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fútbol 3 EL TRAyecto del deporte a la política

Presidente Weah

El exfutbolista llegó al Mónaco recomendado por Arsene Wenger y acabó su carrera a los 37 años en Abu Dabi. El único africano con Balón de Oro afronta la aventura de presidir Liberia dispuesto a acabar con la corrupción

 

Weah juega al fútbol durante un acto de la campaña por la presidencia de Liberia. - AFP / ISSOUF SANOGO

JAVIER TRIANA
29/01/2018

El problema de las expectativas es que pueden llenar una mochila muy difícil de cargar. Pero George Tawlen Manneh Oppong Ousman Weah (Monrovia, 1966), que creció en un barrio chabolista de la capital liberiana, que gracias a sus habilidades con el balón logró salir del hoyo de la pobreza, que marcó en casi la mitad de los partidos que jugó en su primera temporada en Europa (con el Mónaco, en 1988), que ha ganado una decena de Ligas y Copas, que obtuvo el Balón de Oro en 1995 (primer y único africano en lograrlo hasta la fecha) y que fue jugador africano del año en tres ocasiones, no se amedrenta. Con una historia de película de Disney, cómo podría.

«Mi tarea será liderar esta nación de la división a la unidad. No os decepcionaré», dijo a sus seguidores durante su investidura como presidente de Liberia. Nunca un internacional liberiano se había sentado en el despacho presidencial, pero es Liberia un país pionero en África: fue el primero subsahariano en obtener su independencia, en 1847. También fue el primero en elegir a una mujer como presidenta en todo el continente, en el 2005, dos años después del fin de la última de sus guerras civiles.

Suceder a Ellen Johnson Sirleaf puede ser una tarea complicada: aparte de haber sido la primera jefa de estado electa de África, recibió el premio Nobel de la Paz en el 2011 y gestionó la crisis del ébola (Liberia fue uno de los países más afectados). Además, Sirleaf había estudiado en Harvard y ocupado cargos de responsabilidad en el Banco Mundial y las Naciones Unidas. Este contraste hizo que los votantes se inclinaran por Sirleaf en el 2005, cuando Weah optó por primera vez a la presidencia como candidato del Congreso por el Cambio Democrático (CDC).

IDEOLOGÍA INDEFINIDA / En esta ocasión, la Coalición por el Cambio Democrático (una unión de tres partidos, entre ellos el CDC, de ideología un tanto indefinida y tendente hacia la derecha) logró la victoria con más de un 60% de los votos en la segunda ronda, con Sirleaf fuera de la carrera presidencial al limitar la Constitución la presidencia a dos mandatos de seis años.

Y donde Sirleaf falló (en la batalla anti-corrupción y contra la pobreza), Weah espera marcar por la escuadra. «Creo que la manera más efectiva de ayudar a los pobres y de reducir la brecha entre los ricos y los pobres es asegurarse de que los recursos públicos no terminan en los bolsillos de los funcionarios del Gobierno», apuntó al jurar el cargo Weah, que ha hecho de la lucha contra la corrupción su bandera. Lograrlo no va a serle fácil.

Según el último Índice de Percepción de la Corrupción que elabora cada año Transparencia Internacional, Liberia se encuentra a mitad de tabla en cuestión de corruptelas, en el puesto 90 de 176 países analizados, con una nota de 3,7 sobre 10 (España es la 44ª con un 5,8). Mucho trabajo por delante para Weah y los suyos hasta alcanzar al menos un aprobado, aunque el vigésimo cuarto presidente liberiano ya tiene experiencia en imposibles: en 1996 le partió la nariz al defensa portugués Jorge Costa (quien habría proferido insultos racistas contra él) y aun así ganó el Premio al Juego Limpio de ese año.

En Clara, la favela de la capital liberiana donde Weah creció a cargo de su abuela, la gente se ve representada en él y creen que dará la batalla por personas desfavorecidas como ellos. Al menos, les regaló algunas alegrías frente al televisor mientras el ahora presidente pateaba un balón en distintas parte del mundo cuando varias guerras civiles arrasaban el país. Aunque George se libró de sufrirlas de manera directa al estar jugando en el extranjero, no se olvidó de Liberia y se involucró para ayudar a los afectados. Llegó a ser embajador de buena voluntad de la ONU.

Y eso que todo parece haber empezado por casualidad: llegó al Mónaco porque el entonces seleccionador camerunés era francés y supo de su destreza a finales de los 80. Se lo recomendó a Arsene Wegner, que por entonces estaba a cargo del conjunto monegasco, y el equipo del Principado lo contrató.

Su capacidad de trabajo y su puntería con la pelota le llevaría después a París, a Milán (a las órdenes de Capello y compartiendo vestuario con Baggio), a Londres, a Manchester, donde algunas fuentes aseguran que el delantero liberiano alternaba su carrera de futbolista con la de pinchadiscos en las discotecas. No así en Marsella, en el ocaso de su carrera, o en Abu Dabi, donde jugó hasta retirarse, a los 37 años.

Ahora, con 14 más, toma las riendas del país. La política no es una novedad: tras presentarse como candidato a presidente en 2005, y a vicepresidente en 2011 (de manera fallida) se había convertido en senador en 2015, engrosando una larga lista de deportistas de élite que se metieron a política. Como el exfutbolista Romário (senador en Brasil desde 2015) o Manny Pacquiao (diputado en Filipinas entre el 2010 y el 2016, y senador desde el 2016). O como aspira a hacer el mítico corredor etíope Haile Gebrselassie en su país.

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