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El festival aragonés de novela negra

«Es el crepúsculo de una época que abrió grandes expectativas en Cuba»

 

El escritor cubano Leonardo Padura, ayer, en la capital aragonesa. - ÁNGEL DE CASTRO

DANIEL MONSERRAT
25/01/2018

–Llega a Aragón Negro a recibir el premio de honor con una nueva novela de la serie de Mario Conde recién publicada, La transparencia del tiempo (Tusquets), ¿el título lo dice todo?

–Somos la única especie que habita sobre la tierra que tiene consciencia del paso del tiempo, el tiempo de las otras especies es circular y tiene que ver con el día y la noche. Nosotros tenemos una percepción lineal cronológica del tiempo y la Historia es la dimensión en la cual se materializa el tiempo que pasa. Es una sucesión de acontecimientos pero es sobre todo la experiencia vivida por el hombre y creo que la lectura de la Historia es una de las maneras que nos permite entender no solo de dónde venimos sino por qué hemos llegado de la manera en qué hemos llegado a dónde estamos y hay elementos de la historia que a mí me atraen especialmente.

–¿Es por eso que ha seguido aquí con la senda que ya inició en Herejes, si hablamos de la serie de Mario Conde, de ahondar en la novela histórica?

–Utilizo la Historia en mis novelas como una manera de iluminar el presente, ver cómo el hombre a través de la Historia ha tenido actitudes iguales, similares, parecidas en coyunturas parecidas y las reacciones que han provocado en su vida personal y en la de una sociedad. Por lo tanto, la Historia no es para mí un texto que se lee, es un estado del tiempo en la evolución de la sociedad en el cual encontramos que nos permite entender lo que somos en la actualidad. Esa es mi mirada sobre la Historia.

–Al fin y al cabo, la novela negra es un reflejo de la realidad social.

–Sí, lo que pasa es que la novela negra generalmente se refiere a asuntos contemporáneos, esa ha sido su materia prima fundamental, las sociedades contemporáneas, los conflictos de las sociedades contemporáneas, la crítica de esas sociedades a través de su lado oscuro. Yo también hago eso pero trato de darle como una profundidad mayor con la incorporación de estas miradas históricas. No es que revolucione la novela negra ni mucho menos pero es una intención mucho más literaria y estética que supera la mirada centrada en lo contemporáneo porque creo que el género es muy generoso en cuanto a las posibilidades que te da de poder escribir lo que quieras.

–La historia principal de La transparencia del tiempo, aunque hay un viaje también al pasado en España, transcurre en La Habana en el 2014 en el final de una época para Cuba.

–Esta es una novela crepuscular, es el crepúsculo de una época que abrió grandes expectativas. En 2014, la novela se cierra con un acontecimiento que no se dice cuál es pero cualquier lector contemporáneo sabe cuál es, que Cuba y Estados Unidos empezaron a conversar para volver a tener relaciones y aquí vuelve otra vez la Historia. Han pasado tres años y dos meses de aquel momento en el cual la sociedad cubana recibió una conmoción, tras más de 50 años de hostilidad política y real de embargo económico, de ofensas, de pronto la posibilidad de unas conversaciones provocó una conmoción. Imagínese, sucedió el día de San Lázaro, un santo milagrero en el que mucha gente tiene fe en Cuba, y mi madre me dijo que aquello había sido un milagro de San Lázaro, mi mujer empezó a llorar... Es una historia muy visceral para los cubanos y de pronto, ahora, cuando sale la novela, ya no está en el poder Obama, está Donald Trump, y las relaciones entre Cuba y EEUU están en un punto más atrás del que estaban entonces.

La novela trata de reflejar el estado de ánimo existente en ese momento en un personaje como Mario Conde y el grupo de sus amigos en un momento también crepuscular de la vida, en el que van a entrar en lo que Conde llama la cuarta edad, van a cumplir 60 años y sabe que su plazo de estancia en la tierra ya sobrepasó una cifra y la que queda es mucho menor y ve esto con cierto temor y a veces hasta con cierto abismo.

–Sus novelas esconden reflexiones que realiza a través de los personajes, ¿es ese ejercicio algo intrínseco al escritor?

–Hay escritores que no necesitan tanto. En mi caso yo vengo de una experiencia y una serie de influencias que me interesan esos escritores que establecen diálogos con su sociedad. Y en mi caso es fundamental. Cuando escribo una novela la primera pregunta que me hago es para qué la voy a escribir, no por qué la voy a escribir ni cómo. Eso viene después. Y tiene que ver con la incidencia que tendrá con respecto a la sociedad la novela. Este libro está escrito para hablar de esa Cuba crepuscular en la que se han acumulado una serie de pequeños cambios que empiezan a alterar la sociedad pero que no son suficientes como para cambiarla hasta el punto que algunas personas pensamos que debe cambiarse. Y esa relación con lo social en las novelas de Mario Conde es muy evidente. Son crónicas de la vida cubana contemporánea durante 25 años. Mario Conde es la forma más recurrida que yo he tenido para hablar de la sociedad cubana desde un personaje que no soy yo pero es muy cercano.

–¿Es la suya una generación sueños frustrados en Cuba?

–Mario Conde tiene un elemento de melancolía y de desencanto propio de él y por eso su manera de defenderse en la sociedad en la que vive es la ironía, él es incapaz de hacer otras cosas pero verbalmente busca su defensa a través de la ironía. Y es una sociedad en la cual la generación a la que pertenezco yo y Mario Conde tuvo sus posibilidades, los caminos de una posible realización y después vio como esos caminos se iban cerrando o estrechando y siempre creemos que a diferencia de otras generaciones que pudieron decir sí o no, la nuestra no tuvo esa posibilidad. Tuvo muy poco margen de decisión y de pronto la misma evolución del proceso social que se vive en Cuba nos descolocó de cara a un futuro que ya está en el presente en el cual los más hábiles son los que llegan, es una generación que no adquirió esas habilidades. Adquirió conocimiento, practicó la solidaridad, creyó o descreyó con firmeza, se llenó de dudas y de preguntas que nunca se respondieron pero no se preparó las uñas lo suficientemente afiladas para poder trepar en condiciones que van siendo diferentes.

–En algún momento le he oído expresar preocupación por los índices de lectura en la Cuba actual.

–Es dramático a nivel universal que desciendan los índices de lectura o que se lea de manera diferente porque ves todo el tiempo a muchos jóvenes que de hecho están leyendo pero no lo hacen como leyó mi generación o como se leyó hasta mi generación. El libro empieza a quedar en un segundo o tercer plano y muchas veces solo se leen cuando se va a estudiar y ni siquiera eso, prefieren una web y encontrar una síntesis de lo que tienen que leer, se lee de una manera diferente. En el caso cubano uno de los indiscutibles logros del proceso social fue el aumento de los índices de lectura, de los niveles de publicación… todo eso empezó a descender a partir de los 90. La evidencia es que llegas a un lugar donde hay un grupo de 30 personas esperando en una oficina, consulta médica, donde no hay nada más que hacer que esperar y nadie lee. Eso en un país en el que hace 30 años, de esas 30 personas había 15 de ellas leyendo y una de las cosas que lleva a esto no solo es el proceso de desarrollo tecnológico sino que hay carencia de libros y de opciones y eso también hace que perdamos lectores.

Revista RedAragon

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