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Siempre a remolque

En los cuatro partidos que ha dirigido Víctor Fernández el Zaragoza ha comenzado perdiendo. El Rayo se adelantó en su primera llegada, todos los rivales necesitan muy poco para hacer goles

 

Los jugadores del Zaragoza buscan explicaciones ante el gol de Varela. - dani sánchez

R. MACHÍN
20/01/2019

La historia se repite. El Real Zaragoza domina, tiene el balón, ocasiones más o menos claras, merodea el área, pero a la primera oportunidad se adelanta el rival. En los cuatro partidos que ha dirigido Víctor Fernández el equipo ha tenido que ir a remolque. Remontó frente al Extremadura el gol inicial de Willy (2-1), le dio la vuelta al tanto de Djurdjevic en Gijón (1-2), se quedó sin premio ante el Málaga (2-0) y ayer rescató un punto en Majadahonda después de que Ruibal y Varela le pusieran el partido en chino.

Es un problema, claro, porque a la vista está que así cuesta mucho más ganar los partidos. Y es un problema gordo porque los rivales no necesitan gran cosa para conseguirlo. Una oportunidad suele ser un gol. Volvió a suceder ayer en un partido en el que el Zaragoza estuvo pesado, lento, pero con el balón y el dominio suficiente como para no haber sufrido, por ejemplo si el balón de Soro que pegó en el palo hubiera ido dentro. En esa espesura el zaragozano fue el más ligero de todos, el que mejor se movió, el que estuvo en todas las ocasiones de peligro. Pero no fue suficiente. Ruibal adelantó al Rayo Majadahonda en un balón largo filtrado entre los defensas con el que el delantero se quedó solo para batir a Cristian.

En la segunda mitad fue un pésimo balance defensivo del equipo aragonés el que dejó el gol a Varela. Apenas se había visto a Cristian, era la segunda oportunidad de los locales y el segundo gol. Cuando no es un error individual es un fallo colectivo, cuando no llega por un costado se produce por el centro, si no es un balón parado aparece una contra. El caso es que al rival le entra a la primera, casi sin producir nada como ayer el Rayo Majadahonda, mientras que el Zaragoza necesita producir mucho, llegar mucho, generar mucho, para rascar un poco. Acaba rascando, sí, por fe, por insistencia, por Soro, pero siempre cuesta arriba.

El 2-0 volvía a ser una dura prueba que dejaba al equipo al borde del abismo, de otra derrota que no hubiera merecido pero que le hubiese vuelto a hundir en la clasificación. Ahí el Zaragoza demostró que le mueven la cabezonería y la fe, que está convencido de lo que hace aunque le falte mayor contundencia. Necesita urgentemente delanteros con gol para que no tengan que ser otros los que saquen las castañas del fuego. Hubo un momento de asedio con el equipo aragonés volcado hacia el área rival, merodeando el área y forzando córners a favor, y el protagonista siempre era Soro. Y si no, Papu en el ratito que estuvo. Y Eguaras con su golazo al tercer remate. En ninguna estuvieron ni Gual ni Vázquez.

Ese desequilibrio entre lo poco que le cuesta recibir goles y lo mucho que necesita para hacerlos es un lastre muy pesado para este Real Zaragoza, al que le urge sumar más y más deprisa para huir cuanto antes de la quema. Ayer las estadísticas oficiales contabilizaron seis remates del Rayo por trece del Zaragoza. Contra el Málaga la diferencia fue de 17 a 3 y de 29 a 5 frente al Extremadura. Solo el Sporting hizo más (15 por 13). En los cuatro partidos de Víctor Fernández, el equipo aragonés ha rematado un total de 73 veces para seis goles. Y le han hecho seis goles con un total de 29 remates. Una diferencia abismal que debe solucionar pronto. O remontar cada semana.

 
 
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