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Vacantes en Alemania

Ni los inmigrantes europeos ni los refugiados pueden acceder al millón de empleos por cubrir porque no hablan alemán o están poco formados

 

CARMELA NEGRETE
28/08/2016

"Buscamos refuerzos para nuestro equipo". La frase puede leerse impresa en varios coches Volkswagen de color rojo aparcados frente a la puerta de Mobile Krankenhauspflege (MK), en el barrio berlinés de Lichtenberger. La empresa busca personal capacitado para prestar servicios en pisos compartidos con personas dependientes. La oferta es para atender en su domicilio, por turnos, a ciudadanos que no se pueden valer por sí mismos. Esta opción, que MK asegura que facilita "vivir de forma independiente e individual", tiene sus partidarios frente a las residencias, por prestar un servicio menos masificado y de trato más singular. Pero la oferta no halla suficientes demandantes.

Este es uno de los muchos ejemplos del desajuste laboral que afecta a la sociedad alemana. La paradoja es que en Alemania hay 2,5 millones de personas sin empleo, cifra que se amplía hasta 10 millones si se incluye a quienes por diversas vías reciben ayudas públicas para completar sus ingresos. La propietaria de MK, Angela Berger, admite que ella tampoco "sabría explicar" este desequilibrio entre oferta y demanda de trabajo. Alguno de los 40 trabajadores de esta empresa de asistencia domiciliaria admiten que "es un trabajo que no está reconocido socialmente".

Lo explica también que la mayoría de los jóvenes alemanes quieren ser universitarios. Según un estudio del Instituto para la Investigación del Mercado laboral y el Empleo (IAB en sus siglas alemanas), entre abril y junio no se han podido cubrir 985.000 ofertas de empleo. La cifra contrasta con la fuerte inmigración que ha recibido Alemania en los últimos tiempos, tanto comunitaria como extracomunitaria.

Las principales causas

Los expertos apuntan el desconocimiento del idioma y la dificultad para convalidar en Alemania los títulos obtenidos en el país de origen como las principales causas. La barrera idiomática, sobre todo en la prestación de servicios, es disuasiva. Pero también existe la queja contraria de que, por parte del Estado alemán, no se trabaja lo suficiente para superar el escollo de la lengua, porque para aprenderla hasta un nivel aceptable y acceder a un empleo se necesita tiempo viviendo en el país y los cursos de alemán adecuados. Y muchas empresas no disponen de recursos suficientes para financiar este aprendizaje, a no ser que recurran a los programas específicos de la UE.

Hasta ahora, los españoles que han acudido a Alemania en busca de trabajo han tenido acceso a ayudas sociales hasta encontrar un empleo. Este sistema, que también tiene detractores, supone que la Administración ejerce un férreo control sobre el aprovechamiento de las ayudas y valora si los alumnos cooperan, asisten a los cursos de formación y buscan activamente un trabajo. Pero la ministra de Trabajo, Andrea Nahles, advirtió en abril que recortará estas ayudas, lo que reducirá las oportunidades de integración para los ciudadanos del resto de la UE.

En cuanto a los inmigrantes extracomunitarios, especialmente los refugiados de todo el mundo llegados en los últimos años, la perspectiva es peor. El Gobierno ha presentado un plan para integrar solo a 10.000 jóvenes de este colectivo en un programa de formación profesional. Un número reducido en comparación con la polémica oferta de trabajo a 100.000 inmigrantes por un euro a la hora hasta que tengan conocimientos básicos.

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