otras situaciones se incrementa el motivo de recuerdo y en este caso fue significativo porque ascendimos el día de Aragón.

–Empezó sancionado.

–Es un poco largo de explicar y han pasado muchos años. Llegué a Zaragoza con una sanción y los primeros partidos no pude jugar.

–¿Con quién formaba pareja?

–Esa temporada estaba Bastos normalmente, un portugués. No recuerdo a muchos jugadores.

–Hubo fichajes importantes como el de Pichi Alonso.

–Cuando llegué había firmado ya y fue uno de los jugadores importantes del Real Zaragoza. Tuvo un ciclo de temporadas bastante bueno allí y luego fue traspasado.

–Coincidió también con grandes jugadores, Arrúa, Valdano...

–Arrúa ya estaba y era una de las figuras que había en España. Estuvimos juntos una temporada, la de Arsenio. Valdano llegó posteriormente con Badiola del Alavés. Me acuerdo de aquello porque ocurrieron cosas bastante graves, el incendio del Hotel Corona de Aragón. Badiola estaba allí y le salvó la pulsera. Coincidió que tenían que estar allí los dos pero Valdano por diferentes circunstancias no estaba y sucedió aquello.

–En Primera llegó Boskov. ¿Era muy diferente a Arsenio?

–Efectivamente, la segunda temporada que estuve allí el club apostó por Vujadin Boskov. En aquella época cambió totalmente el fútbol en España y empezó por el Real Zaragoza. Y solo estuvo una temporada. Voy a dar un motivo solo, nadie calentaba. El primer equipo que salió a calentar del vestuario al campo fue el Real Zaragoza de Vujadin Boskov. Nos pegaban unos silbidos... Porque el público desconocía aquello. Boskov cambió todo el fútbol a nivel general que yo conocía en aquella época.

–¿Tanto cambió el fútbol?

–Tuve una gran relación tanto personal como profesional y tengo que decir que en aquellos años hizo un favor al fútbol en España. Por sus cualidades y conocimientos.

–¿Cómo jugaba el equipo?

–Boskov era un ganador total, eso está claro, con esas cualidades que decía. Lo que pasa es que el Zaragoza acababa de subir a Primera División y no es fácil mantenerse según los jugadores y la calidad que tengan. Él estuvo poco tiempo en Zaragoza. Luego se fue al Madrid y vino Leo Beenhakker que había sido ayudante suyo en los equipos que había estado.

–¿Beenhakker era muy diferente de Boskov?

–Totalmente distinto. Pero con unas bases principales que eran las mismas. Era diferente en edad y en muchos aspectos pero yo me quedo, a nivel personal y profesional, con Vujadin Boskov.

–¿Es el mejor entrenador que tuvo en su carrera?

–No voy a decir ni que sí ni que no. Solo puedo decir que con él conocí unas cosas que desconocía. Fue poner al día el fútbol profesional en España.

–¿Cómo era La Romareda?

–Imagínese, en una situación en la que el Zaragoza, un club de Primera División, se encontraba en Segunda División. Pues qué voy a decir, no te van a aplaudir nada más salir. Pero nos ganamos al público con juego y situaciones en la tabla que es lo que tiene que hacer un futbolista, hacer lo que sabe. Se empezó con muchas dudas pero poco a poco conseguimos lo que se pretendía y lo que tenía que ser, estar en Primera División.

–¿En Primera cambió el público?

–Era exigente y eso le viene bien al fútbol en sí. Todo no son aplausos. Hay que respetar a la gente que te va a ver, pero eso hay que saberlo asimilar.

–¿Estuvo también con Manolo Villanova?

–En los últimos años tuve como segundo a Manolo Villanova y luego estuvo una temporada con Luis Costa. Después ya me marché al Tenerife, donde estuve dos años antes de retirarme.

–En 1981 se produjo la primera huelga de futbolistas. ¿Cómo fue?

–Fue una situación bastante desagradable. No quiero hablar de eso porque es pasado pero fue muy desagradable. Tanto a nivel personal como profesional. En España la seguridad social para el futbolista empezó en el año 80. Y solo para algunos. Los traspasos en mi época los tenían los grandes jugadores, que tenían abogados, asesores, intermediarios o como se quiera llamar. Pero los demás nada, te podía asesorar tu padre o tu hermano pero no era como existe hoy la situación a nivel deportivo.

–Se dice que el Zaragoza de Beenhakker ha sido uno de los que mejor ha jugado de siempre.

–Con Beenhakker estuve una temporada, que me acuerde. Creo que fue mi tercer año en Zaragoza y me parece que estuvo una temporada solo. Se jugaba muy bien al fútbol, era un hombre un poco, digamos, al ser más joven, más moderno que Boskov. Era su discípulo porque había trabajado con él.

–¿Y en el trato qué tal era?

–Muy diferente porque eran diferentes edades, diferentes estilos de ver las cosas. Pero el fútbol lo veían muy bien. Beenhakker fue un alumno de Boskov en las bases principales del fútbol pero un poco más moderno.

–¿Le marcó Zaragoza?

–Llegué muy joven, no había cumplido los 22 años, y a nivel social encajé con el carácter y la forma de ser de los zaragozanos y aragoneses. Una situación clave en mi vida es que tengo dos hijas mellizas zaragozanas que nacieron en la clínica Montpellier cuando estaba Enrique Pelegrín, que luego hemos tenido una gran relación en todos los aspectos. Son situaciones que me han ocurrido, al día siguiente de casarme firmé por el Zaragoza. Me casé un jueves, el viernes viajé a Zaragoza al hotel Rey Alfonso y el sábado firmé por el club. Son situaciones que te marcan un poco la vida.

–¿No quiso ser entrenador?

–En aquella época estaba Radomir Antic y nos sacamos juntos el carnet. Lo dejé porque tenía el título para entrenar en categorías inferiores pero opté por estar con la familia en Santander por motivos personales y para hacerme cargo de los negocios familiares.

–¿Hizo el curso con Antic?

–Sí, sí, estuvimos juntos porque como teníamos tiempo y nos gustaba, pues lo sacamos porque nunca se sabe lo que puede pasar en el futuro. Y Antic ha sido uno de los jugadores que luego ha seguido en el fútbol y con una gran trayectoria en los banquillos.

–¿Se veía que Antic podía ser entrenador?

–Esto es una opinión personal mía porque tuve una gran relación con él tanto personal como profesional. Me alegro mucho de que haya triunfado en el fútbol porque creo que disfrutaba y el fútbol era su vida. Ha tenido muy buenos años. A España llegó como futbolista yo creo que un poco ya veterano. Si hubiera llegado más joven hubiésemos disfrutado más de él porque tenía unas cualidades como futbolista extraordinarias.

–¿De todos los compañeros que tuvo destacaría a alguno?

–Me lo reservo porque así cuando lean la entrevista he quedado bien con casi todos.

–¿Mantiene relación con alguno?

–Sí, ahora tengo un problema físico, de movilidad, y vas perdiendo contacto. Pero si he tenido la oportunidad sí lo he mantenido. Porque también se puede ser líder en la sombra.

–También fue olímpico.

–He sido el primer futbolista cántabro en acudir a unos Juegos Olímpicos. Estuve en Montreal en 1976, cuando todavía era jugador del Racing. El seleccionador era Ladislao Kubala.

–¿Cómo son unos Juegos Olímpicos?

–Pues fue una situación deportiva completamente diferente a la que podía tener uno. Es algo totalmente distinto, un evento deportivo maravilloso en todos los aspectos y entonces sobre todo.

–¿Vivían en la Villa Olímpica?

–Sí, convivíamos allí todos juntos, deportistas de todas las disciplinas y de todos los países. A la hora de la comida, por ejemplo, pues comíamos con gente de todo el mundo y todo tipo de comida. Sobre todo destaco la convivencia y el espíritu, la base de la competitividad. Unos Juegos Olímpicos son diferentes a un Mundial, en cualquier deporte. Y en la Villa es donde conviven todos los deportistas.

–¿Conoció a alguno de los deportistas míticos de aquella cita?

–Nunca se me olvidarán ciertos deportistas como Nadia Comaneci o Mark Spitz, gente única en aquella época y en sus deportes. Convivías con ellos, te podías saludar. Era una pequeña ciudad y la convivencia se hacía con toda normalidad.

–¿Quién más estaba en el equipo de fútbol?

–Vitoria, San José, Juanmi, Manzanedo. Entonces había que tener menos de 23 años. Yo estaba en la mili. Me coincidió pero me dieron permiso y pude ir a Canadá. Ese tiempo que estuve con la selección lo tuve que recuperar después en la mili. El coronel del cuartel donde me tocó era una persona muy seria.

–¿Ha tenido relación con el fútbol estos años?

–Sí, no como motivo principal pero sí. Dentro de mis medios y de mi situación física intento disfrutar de este deporte, hablando o viendo fútbol y partidos.

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