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LA 72ª EDICIÓN DEL FESTIVAL DE CANNES

Cannes se rinde a la nostagia cinéfila de Tarantino

'Ërase una vez en Hollywood' no muestra al Tarantino más vistoso, pero sí al más cariñoso, en su homenaje a los que sobreviven haciendo cine

 

Quentin Tarantino, Leonardo DiCaprio y Brad Pitt, tras el estreno de Érase una vez en Hollywood en Cannes. - VALERY HACHE (AFP)

NANDO SALVÀ
21/05/2019

Por encima de ninguno otro, el tema esencial de todo el cine de Quentin Tarantino son las películas mismas. A lo largo de su carrera, el de Tennessee ha mostrado menos interés en contar historias que en rendir homenaje al wéstern, o al cine de yakuzas, o al 'film noir' o a una u otra vertiente del cine 'exploitation' de los años 70. Y aquellos de sus personajes que no se ganan la vida como actores o actrices o especialistas o propietarios de salas de cine, al menos demuestran ser plenamente conscientes de existir en el interior de un universo exclusivamente cinematográfico. Dicho de otro modo, estaba cantado que tarde o temprano haría una película ambientada en Hollywood y, ya puestos, que la titularía 'Érase una vez en Hollywood'.

La novena ficción de Tarantino llegaba al Festival de Cannes precedida de más expectativas que ninguna otra de las que este año aspiran a la Palma de Oro -el tipo de expectativas que casi nunca llegan a ser satisfechas-, en buena medida porque dificultades en el proceso de edición a punto estuvieron de impedir que el director regresara al certamen cuando se cumplen 25 años desde que triunfó aquí con 'Pulp fiction'. Las colas para acceder a la primera proyección de la película empezaron a formarse con cuatro horas de antelación, y antes de que se apagaran las luces se ha leído una carta escrita por el propio director en la que ruega encarecidamente a la prensa que evite hacer 'spoilers'. Y es una petición legítima, puesto que su metraje contiene un giro que nadie debería conocer antes sentarse a verla, y que en cualquier caso no es tan sorprendente si se tiene en cuenta que está en perfecta sintonía con la sensibilidad deliciosamente perversa de la que el director ha hecho gala en el pasado.

Situada en 1969, 'Érase una vez en Hollywood' acompaña a Rick Dalton y Cliff Booth o, dicho de otro modo, a Leonardo DiCaprio y Brad Pitt. El uno es un actor televisivo que afronta su declive al intentar dar el salto a la pantalla grande; el otro, además de su mejor amigo, es su doble en las escenas de acción y, en realidad, algo parecido a su asistente. El motivo que da interés añadido a su historia -y que a la vez es parte del motivo de las gigantescas expectativas arriba mencionadas- es que se cruza de algún modo con la historia de Sharon Tate (Margot Robbie), que es también la de Charles Manson y la de Sharon Tate.

El 8 de agosto de 1969, recordemos, cuatro miembros de la familia Manson visitaron la casa del director Roman Polanski en Los Angeles y allí mataron a Tate, que estaba embarazada, así como a tres de amigos y un joven estudiante que visitaba al cuidador de la propiedad. En ese momento Polanski, marido de Tate, estaba en Londres. Antes de irse, los asesinos usaron la sangre de la actriz para escribir "cerdo" en la puerta principal. Mientras ofrece su particular aproximación al caso, Tarantino identifica a algunos de sus protagonistas: en una escena vemos aparecer al propio Manson, aunque en toda la película nadie mencione ese apellido; en otra, Polanski y Tate acuden a la mansión Palyboy. También aparecen personajes que no pasarán desapercibidos para quienes conozcan con cierto detalle la matanza: Tex Watson, Clem Grogan, Squeaky Fromme, George Spahn.

En todo caso, Tarantino no mentía cuando advirtió que los asesinatos no eran el centro de la historia sino solo un elemento más de su tapiz narrativo. Por encima de todo, 'Érase una vez en Hollywood' es una orgía de referencias al cine de la época que recrea. Por sus escenas aparecen celebridades como Steve McQueen y Bruce Lee, que es objeto de un desternillante chiste fácil; incontables carteles promocionales de algunas películas reales -'No hagan olas' (1967), 'Péndulo' (1969)- y de muchas inventadas para la ocasión -'Comanche Squad'-, y referencias a directores como Sergio Corbucci y Joaquín Romero Marchent y una inagotable batería de referencias cinéfilas.

Lo sorprendente es que, pese a ello, en última instancia 'Érase una vez en Hollywood' no es el festín tarantiniano que su premisa prometía. No hay estructura episódica ni escenas que se alargan solo para darnos el placer de escuchar una conversación sobre hamburguesas, los diálogos son relativamente sobrios y únicamente un' flashback' -que, eso sí, está dentro de otro 'flashback'-. Y, pese a lo que su título da a entender, no es una epopeya sino solo un retrato más bien mundano de dos tipos que asisten al final de un mundo y el principio de otro y, simplemente, intentan sobrevivir. En otras palabras, pasa menos tiempo atendiendo a las idiosincrasias de su director y más derrochando amor a aquellos que sobreviven haciendo cine. Quizá no nos deje ver el lado más vistoso de Tarantino, pero a cambio nos ofrece el más sensible.

POBRES Y RICOS

También presentada hoy a concurso, 'Parasite', utiliza una premisa de lo más intrigante -una familia de muertos de hambre literalmente coloniza a otra de millonarios- para hacer sátira salvaje sobre las desigualdades entre pobres y ricos. En el proceso, el surcoreano Bong Joon-ho vuelve a exhibir su capacidad para transitar por géneros tan dispares como el slapstick y el cine de terror en una misma historia, su exquisito estilo visual y su habilidad única para mantenernos con la boca abierta.

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