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Arte de vanguardia

El moderno edificio cautiva a los foráneos aunque sus inquilinos denuncian carencias. La obligación de cambiar el PGOU retrasó un año su apertura

 

Taller de piedra, en Artes. - CHUS MARCHADOR

El hall de la Escuela de Artes es uno de sus rincones más atractivos. - CHUS MARCHADOR

Jorge Oto Jorge Oto
11/03/2018

El traslado de la Escuela de Arte desde la plaza de los Sitios a su actual ubicación, en el Actur, no fue fácil. A un desfase presupuestario cercano al 60% –costó 19 millones cuando inicialmente estaba establecido en 13–, se unió la paralización de los trámites administrativos y de la licencia de construcción ante la obligación de modificar el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU). Así que todo desembocó en una demora sustancial que impidió ejecutar el traslado en otoño del 2008 al menos en Bachillerato Artístico.

«En el edifcio de la plaza de los Sitios solo había dos especialidades: Diseño de Interiores y Diseño gráfico y ahora también está Diseño de producto. Hubo que cambiar el PGOU para adaptar la parcela urbanística a las necesidades del momento, ya que no eran unas instalaciones que cumplieran con los requisitos mínimos para impartir estudios superiores. Se ha demostrado que el cambio ha sido para bien, con mucho más alumnado que entonces», expone Felipe Faci, actual secretario general técnico del Departamento de Educación y director general de Planificación en el 2009, cuando se materializó el traslado.

La decisión, sin embargo, topó de bruces con la oposición de gran parte del equipo directivo, docentes y alumnados, que apostaban por mantener la escuela en el centro de la ciudad y acondicionar el edificio.

La composición, obra del arquitecto Joaquín Sicilia y de 15.000 metros cuadrados, la integran tres espacios cúbicos (Escuela de Arte, Escuela de Diseño y cafetería) conectados a través de una gran planta baja. El párking subterráneo, muy luminoso, también puede ejercer de espacio expositivo.

La Escuela de Arte está llena de singularidades, como una escalera que se sustenta solo en un punto de apoyo y talleres espaciosos. «Los dos edificios son referente nacional. Junto al Conservatorio Superior de Música y la Escuela de Restauración de Huesca, son tres edidficios emblemáticos que sitúan a Aragón entre los más innovadores y vanguardistas y tres emblemas del sistema educativo», subraya Faci.

Se imparten dos niveles de enseñanza: uno se refiere a enseñanzas profesionales de Artes Plásticas y Diseño, correspondientes a un grado superior destinadas una formación artístico-profesional en una ampla variedad de campos. La segunda modalidad de enseñanza corresponde a Bachillerato de Artes bajo la vía de Artes Plásticas. En total, el centro cuenta actualmente con 689 alumnos.

Entre los ciclos que se imparten figura Gráfica Publicitaria, Gráfica Interactiva, Ilustración Cómic (se comenzará el curso que viene), Escultura aplicada al espectáculo, Técnicas Escultóricas, Joyería, Proyecto y dirección de obras, Arquitectura efímera, Grabado y Cerámica.

En el edificio colindante se levanta la Escuela Superior de Diseño de Aragón, que, con el traslado en el 2009, cerraba así el proceso de escisión de la Escuela de Arte iniciado en el 2003 con la división administrativa. Comparte algunos servicios, entre ellos, el salón de actos, un edificio multiusos con sillas retráctiles que permiten su conversión en sala de exposiciones. Al servicio de la actividad docente de las dos escuelas, también está disponible como espacio cultural para asociaciones e instituciones.

Con 300 alumnos, su oferta abarca las especialidades de Diseño Gráfico, Diseño de Interiores y Diseño de Producto, además de los cursos de adaptación a Grado para los titulados del plan de estudios LOGSE. «El cambio ha sido importante al pasar de ser una diplomatura o un nivel equivalente a ser ahora grado, Además, este año se ha implantado un máster y estamos negociando un doctorado con la universidad», apuntó su directora, Luisa Pellegero.

Pero no todo es color de rosa. Aquel ambicioso proyecto que abrió sus puertas en septiembre del 2009 estuvo precedido por problemas con molestias causadas a los vecinos por grietas y ruidos como consecuencia de las obras un año después de lo previsto. Casi una década después, y a pesar de la satisfacción general de sus inquilinos, también hay ahora espacio para cierto desecanto. Sobre todo en la Escuela de Diseño, donde alumnos y docentes hablan de problemas de climatización y de espacios. Eso sí, «los que vienen de fuera se quedan encantados y deseando volver», aseguran desde el centro.