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La entrevista de la semana

Ruiz Igartua: «Llenar el campo era lo normal, había gente por todas partes»

Natural de Górriz, Vizcaya, se formó en el Arenas de Getxo y llegó al Real Zaragoza al final de Los Magníficos en 1970, el año en el que el equipo descendió a Segunda División. Una temporada después estaba de vuelta en Primera y dispuesto a acoger a Los Zaraguayos de Carriega. Después de cinco años se marchó al Burgos y regresó para instalarse en la capital aragonesa, donde se hizo cargo de las instalaciones del Amistad

 

Juan José Ruiz Igartua posa en el barrio de Torrero, donde vive. - ÁNGEL DE CASTRO

RAQUEL MACHÍN
19/02/2018

–¿Cuál fue su primer contacto con el fútbol?

–Nací en un pueblo llamado Górriz, en Vizcaya, y luego bajamos a otro pueblo que hay a un kilómetro, Plentzia. Allí empecé a jugar en las campas, en el frontón, también en el colegio, que quedamos subcampeones de España. Hasta que un día vi un anuncio en un periódico local de una convocatoria de chavales para probar en el Arenas de Getxo. Fuimos unos seis amigos e íbamos jugando partidillos hasta que quedamos 16. Empecé a jugar con el juvenil y a los 17 años me pasaron a Tercera División.

–¿Qué le decían en casa?

–Mi padre me ayudó mucho. Tenía una fábrica de muebles y una furgoneta para hacer repartos y allí nos metíamos medio equipo del colegio para ir a los partidos. Cuando ya jugaba en el Real Zaragoza hacía que le mandaran Zaragoza Deportiva a Plentzia y me guardaba todos los recortes subrayando donde salía yo. En Burgos hizo lo mismo y tengo una caja llena de recortes de periódicos de aquella época.

–¿Del Arenas llegó directamente al Real Zaragoza?

–Probé en otros equipos que me querían, como el Betis, que estuve quince días con un compañero allí, pero no salió nada. Entonces nos pagaban muy poco pero el Arenas dejó de pagarnos, directamente. En un partido de rivalidad les dije que, si no me pagaban, no iba más. Y como no pagaron, dejé el club. Entonces un exjugador del Arenas llamado Ortuzar me dijo, venga, que yo te entreno, que te quieren varios clubs. Había interés del Atlético, del Valencia, del Zaragoza… Y dije, pues al Zaragoza, que está más cerca.

–¿Y vino a probar?

–Vine unos días pero entonces el Zaragoza estaba jugando la Copa en Valencia y fui a Jaca a jugar con el Aragón. Cuando volvieron de Valencia me incorporé con ellos y firmé para la siguiente temporada. Después del verano me trajo Irusquieta, que era de mi pueblo y estaba jugando aquí. Viví cinco años en una pensión con Duñabeitia.

–¿Le llamó alguien del Zaragoza para venir?

–Rosendo Hernández era el ojeador del Zaragoza y ya me había visto jugar con el Arenas.

–¿Cuándo debutó?

–Empecé jugando, debuté contra el Málaga en el primer partido, que empatamos a cero. Pero en enero me llamaron para hacer la mili. Fui al club y se lo dije a Julián Díaz y después hablé con el entrenador, Balmanya. Le dije, mira, que me tengo que presentar el sábado en el cuartel. Jugábamos contra el Barcelona y me dijo, tienes que jugar y ya te irás después. Llamó el club al cuartel y así lo hicimos, jugué y después del partido cogí un tren para presentarme en Bilbao. Luego tuve que hacer la mili en Cáceres.

–¿Qué club se encontró cuando llegó?

–Un club con problemas, que vivió una pequeña revolución y por eso bajó a Segunda ese año, aunque luego subió al siguiente. Pero ese año fue un poco revoltoso. Después llegaron los Zaraguayos y se hicieron buenos años.

–Llegó al final de los Magníficos. ¿Con quién coincidió?

–Con Villa, Santos, Irusquieta. Y Violeta, que ha jugado con todos. Y luego vinieron los Zaraguayos, que fue una época muy buena. Cuando se aclimataron dieron un gran rendimiento. Ocampos era un guerrero y un pedazo de pan fuera del campo.

–En el campo tenía fama de pegarse con todos.

–Con todo el que pasaba, incluso con los compañeros. Yo jugaba de central y en los partidillos de los jueves cuántas veces nos mandaron a la caseta a los dos por pegarnos. Luego éramos tan amigos.

–¿En esos partidillos de los jueves vio a algún jugador que destacara?

–Esos partidillos estaban bien, porque así por lo menos jugabas todas las semanas (ríe). Estaba Galdós, que llegó al primer equipo. Cuando se inauguró la Ciudad Deportiva había un masajista gallego, al que llamábamos El Brujo, y a Víctor Muñoz le ponían sacos de arena en el cuerpo y lo ponían a correr por toda la Ciudad Deportiva.

–¿Antes de que se construyera la Ciudad Deportiva, dónde entrenaban?

–Algunos días en La Romareda y otras veces en Torrero. Del antiguo campo de fútbol aún quedaba la zona del campo, las gradas ya no estaban, y veníamos en autobús, entrenábamos y volvíamos a ducharnos a La Romareda. La Ciudad Deportiva fue una buena inversión, aunque después ha estado un poco abandonada.

–¿De qué jugaba usted?

–De central, que entonces se encargaba de marcar al delantero centro. Lo que pasa es que había otro gran jugador en mi puesto, Manolo González, que llevaba más años que yo y solía jugar más. A veces jugamos juntos también. Pero si se lesionaba ahí estaba yo preparado para salir.

–¿Qué delantero era más difícil de marcar?

–De cabeza, Santillana. Y luego había grandes delanteros como Gárate, por ejemplo.

–¿Cómo fue el año del ascenso?

–Empezó Rosendo Hernández de entrenador, pero duró cinco partidos por los malos resultados. Entonces cogió al equipo Iriondo y ya subimos.

–¿Cómo era Violeta?

–Tenía dominado todo, estaba bien colocado siempre. Físicamente era un portento, tenía una gran zancada, estaba siempre atento al cruce. Y tenía buena salida de balón.

–¿Qué recuerda de Carriega?

–La última vez que le vi fue en el 75 aniversario del club, que nos invitaron a todos. En la entrevista de EL PERIÓDICO se le veía fuerte, como siempre había sido. Fue un gran entrenador. Tenía buenos jugadores pero los llevaba muy bien a todos, a los Zaraguayos y a los de aquí. Estaba muy encima de todos y fuera del campo era muy de hablar, de andar.

–¿Tenía alguna característica especial?

–Los silbidos que metía desde el banquillo para dar órdenes a los jugadores.

–¿Cómo jugaba el equipo?

–Entonces se jugaba con extremos abiertos, con la defensa muy atrás, se presionaba más. Hicimos buenos años con Carriega y cuando hay buenos resultados pues todo va bien. Porque si no juegas pero el equipo gana, qué vas a decir. Ahora, si pierdes el que no juega empieza a protestar.

–¿Cómo fue la experiencia en la UEFA?

–Jugamos contra el Grasshopper de Zúrich y cuando íbamos a salir desalojaron el avión por un aviso de bomba porque iban también militares. Allí llovía y el campo estaba embarrado de verdad, no como ahora. Sacamos un buen resultado y en la vuelta les eliminamos. Luego fuimos a Portugal y también pasamos.

–Y llegó el Borussia Mönchengladbach y ahí se acabó la aventura europea.

–Allí nos metieron cinco, aquí les empezamos marcando, les enfadamos y nos metieron otros cuatro. Eran un equipazo y Alemania era la Liga que dominaba más o menos. Estaban Heynckes, Simonssen, Stielike, Vogts...

–¿Cómo era La Romareda?

–Siempre ha sido exigente. Pero como andábamos bien, la gente estaba como loca con el equipo. Llenar el campo era lo normal. Había gente de pie por todas partes en la grada de la Casa Grande.

–¿Por qué se marchó?

–Yo tenía un año más de contrato y me había casado con una maña. Vinieron a buscarme el Cádiz, el Burgos y algún otro. Pero dije, mejor al lado de casa, y nos fuimos a Burgos. Carriega me dijo, te vas porque tú quieres, aquí te queremos como a un hijo. No jugaba de titular, pero sí participaba. Me fui a Burgos y acerté porque el Burgos subió ese año y el Zaragoza bajó. Allí estaba Juanito. Estuve seis años, a lo tonto. No seguí porque el Burgos no nos pagaba, empezó la AFE entonces, y me retiré para volver a Plentzia. Estuvimos tres o cuatro años y nos vinimos a Zaragoza.

–¿Cómo fueron los inicios de la Asociación de Futbolistas?

–Yo representaba al Burgos en la AFE. Como no nos pagaban hicimos huelga, estuvimos 15 o 20 días durmiendo en la calle, a las puertas de la Federación en Madrid, con José María García animándonos y la gente llevándonos comida. Ahí empezó a funcionar la AFE.

–¿Cómo era Juanito, con el que coincidió en Burgos?

–Un fenómeno en todos los aspectos. En el campo era guerrero, se peleaba por todos, y luego era una magnífica persona. Cuántas veces le he visto llorar en el vestuario. Y se desvivía por ayudarte. Era un gran futbolista. En Burgos estaba el campo nevado, con hielo que quedaba en las zonas de sombra, y salía ahí y hacía unos dribblings que te dejaba con la boca abierta. Tuvo mala suerte, el pobre.

–No era la imagen que tenía.

–Yo ya estaba retirado en Plentzia y mis amigos decían, este Juanito es esto, lo otro, qué mala persona... Y les dije, os lo voy a presentar. Cuando el Madrid fue a jugar a Bilbao lo llamé al hotel y quedamos. Mis amigos acabaron diciendo que era un fenómeno y cómo podían haber dicho esas cosas de él.

–¿A qué se dedicó después de retirarse?

–Estuve unos años de representante de Magefesa en Barcelona e iba y venía. Luego me ofrecieron llevar las instalaciones del Amistad y allí he estado 17 años. Marcando el campo, llevando el bar… Hasta que me jubilé a los 65 años. A Pombo, Lasure y todos estos los conozco.

–¿Ya se veía que eran buenos?

–Ya lo creo, había gente muy buena. Pasó también Ander Herrera, con Barba y una generación muy buena de chavales. Tengo muy buenos recuerdos de todos aquellos niños, aunque pasaron tantos que ya no me acuerdo de todos. El grupo de Ander era muy bueno. Adrián Barba no ha llegado no sé porqué. Es hermano del secretario técnico del Zaragoza, que estuvo también en el Amistad. Metían unas goleadas… y en cuanto marcaban iban a por el balón para sacar rápidamente. Era espectacular.

–¿Eran muy trastos?

–¿Quién no lo es a esa edad? Eran muy majos. Delmás estuvo mucho tiempo también en el Amistad. Y lo están haciendo muy bien en el primer equipo. Hace poco coincidí con Pombo en una peña y me decía, ¿te acuerdas cuando te iba a pedir golosinas? Venían a comprar con un euro después de los entrenamientos.

–¿No quiso ser entrenador?

–Cuando vine de Plentzia estaba entrenando al equipo del pueblo y aquí empecé a llevar al Arrabal, en Regional, y me llamó el Hernán Cortés de Tercera División pero bajamos. Luego fui al Alagón, que subimos a Preferente, pero me metí en el Amistad y aunque me ofrecieron alguna cosilla ya no tenía tiempo de entrenar también.

–¿Cómo ve al Zaragoza ahora?

–Los veo muy blandos, no sé si por la forma de jugar. Y pase por aquí, pase por allá, para tirar a puerta tres veces por partido. Antes ibas a algunos campos y te avasallaban, te metían en el área a base de centros. Sacabas uno de cabeza y al momento te llegaba otro. Y pitan cada falta... Ahora nosotros no duraríamos ni cinco segundos. No sabes qué esperar cuando ves un partido, estás temblando. Creo que el equipo se salvará, eso sí, porque no creo que le alcancen los equipos de abajo. Lo que me parece bien es que están usando la cantera, porque llevamos cinco años perdidos. A ver si salen más jugadores. Lo que pasa es que en cuanto destacan se los llevan, como pasó con Vallejo.

–¿Cuando se ha formado parte de una época tan buena duele más ver al Zaragoza así?

–Claro, ya me gustaría ver al Zaragoza como en aquellos tiempos que hemos tenido la suerte de disfrutar. No sabe lo que es eso, si veo una final por la tele y aún se me pone la piel de gallina.

–¿Cree que ha cambiado mucho el fútbol?

–Mucho, antes quedábamos con los directivos, nos íbamos a tomar un café o lo que fuera. Ahora los clubs son distintos, los intermediarios han ganado mucho poder y los jugadores se mueven mucho más. ¿Qué va a sentir un jugador que hoy está aquí y mañana allí? No le da tiempo a vivir esto. Entonces nosotros estábamos cinco o seis años por lo menos y cogías el cariño de la gente. Ahora eso es imposible.

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