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Un referente del feminismo

Anne Sexton en la intimidad

3 Editan en castellano ‘Buscando Mercy Street’, las memorias de la hija de la autora

 

La poeta norteamericana Anne Sexton lee de espaldas a sus hijas, Linda y Joy. - ian cook

ELENA HEVIA
08/03/2018

Más allá de su poesía, Anne Sexton tuvo que ser fascinante. No hay más que ver el documental Sexton at home que circula por internet para darse cuenta de la enorme potencia que emana de esa mujer fuerte y seductora como una actriz de cine en su cara más brillante y en la potencia oscura y demoledora de su sufrimiento, el desequilibrio mental que la llevó al suicidio después de haberse paseado por no pocos hospitales psiquiátricos. Trastorno bipolar fue el diagnóstico.

La norteamericana Sexton (1928-1974) es junto a Sylvia Plath, uno de los grandes nombres de la poesía confesional estadounidense. También una figura clave para la crítica feminista, ya que al igual que Plath se vio atrapada en un matrimonio convencional que no facilitaba su estatus de creadora, aunque no por ello se rindió.

Pese a que la sociedad de entonces no fomentase la sinceridad, ella fue capaz de rebelarse y escribir sobre cosas de las que, sobre todo en los años 50, las mujeres solo hablaban en voz baja. Y ahí están esos descarnados y sufrientes poemas, Menstruación a los cuarenta, El aborto, La balada de la masturbadora solitaria o En celebración de mi útero, que escandalizaron a los buenos burgueses del momento, una clase social a la que pertenecía Sexton, hija y esposa de poderosos industriales. Nadie como ella ha hablado con mayor profundidad sobre el cuerpo de la mujer, no como fantasía masculina, sino como sangre, carne, piel y placer propio.

El fin llegó por voluntad propia a los 45 años, tras décadas de sufrimiento. En el taller del también torturado poeta Robert Lowell, Sexton había conocido a Sylvia Plath y al enterarse de su suicidio en Londres dijo: «Se me ha adelantado. Esa muerte tenía que ser mía». Cuando llegó ese día para Sexton, iba perfectamente maquillada y vestida como para un cóctel, zapato de tacón de aguja, el abrigo de piel que heredó de su madre y un vaso de vodka (el tercero que se tomaría ese día) para sobrellevar la decisión. Como si se tratase de un buen melodrama de Douglas Sirk, dejó escapar en su garaje el monóxido de carbono del tubo de escape de su coche, un espectacular Cougar rojo con el que solía pasear desafiante y altanera.

No tuvo que ser fácil ser hija de Anne Sexton. Linda Gray Sexton fue la mayor de las dos y tuvo respecto a Joy, la otra hija, una mayor carga emocional y de culpabilidad. Fue a raíz de su nacimiento que su madre sufrió su primera depresión y vivió una infancia jalonada por las sucesivas crisis mentales de Anne, internada en hospitales psiquiátricos mientras la niña era apartada en casa de los abuelos. De ahí que la aparición en 1994 de las memorias de la hija, revisadas en el 2011 y que ahora se publican en castellano –Buscando Mercy Street. El reencuentro con mi madre (Navona)– son una buena noticia. No porque revelen intimidades de la poeta, que ella mismo puso negro sobre blanco en su poesía, sino porque añaden luz al contraplano de la depresión de la autora.

pulitzer / Desde su suicidio, muchos han contado la vida de Sexton, empezando por su biógrafa oficial, Diane Middlebrook, que utilizó las 300 cintas grabadas del psiquiatra de la autora, en una operación controvertida de vulneración del secreto profesional pero bendecida por Linda Gray Sexton. La biografía relató sus altibajos emocionales, sus adulterios, sus adicciones y sus relaciones incestuosas. El psiquiatra, Martin Orne, fue en cierto modo el detonante de la poesía de Sexton, ya que fue él quien la animó a escribir como terapia. De esa forma, esta ama de casa desquiciada llegaría a ganar el Pulitzer y convencer al fin a una crítica reticente (mujer y loca eran lo más alejado del canon poético masculino), aunque para el público lector, sobre todo para las lectoras, fuese un éxito instantáneo. Solía decir que la locura no la hacía escribir, que ella escribía a pesar de la enfermedad, enfrentándose a ella.

traumas infantiles / Buscando Mercy Street supone una mirada intensa a cómo una hija debía defenderse de una madre poderosa y desequilibrada que la adoraba pero la hacía depositaria de sus inquietudes siendo muy niña. El libro cuenta cómo ese suicidio con el que coqueteaba en muchos de sus poemas y en la vida real aterrorizó su infancia y marcó su vida para mal. Este libro –no tan bueno como la poesía de su madre– fue su manera de convocar a los fantasmas familiares y de paso, a golpe de terapia, desvelar un trauma original, haber sido testigo en la niñez de las masturbaciones de su madre y sentirse acosada y traumatizada por ello. Cuando apareció este libro, parte de la familia Sexton dejó de hablarle y Scorsese pretendió hacer una película que nunca llegó a buen puerto porque quiso dulcificar el resultado.

El día de la madre de 1963, 11 años antes de su muerte, Anne Sexton escribió una carta a su hija que solo llegó a esta tras su muerte. En ella la instaba a vivir al «máximo hasta la extenuación» y le puntualizó: 1. «Te quiero». 2. «Nunca me dejaste tirada» 3. «Lo sé. Yo también estuve ahí. Yo también tuve 40 años y una madre muerta a la que necesitaba».