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ENTREVISTA

Alejandro Morellón: "El pasado puede llegar a modular nuestra identidad"

El escritor madrileño presentó en la librería Antígona de Zaragoza su novela 'Caballo sea la noche'

 

Alejandro Morellón. -

RAQUEL GARCÍA
30/10/2019

«Una novela desbocada, poética y filosófica que roza la locura y el absurdo con admirable maestría». Así es la última obra del escritor madrileño Alejandro Morellón. Tras publicar libros de relatos como La noche en que caemos (2013), con el que obtuvo el Premio Fundación Monteleón o su novela El estado natural de las cosas (2016) con la que ganó el prestigioso Premio Hispanoamericano de cuento Gabriel García Márquez, otorgado por el Ministerio de Cultura de Colombia, Morellón acaba de publicar Caballo sea la noche, una novela sobre el pasado, la culpabilidad y las tragedias intrafamiliares.

–¿De dónde surge Caballo sea la noche?
–Surge de unas reflexiones que estaba escribiendo en torno a la identidad. Por otro lado viene también de un cuento corto que escribí hace mucho tiempo sobre un personaje que duerme todo el día para no tener que enfrentarse a una realidad que le excede y que es más grande que él mismo. Con estas dos ideas, la del personaje que duerme todo el día para evitar enfrentarse al dolor y este discurso en torno a la identidad surge esta novela sobre la tragedia intrafamiliar.

–¿De qué trata la novela?
–La novela consta de cinco capítulos, que a su vez se encuentran compuestos por frases largas ininterrumpidas. Solo está compuesto por cinco frases el libro, en las que se alterna la voz de Alan y la de su madre Rosa, en torno a un episodio trágico de cariz sexual entre dos miembros de la familia. Tanto el personaje de la madre como el de Alan piensan sobre ese suceso cada voz con su perspectiva, con su culpa, con su remordimiento, con su memoria particular y el lector va conociendo cuales son los vericuetos a través de esas dos voces que a veces se entrecruzan y de alguna forma ponen al lector en una especie de tesitura en la que tiene que ordenar en un puzle las diferentes piezas narrativas que aparecen en la novela para armar la historia.

–¿Cuál es el mensaje de fondo de la novela?
–Si hubiera un mensaje de fondo diría que es el de la identidad y el pasado. Es decir, de qué forma el pasado puede modular nuestra identidad y de qué forma un mismo acto puede verse de una forma o de otra totalmente distinta en función de quien viva el suceso, desde dónde se mire, cuál sea la parte de culpa o de no culpa, y también de cómo creemos que han pasado unas cosas y recordamos otras o las recordamos de una forma distinta, porque conforme transcurre el tiempo nuestra memoria modifica los recuerdos.

–Entre estos personajes se observan diferencias notables.
–Sí, por ejemplo, Alan es un personaje que duerme mucho para olvidar un hecho del pasado y evadir una realidad que lo atormenta, mientras que Rosa sufre insomnio y no puede dormir. Ahí también se genera esa lucha de contrarios, entre el personaje que duerme y el que tiene insomnio, son distintas formas de encarar un mismo problema. Es en definitiva un yin yang, estos personajes se complementan pero al mismo tiempo se repelen porque son partícipes de una misma tragedia pero desde distintos puntos de vista.

–¿Existe un cierto contraste de personalidades entre estos dos personajes?
–Diría que hay una antítesis muy fuerte entre los personajes de Alan y Rosa, también se ve en el lenguaje. El lenguaje de Rosa es más terrenal y el de Alan más fantasmagórico. La curiosidad de la novela también es que sucede todo en una casa y no salen nunca de allí. Por eso es un lenguaje opresivo, claustrofóbico. De algún modo quería que las frases largas ininterrumpidas fueran para el lector agobiantes en el sentido en el que los personajes también sienten un cierto agobio por no salir de la casa. Así, de la misma forma en la que el personaje no sale nunca de la casa que el lector no salga nunca de la frase.

–¿La casa se percibe entonces como un personaje más dentro de la historia?
–Podría decirse que sí, que es parte de esa construcción del lenguaje que no deja respirar. Tampoco describo la casa, solo doy cuatro detalles y no me recreo mucho en las descripciones de la casa porque todo queda en una especie de nebulosa indefinida que el lector no termina de abarcar por completo, sino que tiene que ir adivinando.

–Además, hay otros dos miembros en esa familia que ya no viven en la casa
–Sí, por eso solo escuchamos la voz de dos de ellos. Los otros dos que son Marcelo, el padre, y Óscar, el hermano mayor, están ajenos a la casa, ya no están en la vida de Alan y Rosa. Uno de los dos ha muerto y el otro ha huido. Sabemos de ellos solamente a través de Alan y de Rosa, por lo que no se llega a tener una definición completa de la perspectiva de ellos. Esta parte que falta de la novela es la que el lector tiene que incorporar y de alguna forma inventar por sí mismo.

–Entonces, ¿es el lector el que compone el puzle?
–Yo concibo la literatura como un rompecabezas que tiene que dejar un margen de interpretación al lector. Nunca me ha gustado la literatura que te lo explica todo, sino la que deja algunos vacíos para que el lector sea cómplice, tenga el trabajo de con los datos que le da la novela construir un armazón narrativa. Mi propósito al escribir una novela que tuviera ese vacío, también formaba parte de esa necesidad de dialogar con el lector, para que este tuviera un margen y pudiera establecer su propia historia. 

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