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El arte de los sentimientos

Marta Quintín sorprende con una historia de amor imposible tras un cuadro

 

El arte de los sentimientos -

FRAN OSAMBELA NAVARRO
08/02/2018

‘EL COLOR DE LA LUZ’

Marta Quintín

Suma de letras

Cuando voces más que autorizadas nos hacen ver casi cada día que estamos ante una revolución de las mujeres globalizada –la periodista Pepa Bueno, eterna, tenaz y exquisita luchadora por la causa feminista, es un claro ejemplo–, a uno le vienen a la cabeza figuras cercanas con características comunes: atrevimiento, talento y manejo del ritmo de los tiempos, por citar algunas. Se trata de mujeres del perfil de la cineasta Paula Ortiz, la pintora Iris Lázaro, la «palabrista» Iguázel Elhombre o la escritora Marta Quintín Maza (Zaragoza, 1989), precisamente cuya segunda novela, El color de la luz, hoy nos ocupa.

Hablamos de mujeres sobre un un escenario que va más allá de un hashtag o un abanico rojo en un photocall; y por supuesto que nadie espere de ellas la estampa de una heroína con un pecho fuera, agarrada a una bandera hecha jirones o a la baqueta de un cañón. Hablamos principalmente del concepto aportación al bien común, de la capacidad de cambiar las cosas, sí, esta vez sí, desde la cultura, desde el arte, desde la creación. Sí se puede. Sí pueden.

Marta Quintín es exponente de esa fuerza. Posee la habilidad de caminar por la vida casi de puntillas y a la vez dejar tras de sí un profunda estela. Quizá por ello al escribir le pasa lo mismo: parece que lo hace sobre las teclas de un clavicémbalo y luego sus textos tienen la potencia de un órgano de catedral. Periodista formada en la Universidad de Navarra y curtida en la Agencia Efe, la cadena SER e incluso en la NASA española, ya dejó muestras de su capacidad para juntar letras con Dime una palabra, novela que terminó con apenas 18 años.

Ahora, cuando aún no ha cumplido 29, sorprende con la historia de un amor que es imposible por la propia naturaleza de sus protagonistas. Dice Marta que estamos acostumbrados a relaciones que deben superar obstáculos ajenos (la clase social, un progenitor draconiano, un malentendido... incluso un iceberg), pero que su obsesión ha sido otra: entrelazar a dos personajes marcados por la incapacidad de querer, o, al menos, de querer bien.

El resultado es una pequeña obra maestra de corte intimista que se apoya en la España de la guerra civil, el París de los años veinte o el Nueva York de entreguerras. Precisamente como corresponsal en la capital del mundo le vino a Marta Quintín la inspiración para poner en marcha El color de la luz. En el 2012, trabajando para Efe, tuvo que cubrir la información de la multimillonaria venta de El grito en la casa de subastas Sotheby’s. La conocida obra de Munch pasó a manos privadas por casi 120 millones de dólares y, redactando la noticia, la escritora zaragozana se preguntó a sí misma por qué alguien es capaz de pagar semejante cantidad por una obra de arte. A partir de ahí, su inquieta imaginación se puso una vez más en marcha. El color de la luz arranca precisamente con la subasta de un cuadro y desde el instante primero crece de forma sostenida hasta configurar un relato que por momentos sabe a poco. El cuerpo pide más texto. Más historia. Más futuro. Más arte. Más amor. Más desamor también.

Sumergido en esta novela, uno comprende por qué de todas las revoluciones que están por venir, hay una que está llamada a tener a Marta Quintín como protagonista: la de los sentimientos.

Revista RedAragon

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