El escritor barcelonés Jordi Sierra i Fabra, con la novela El aprendiz de brujo y Los Invisibles, es el ganador del XXIV Premio Edebé de Literatura Infantil --dotado con 25.000 euros-- , que se hicieron públicos ayer, mientras que el murciano Luis Leante, con Huye sin mirar atrás, lo es en el apartado juvenil --dotado con 30.000 euros--.

Jordi Sierra i Fabra presentó una inquietante novela, de atmósfera gótica, a partir de un elixir que devuelve la vida a los muertos, un "artefacto de relojería", según el miembro del jurado, Toni Iturbe, quien añadió que es también una obra "muy bien hecha técnicamente, aunque tiene sus riesgos en el contenido, porque hablar para niños del paso de la vida a la muerte no es fácil".

Sierra i Fabra, que es la tercera vez que gana uno de los premios Edebé, señaló que este relato, en el que un aprendiz de brujo revive por error a un niño, lo escribió en apenas seis días y sin guión previo --"salió por sí solo"-- aunque, si puede hacerlo de esta manera, es porque detrás cuenta con una trayectoria de sesenta años.

En este punto, recordó que la novela la ha tenido guardada en un cajón durante tres años hasta que un día decidió que "tenía gracia" y la envió al premio Edebé, que ganó por primera vez hace 22 años con Aydin, un texto que se sigue vendiendo.

"¿Por qué he vuelto al premio?", se preguntó a sí mismo, para responderse a continuación que confía en la editorial, que hace diez años también lo distinguió en el apartado juvenil por la obra Llamando a las puertas del cielo.

En esta ocasión, sin embargo, quiso dejar claro que, aunque el libro contiene su marca --muchos diálogos y un ritmo trepidante--, es muy diferente a otros que ha escrito, especialmente porque nunca antes había trazado un personaje como el del profesor Haggath, un brujo clandestino y un niño como Mortimer Saw, que reside en un orfanato.

HISTORIA ECLÉCTICA Luis Leante ha escrito una ecléctica historia en la que un adolescente, Enrique, cinco años después de la muerte de su progenitor, verá cómo un hombre enigmático, Héctor, se instala en su casa y, en una trama de persecuciones en coche, protección de testigos e huidas frenéticas, redescubrirá a su padre y a sí mismo. La miembro del jurado Care Santos explicó que se trata de una novela negra "con una acción trepidante, con un arranque que no deja ni respirar, que engancha desde la primera página" y que concluye con un final feliz y escrito en segunda persona, lo que siempre supone un reto para el escritor.

Leante reinvindicó la novela de género, pero también "el cine de género, de acción o incluso la música", porque, al final, "todo es género". En la novela, ha querido plasmar una historia que sea "una huida hacia adelante y también una huida hacia atrás del personaje protagonista, un adolescente al que persiguen, y que tiene que volver hacia su pasado, porque tiene lagunas de memoria".

Enrique, este chico que no es como los demás, se dirige a su padre fallecido a lo largo de las páginas, pero "no es una novela ni tétrica ni negativa, no hay dolor, ni tristeza, nada macabro o morboso, sino que lo que hace es contarle a él lo que le ocurre, cosas que les pasan a muchos niños".

Profesor de latín durante más de dos décadas, Leante no esconde que su hábitat natural "son los niños" y reconoce que hace literatura juvenil porque siempre tiene "material a mano". "La mayor parte de las historias que invento tienen muy poco de ficción; todo está inspirado en cosas que he oído", apuntó.