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Pequeños imposibles

El Huesca celebra San Jorge con un golazo del Chimy y una victoria que aviva la última esperanza

 

Cucho Hernández escapa de la defensa de De Blasis, jugador del Eibar, ayer en El Alcoraz. - EFE / JAVIER BLASCO

SERGIO RUIZ ANTORÁN
24/04/2019

Si la miras, no te lo crees. Una mujer menuda. Con las patitas cortas. María Jesús camina a un ritmo sostenido, de hormiguita, sin una queja. Ella, a sus 73 años, fue una de las más de 200 personas que completó ayer la Jorgeada, esa locura o tradición que conecta Zaragoza y Huesca. Del Palacio de la Aljafería a la ermita de San Jorge. Cuando llegó arreciaba lluvia de gota fría. La última subida al santo es el remate. Faltaban cuatro horas para que el Huesca jugara contra el Eibar y caía la del pulpo.

Dicen que el carácter aragonés es terco, tozudo y cabezudo, burla en chistes y menosprecios estúpidos. Quizá necio, tanto como para pegarse una andada de 84 kilómetros. Quizá no sea así. Quizá sea una cuestión de orgullo, de satisfacción, de superación, de lucha en esta tierra baldía, despoblada y desmemoriada. El día del patrón, ese 23 de abril que celebra a San Jorge, el matadragones, ese que cuenta la leyenda, que se apareció en la Batalla del Alcoraz para ayudar a Pedro I a derrotar a los musulmanes y conquistar para la cristiandad a Wasqa. Pero esta fiesta en rojo y amarillo es realmente para esos héroes más mundanos, como María Jesús o como el Chimy Ávila, de proezas cotidianas, de pequeños imposibles, que nunca reblan, que son capaces de alumbrar en el cielo encapotado la esperanza. Esa rasmia tan de aquí que hace que el Huesca siga luchando panza arriba como un dragón, contra una permanencia que se resiste a ser chamuscada.

Dos golazos, uno de ellos increíble, de repetición en bucle, el que marcó el adorado Chimy Ávila, propiciaron una victoria contundente ante el Eibar y proyectan la última esperanza, ese imposible que volverá a contar con una final este domingo de elecciones en Villarreal. Vivos, redivivos, en esa batalla del Alcoraz con la cruz de San Jorge en el pecho y un beato rosarino agradecido a Dios por bajar del cielo encapotado una volea que describió una parábola zigzagueante, divina, de leyenda. El ‘sí se puede’ volvió a resonar en el estadio bajo la silueta nocturna de la protección de la ermita del santo.

LA BATALLA TÁCTICA

El Huesca venció al Eibar por un truco táctico. Francisco apostó por un grupo más rocoso, con un doble pivote inédito con Musto y el venezolano Yángel, y llevó a sus cuatro delanteros arriba desde el principio. Valiente, queriendo presionar, propiciar duelos cerca del área rival, para sacar oro de los errores ajenos. Obviando de nuevo el balón, sin cuidarlo, siendo vertical y buscando la espalda de los laterales. Todo el juego se volcó en las bandas, con Chimy Ávila, Cucho y Ferreiro orbitando como extremos y permutando posiciones.

La mala pata del Eibar, que ya arrastraba demasiados dolientes y pocas prisas en la clasificación, allanó el entuerto. Dos lesiones, una de Kike García, con la nariz rota en un lance con Mantovani, y luego Diop propiciaron dos cambios armeros al filo del descanso. En medio Enric Gallego casi contacta un pase de Javi Galán y Etxeita había mandado al palo otra jugada de estrategia. No se generaba demasiado peligro.

La fe del Huesca es para creer en dragones y guerreros divinos, pero sus piernas son como las de esos pequeños imposibles de la Jorgeada. Su tozudez, su cabecica dura, llevó a Cucho Hernández a pelear una pelota que se despedía por la banda. Esprintó, llegó, la controló por un pelo y su pase por bajo al primer palo encontró a un delantero puro, de verdad clásico. Enric, dictador del área, donde deben gobernar los goleadores, se inventó un toque de tacón que acabó en gol, celebración y tranquilidad.

UNA ACCIÓN MARAVILLOSA

Aprovechó el Huesca para venirse arriba y buscar una reválida de calma. La encontró enseguida con un golazo de campeonato, dicen que el mejor de la Liga. Otra prueba ensayada. Bota un córner con la izquierda Ferreiro que se abre para descender fuera del área a un Chimy Ávila preparado, que la empaló convirtiendo el esférico en un misil teledirigido. Golazo. El acabose. La gloria. El éxtasis. El delirio. La victoria.

De ahí al final, la Sociedad Deportiva Huesca supo contenerse sin bajar los brazos, sin ceder todo el terreno a un Eibar dolido. Le dio tiempo a Roberto Santamaría a poner una mano para mantener por tercer partido su puerta a cero. Bajo la lluvia, la grada despidió al Cucho y a Chimy, por el que se volvió a pedir a voz en grito la renovación, con ovaciones. Una fiesta en el Día de San Jorge. Para celebrar ese carácter del Huesca, tan preciosamente aragonés, tozudo y orgulloso.

Huesca, 2: Santamaría; Miramón, Etxeita, Mantovani, Javi Galán; Yangel Herrera, Musto; Cucho Hernández (Juanpi, m. 75), Chimy Ávila (Melero, m. 86), Ferreiro; y Enric Gallego.

Eibar, 0: Dmitrovic; De Blasis, Sergio Álvarez, Paulo Oliveira, Cucurella; Pedro León, Diop (Miguel Marí, m. 43), Escalante, Pere Milla (Sergi Enrich, m. 71); Charles y Kike García (Cardona, m. 40).

Goles: 1-0, m.54: Enric Gallego. 2-0, m.58: Chimy Ávila.

Árbitro: Medié Jiménez (Comité Catalán). Amonestó a los locales Enric Gallego, Yangel Herrera, Chimy Ávila y Mantovani, y al visitante Pape Diop.

Incidencias: Partido correspondiente a la 34ª de Primera disputado en el estadio El Alcoraz de Huesca ante 6.157 espectadores. El Huesca jugó con su segunda equipación, con la cruz de San Jorge.

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