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La historia de los olímpicos aragoneses

El techo del baloncesto español

 

En un partido del Helios frente al Joventut. -

Alocén, con un balón en el Príncipe Felipe. -

RICARDO MARTIRICARDO MARTI 30/07/2004

Lorenzo Alocén comenzó a jugar al baloncesto a una edad muy tardía. "Un día iba por Zaragoza por la calle y Antonio Burillo me dijo si quería jugar al baloncesto. Me inicié en el 58, con 21 años. Calzaba un 45, no había botas para mí en Zaragoza y jugaba con alpargatas", recuerda.

Los medios eran prehistóricos en la Zaragoza de los sesenta. "Los días que llovía, iba al campo antes para echar el serrín. Barría la pista y no jugaba un minuto. En Helios nos duchábamos con agua helada. Eran los años de Sanz, Martínez, Burillo, Pepito Sánchez y Oliete. Ibamos a partidos con 40 espectadores". Los campos eran de tierra. "Jugaba con unas botas que pesaban cada una cuatro kilos. La suela era de goma de tractor", asegura Alocén.

En Helios jugó la Liga Nacional, "que es como la Liga ACB. La formaban equipos catalanes y de Madrid, el Aguilas de Bilbao y el Iberia y el Helios de Zaragoza". Fue internacional siendo jugador del Helios y posteriormente fichó por el Real Madrid: "Allí estuve dos años, de 1961 a 1963".

Después regresó al Helios. "Jugué dos años fantásticos sin cobrar un duro. Fui el máximo encestador y el jugador más valioso de la Liga. Por último fiché por el Picadero de Barcelona, monté una empresa de estructuras metálicas y aumenté la familia hasta los cinco hijos". Alocén se retiró en el 73 con 36 años.

Estando en el Picadero fue olímpico. "Raimundo Saporta me pidió que volviera a la selección". Los Juegos de México los recuerda por "la presencia de Luyck, que le dió un salto de calidad a la selección nacional en la que eran titulares Buscató, Emiliano y el aragonés Alfonso Martínez. Eramos un equipo bajo". El entrenador era Antonio Díaz Miguel y España quedó la séptima.

Alocén se hizo a sí mismo como jugador de baloncesto "fijándome en figuras como el yugoslavo Korac. Iba a ver todos los partidos de Yugoslavia para observar sus movimientos de pies". También recuerda al aragonés Alfonso Martínez. "Era un jugador bajo, pero tenía una calidad técnica muy buena". El zaragozano era un ganador y un luchador nato. "Resalté en un deporte en el que medía 1,94. Llegué a ser el jugador más alto de España y salíamos a jugar por Europa frente a pivots de 2,10. Todo lo hacíamos a base de narices", afirma.

Alocén es un aficionado a todos los deportes. "El Mundo Deportivo lo leo como los árabes. Empiezo por el final porque el baloncesto está en las tres últimas páginas. Sigo la natación y en el Tour me gustan las etapas de montaña", apunta.

El dopaje

Para Alocén, el dopaje es una consecuencia "de la propia sociedad. Los mismos que se cargan a los que se dopan, exigen títulos y fuerzan a los deportistas a prepararse al límite. Los ídolos se fabrican de esta manera", apunta Alocén.

Lorenzo Alocén tuvo una empresa de exportación, un despacho inmobiliario en Barcelona y fue representante de jugadores. Vive en Barcelona, está jubilado y tiene 67 años. "Ejerzo de padre-abuelo", afirma. Sus cinco hijos han practicado baloncesto. "Oscar, que es el mayor, pudo ser algo. Jugó en el Huesca, pero hoy es director comercial y viaja más que un tonto", apunta.

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