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Casi un cuarto de siglo detrás de Carbonell

 

José Luis Arrazola a la guitarra, Joaquín Carbonell y Coco Balash, al bajo, en una actuación en San Jorge del 2019 en el edificio Pignatelli. - CHUS MARCHADOR

COCO BALASCH
18/09/2020

Hoy quiero escribir alguna cosa sobre Joaquín, pero no es fácil contar algo que no se haya dicho ya. He leído y he oído cientos de cosas sobre él estos días, incluso el presidente del gobierno ha escrito unas líneas dedicadas a Joaquín Carbonell en su cuenta de Twitter. Los medios, tanto nacionales como regionales han hablado de su música, de sus libros, de su trabajo como periodista, de su paso por la tele y la radio, bueno, en definitiva, han desglosado su vida pública al detalle y yo también quiero aportar mi pequeño grano de arena en este homenaje, pero tanto se ha dicho que no me han dejado demasiado margen.

Pero bueno, después de tantos años tocando detrás de él,  aparte de conocerme las lunas de su espalda, está claro que conozco momentos suyos que se alejan de lo más conocido; voy a hurgar en estos recuerdos y voy a contar alguna cosa sobre el Joaquín a pie de escenario. Pasé muchas horas con él, fueron muchos los viajes, los ensayos, las cenas, incluso llegué a compartir habitación con él. Joaquín era todo esto que se ha publicado estos días, pero también era el que yo conocí y tengo un montón de anécdotas y secretillos de esa otra vida que no es de dominio público. Sé muchas cosas sobre él, nada deshonroso, aunque alguna cosa es demasiado privada para ser contada, voy a dejar alguna de las contables por aquí, alguna sacada de estos momentos juntos que quizá no son de mucho interés pero espero que sirva de pincelada  para conocer un poco al Joaquín fuera de las tablas, las voy a relatar como yo las recuerdo. Más o menos la cosa fue así:

Corría el año 1996 ó 1997 cuando sonó el teléfono, lo cogí y pregunté y me dijo –soy Joaquín Carbonell–. Yo ya llevaba unos diez años en Zaragoza, pero al no estar en activo (Carbonell) y al yo venir de fuera no sabía exactamente quien era él, quizá lo había visto alguna vez en aquel programa que presentaba en TVE Aragón a finales de los ochenta; al no dar muestra de conocerle, me dijo –soy cantautor, sí, hombre, debes conocer…– y empezó a nombrarme varios títulos de su repertorio.  Yo no conocía ninguno y aleatoriamente decidí decir –éste me suena–, lo dije por quedar bien y para no herir demasiado el ego de aquel hombre de voz recia; así se inició nuestra relación.

Al poco de aquella llamada empezamos a ensayar lo que iban a ser las canciones de su primer disco, todas nuevas, hicimos algún bolo y finalmente grabamos Cariño y Tabaco, un disco que nunca vio la luz por algún problema con el productor; la cuestión es que Joaquín, al ver que legalmente no podía mostrar aquel trabajo, decidió grabarlo de nuevo con otros músicos y otro título, ésta fue su vuelta al papel pautado. Desde aquel disco siempre he estado con él en todas las bandas que ha montado para cantar sus canciones en directo. Durante todos estos años he visto pasar un montón de músicos, muchos cambios, unos se iban y entraban otros, pero curiosamente yo siempre estaba ahí, por lo cual, por eliminación, por cariño o porque le invitaba a tabaco o por lo que sea, tengo el honor de ser el músico que más años ha estado con Joaquín Carbonell.

Lo conocí con bigote y fumando, nunca hubiese pensado que se quitaría ninguna de las dos cosas, la verdad es que este hombre muchas veces me sorprendía. Por aquel entonces era un tipo delgado y de gran bigotón, también era un gran fumón, esas cosas eran parte del personaje; quizá pensó que había llegado el momento de dejar de ser el cantautor de posfranquismo, abandonar alguna cosa del pasado y remar hacia otro lado.  No recuerdo qué fue lo primero que se quitó, si el bigote o el tabaco, pero un día en una prueba de sonido en la Plaza del Pilar me dijo –«he dejado de fumar, volveré a fumar cuando cumpla los setenta o los ochenta»– (no es que dijese dos edades, es que no recuerdo si dijo setenta u ochenta); tengo la prueba de que el paso de los años no había borrado aquel propósito (tenía una gran memoria) y aunque no tenía intención de volver a fumar, últimamente, en los bolos, cuando tocábamos No hago otra cosa que pensar en ti de Serrat, cambiaba «he de plantearme muy seriamente dejar de fumar» de la letra original por «he de plantearme muy seriamente volver a fumar».

 Joaquín tenía un agudo y particular sentido del humor, tanto presentando sus canciones en los conciertos como en la vida a pie de calle, yo me he reído mucho en el escenario con sus ocurrencias (las traía preparadas de casa, muchas veces cuanto traía una canción nueva también tenía claro cómo la iba a presentar), de hecho tanto me gustaban algunos de sus comentarios que me he agenciado varios de sus chascarrillos para cuando me toca hablar a mí en los escenarios.

Tenía gran facilidad y habilidad para escribir, lo hacía rápido y con sentido. Eso me lo demostró un día que estábamos en Kikos grabando (yo creo que La Tos del Trompetista), él vivía en el mismo bloque que el del estudio y en un momento dado dice  – «voy a escribir la crítica de televisión para el periódico»–. Él se fue y yo me metí a grabar un tema y cuando salí de la pecera allí estaba escuchando junto a Juanjo lo que yo acababa de grabar, no voy a dar un minutaje porque no lo recuerdo, pero me quedé sorprendido por el poco tiempo que tardó en subir a su casa, ver la tele y volver a bajar ya con el artículo enviado por fax (este artículo diario que escribía cuando trabajaba en EL PERIÓDICO me encantaba, además eran, en su mayoría, de gran calidad); le pregunté cómo podía hacerlo tan rápido y me describió su depurada y precisa técnica: – «enciendo la tele, cojo el mando y voy pasando programas a toda velocidad hasta que oigo algo que me llama la atención, escucho unos pocos  minutos (dos o tres) y escribo sobre esto»– (acojonante).

Era un hombre delgado, de poco comer, de acostarse temprano, de cuidarse mucho, eso sí, siempre tenía abierto en casa un buen jamón de Teruel (eso es cuidarse bien, eso cualquiera lo sabe), también era muy aplicado y organizado, por ejemplo, cada día dedicaba varias horas a la lectura. U n día me dijo –«Coco, yo me lo he leído todo»–, no era cierto, pero sí era mucho lo que se había leído. Tenía varias frases de este tipo, otra que decía últimamente y ha resultado que tampoco era cierta es la de ­–«Os voy a enterrar a todos»–. Joder, habría podido esperar unos años más para quitarse la razón. Os aseguro que en cierta manera, aunque era, por unos cuantos años en su contra, el mayor de la banda, cuando decía esa frase se la creía, la decía porque se encontraba muy vital y fuerte, posiblemente estaba en su mejor momento, tenía la voz mejor que nunca, estaba en plena forma, tanto física como creativa y con muchas ganas de hacer cosas.

Con bigote o sin él, creo que ha dejado un buen puñado de muy buenas canciones, un muy buen legado, lástima que se ha ido en estos momentos, claro que ningún momento es bueno para eso, estoy muy triste. Un beso muy gordo, Joaquín.

Va, un pequeño secretillo: era bastante del Barça.

 
 
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