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CRÍTICA DE MÚSICA

Cuando volver es ganar

Tachenko dio rienda suelta el jueves a sus éxitos pero también hubo lugar para presentar dos nuevas canciones

 

Tachenko inició el concierto con Sebas Puente al piano y Sergio Vinadé a la guitarra. - ÁNGEL DE CASTRO

Daniel Monserrat Daniel Monserrat
05/02/2021

Rezaba una campaña de promoción de un espectáculo deportivo que regresaba a la actividad tras el confinamiento de la siguiente manera, Volver es ganar. Se trataba de un deporte que precisamente tiene mucho que ver con el grupo, Tachenko, que el jueves por la tarde (ya saben, horario pandémico), casi un año después, volvía a mostrar su música ante un público que llenó (lo que se podía) la sala Luis Galve del Auditorio de Zaragoza. Y, realmente, la crónica podría acabar aquí porque sí, volver es ganar, pero vamos a ir un poco más allá.

En una escenografía sencilla pero cuidada para convertir el escenario de la sala en lo más parecido al de una sala en las que suele tocar la banda, Tachenko facturó un concierto en el que dio rienda suelta a los éxitos pero en el que también hubo lugar para presentar dos nuevas canciones (entre las que sobresalió Oso de plata con un guiño a La lata de bombillas) que formarán parte de su octavo disco, Discotecas de la tarde «que saldrá cuando tenga que salir», bromeó durante el concierto Sergio Vinadé. Y es que esta pandemia ha trastocado todos los planes. También los del grupo que volvía a actuar en directo (algo que quizá se notó en los primeros compases de la actuación pero sin consecuencias graves) y que lo hizo con una formación en la que a Sergio Vinadé y Sebas Puente se les unió el otro miembro del grupo, Libi (al bajo) y el pianista Pit, que hizo un derroche de facultades a lo largo de la actuación que no hizo sino enriquecer las melodías de los zaragozanos.

Y, entre todo esto, ¿qué componente falta? El público. Un público que ya le dedicó un largo y fuerte aplauso a Vinadé y Puente cuando entraron en escena (empezaron el concierto ellos dos solos con Sebas Puente al piano) y que si bien le costó acostumbrarse al lugar (no es el más adecuado para disfrutar un concierto de una banda pop con asientos intercalados y poca opción para la interacción por medidas sanitarias), no dudó en recibir con calurosos aplausos cada una de las canciones y dedicar sonoras ovaciones a El niño gusano (el bis comenzó con la interpretación de Lourdes), a la propia Lata de bombillas o a la banda cuando se despidió.

Por en medio, Tachenko demostró su conexión con el público y su buen hacer con la interpretación de canciones convertidas ya en iconos populares para sus fans como Armagedón, Domingo de resurrección, La resistencia, Amable, Suerte y relámpago, El amor y las mayorías... para acabar con Dame una pista. Las caras del grupo y del público al acabar el concierto no eran más que un reflejo de cómo empezábamos esta crónica. Volver es ganar.

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