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Generación 'H'

 

RAÚL Oliván
20/12/2015

En 2006 Enrique Gil Calvo escribió un artículo titulado La generación hipotecada, en el que retrataba con crudeza esa trampa para osos que fue la burbuja inmobiliaria. Su concepto de Generación H pretendía ampliar la nómina de etiquetas que han bautizado las sucesivas generaciones juveniles (X, Y, JASP, ninis, mileuristas-)

Gil no sólo dibujaba el semblante de unos jóvenes con hipotecas a plazos de 30, 35 y hasta 50 años, sino que ponía el dedo en la llaga, al señalar que esta generación se había hipotecado vitalmente: profesionalmente al no tener recursos para invertir en su educación o en un negocio; en cuanto a movilidad, pues no podían pensar siquiera en abandonar su ciudad; e incluso a nivel afectivo, pues la pareja se había convertido en un contrato para costear la vivienda.

La pregunta, nueve años después, es qué ha sucedido con estos jóvenes, que hoy tienen entre 35 y 45 años, y que compraron sus viviendas en la cresta de la ola. Quizá muchos de ellos engrosan las dramáticas listas de desahucios. Pero muchos más aún conforman una capa social silenciosa, que ha aguantado con estoicismo el temporal gracias a la ayuda de sus familias, y sobre todo, renunciando a sus proyectos vitales, como hacer un máster, montar una empresa o tener un segundo hijo... Es la Generación H.

Lo más preocupante de esta generación es que ahora le correspondería, por edad, liderar los procesos productivos y reproductivos del país. Eran la generación llamada a renovar España. Y esto sólo sucederá a medias, pues aquellos sueños individuales frustrados, sumados de uno en uno, tienen escala de himno generacional. Lo que debimos invertir en educación, innovación, empresas y la familia, nos lo gastamos en ladrillo.

La siguiente generación aún ha tenido peor suerte. No son mileuristas, ni tienen casa. No tienen nada. El diario francés Liberation la rebautizó en 2012 como Generación Perdida. Pero al menos les queda cierta sensación de esperanza, la certeza de que después de la catarsis, serán dueños de sus vidas, algo que no puede afirmar la Generación H .

 
 
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