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EN PRIMERA PERSONA

"Me preocupan más los niños"

Tres alumnas de Bachillerato analizan la situación tanto académica como emocional que viven los alumnos aragoneses después de diez meses de pandemia

 

Adriana Gómez, Inés Mejías y Andrea Zarazaga. - SERVICIO ESPECIAL

IVÁN TRIGO
17/01/2021

Inés Mejías estudia 2º de Bachillerato en Teruel

Es la opción menos escogida por los alumnos aragoneses, pero eso no hizo que Inés Mejías rechazara estudiar el Bachiller de la rama de Artes. Esta turolense de 17 años vive en Cella y estudia en la capital de su provincia. A final de curso tendrá que examinarse de la Evau y, aunque todavía no sabe en qué grado universitario quiere acabar, asegura que «por el momento» no está nada nerviosa de cara a la selectividad. «A pesar de todo», dice.

Ese todo son las condiciones impuestas por la pandemia y que le obligaron a comenzar el curso de forma semipresencial. Acudía a la Escuela de Arte de Teruel en días alternos. «Era un caos. Tenía solo dos horas de práctica pero tenía que estar en Teruel seis horas». En octubre regresó la ansiada presencialidad pero ahí no acabaron sus problemas. «Desde entonces los profesores van más rápido porque al principio de curso solo dimos la mitad», explica la joven.

Y después, llegaron los confinamientos. «Yo estuve diez días confinada porque di positivo y perdí muchísimo porque aunque había una profesora que sí que estaba muy encima desde casa no te enteras de nada», recuerda Mejías.

Más allá de lo académico, explica, la pandemia «está dejando una huella muy profunda» entre las personas de su edad. «La salud mental es muy importante pero no se toma en serio», dice. Y, lejos de lamentar lo que no puede estar disfrutando afirma que le dan «mucha pena» los que son más jóvenes que ella. «Los niños van a crecer pensando que un abrazo es malo. En nuestra cultura nos encanta estar juntos, abrazarnos, y no sé que va a pasar con esa generación de gente que no lo está viviendo. Quiero que ellos vivan lo mismo que he vivido yo», explica con seguridad, y pone el caso de su hermano: «Tiene tres años menos que yo, es cuando tendría que empezar a salir y no va a poder tener los mismos recuerdos que tengo yo. Y ya no sé si los podrá vivir».

El día a día, admite, es «difícil de gestionar». Ahora, se le plantea la duda de cómo quedar con sus amigas. «Somos cinco y solo podremos quedar cuatro. ¿Nos turnamos?». Eso sí, no se pondría en el lugar de los que legislan: «Las normas molestan pero no me sabría poner en su situación».

Adriana Gómez: "Me desahogo con mis padres"

Adriana Gómez tiene 17 años y estudia 2º de Bachillerato en el IES Zaurín de Ateca. Está en la rama de Ciencias Sociales y, después de la Evau, le gustaría estudiar Administración y Dirección de Empresas (ADE). En el primer trimestre las notas no le han ido mal, pero no oculta su temor a que no pueda entrar en la carrera que le gusta. «El año pasado la nota de corte subió un montón y estamos todos más nerviosos y expectantes. No sabemos muy bien todavía cómo será la Evau y nos da bastante miedo», explica esta adolescente.

El primer tramo del curso fue algo convulso porque, entre que en septiembre la docencia fue semipresencial y que faltaba un profesor, la materia se les fue acumulando. «Normalmente tenemos dos tandas de exámenes, una en octubre y otra en diciembre, pero esta vez tuvimos las dos en diciembre y fue un caos», asegura Gómez.

Fuera de las aulas, explica que sí que se apoya en algunos compañeros para estudiar o ayudarse mutuamente, pero admite que siempre se lo piensa dos veces «porque da miedo quedar con gente» aunque sea para preparar exámenes. «Si te confinan pierdes diez días de clase y en 2º de Bachiller eso es un problema. Hay profesores que no tienen la capacidad de dar clases online y te mandan la materia y te tienes que apañar», asegura. Ahora, una vez ha pasado la Navidad, los alumnos de este instituto estarían, en un año sin pandemia, preparando la fiesta de la graduación o el viaje de fin de curso. «Todavía no hemos decidido si lo hacemos o no. Sería en junio, pero hay gente que no quiere reservar por si luego nos lo suspenden», explica. Más allá, Gómez asegura que necesita «relajarse» y estar con las personas que quiere después de diez meses de restricciones.

«Al no poder desahogarme con mis amigos lo hago con mis padres y es raro porque ellos no entienden mis problemas. Me siento y empiezo a quejarme como haría con mis amigos pero ellos no viven lo que vivo yo», admite.

Al futuro le pide poder entrar en ADE y tener a los suyos consigo. «Que se acabe esto ya», remata. H

Andrea Zarazaga: "Estamos hasta las narices"

«Vivir un verano eterno» y que «no hubiera covid». Estos son los dos deseos de Andrea Zarazaga, una joven de 17 años que estudia Bachiller en el IES Goya de Zaragoza. Si bien, sus ambiciones terrenales, las de ir por casa, pasan por poder estudiar el año que viene Marketing «o alguna carrera relacionada con la economía».

El curso no está siendo fácil, admite, y cuando de más pequeña se imaginaba en segundo de Bachiller, la rampa de salida hacia la universidad, se imaginaba en una «fiesta continua». «Ahora no quedamos ni para estudiar, porque aunque sea con precaución y mascarilla en las casas de los demás no entramos, ni se nos ocurre», explica la joven.

Hasta bien entrado el mes de octubre no recuperaron la presencialidad ni disponían de los profesores para impartir las materias. «No hicimos nada y ahora vamos a toda prisa. Es mucha presión», asegura Zarazaga. A ese estrés propio de su curso se le añade, asimismo, otro inconveniente: el frío. «A clase voy con medias, pantalones, camiseta térmica, camiseta, sudadera y si sigue haciendo frío me dejo el abrigo», cuenta. La calefacción del centro no ayuda porque no siempre está puesta o no siempre se nota, lamenta esta estudiante.

Andrea da por hecho que, después de la selectividad, no podrá irse de viaje con sus amigas a Salou, como manda la tradición zaragozana. «Si al final podemos ir pues será una alegría, pero vamos...», dice.

Admite sin tapujos que conoce a varios jóvenes de su edad que están yendo al psicólogo por trastornos producidos por la pandemia. «Estamos hasta las narices», resalta, y cuenta que el hartazgo en muchos casos deriva en estrés. Ella, personalmente, trata de ser optimista y piensa en que esta pesadilla «acabará pronto». «Es mejor no pensarlo», añade.

El año que viene tiene ganas de empezar la universidad aunque, para ella, que se dice muy sociable, «será un shock» tener que hacer amigos con la mascarilla de por medio. 

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Redacción y coordinación
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Edita Prensa Diaria Aragonesa
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