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«Es un mito que judíos y cristianos se respetaran»

3 El nuevo libro de Álvaro López repasa las normas que regían la vida de los sefardíes

 

Álvaro López Asensio ya está preparando nuevos números de esta serie de libros sobre sefardíes. - paula gabás

I. T.
17/05/2018

Álvaro López Asensio es uno de los mayores expertos sobre la historia de los judíos en Aragón durante la Edad Media. Estudió teología en la Universidad Pontificia de Salamanca y amplió sus estudios en Jerusalem. En la actualidad es profesor de secundaria y bachillerato en Sabiñánigo y miembro de la Asociación Hispana de Estudios Hebraicos. Entre sus libros destacan Oficios de los judíos de Calatayud, Sabiduría judía de Calatayud y Sefarad y Judíoconversos e inquisición en Calatayud. Ahora presenta su nuevo trabajo, Privilegios y gobernanza de los judíos de Calatayud y Aragón, en el que resume los modos que tenían los judíos de organizar sus instituciones y la forma de reglar su sociedad hasta que los Reyes Católicos los expulsaron de la península en 1492.

DESIGUALDAD Y RELIGIÓN / La sociedad judía en la edad media se dividía en tres estamentos, la mano mayor, la media y la menor o baja, estructura pareja de la de los cristianos, en las que los nobles y el clero estaban por encima de la burguesía –artesanos y comerciantes sobre todo- y estos, a su vez, por encima de los campesinos. La gran diferencia, y principal motivo de disputa entre ambos mundos, el judío y el cristiano, era el dinero. «La comunidad judía era más rica que la cristiana en todos los niveles. Un pobre judío era mucho más pudiente que un pobre cristiano, y eso era porque se apoyaban entre sí y se daban trabajo los unos a los otros. Los únicos pobres eran la gente que no podía trabajar, como las viudas o las personas que padecían alguna enfermedad», explica López.

Los judíos siempre fueron una minoría en la península: en Calatayud, sede de la comunidad judaica más importante de la Corona de Aragón junto a Gerona, en el momento de máxima expansión a principios del siglo XV llegaron a representar un quinto de la población (unos 1.000 habitantes). A pesar de esto, socialmente demostraron mucha superioridad en algunos campos como la economía o la enseñanza. Por ley, los judíos escolarizaban a sus menores garantizando tasas de alfabetización mucho mayores a las de la realidad cristiana, donde solo los nobles y el clero sabían leer y escribir. Por otra parte, la posibilidad de prestar dinero, algo que los cristianos tenían prohibido por religión, les aseguró hacerse con el monopolio de la economía, lo cual les permitió tener cierta influencia en la corte, que se tradujo en la concesión de privilegios, la mayoría encaminados a garantizar la autonomía y el autogobierno de estas comunidades.

Las juderías se regían por varios niveles legales. En primer lugar, los judíos eran propiedad directa del rey, por lo que era con el bayle, el representante del monarca en cada región, con el que tenían que tratar para intentar conseguir privilegios o concesiones especiales. También dependientes del rey eran los fueros locales, que en alguno de sus apartados definían los modos de vivir de los pueblos, lo que podía afectar a las juderías. Y ya como instituciones propias y que emanan de la tradición religiosa de estos pueblos, existían la halajá, o ley judía y las takanot. Las primeras se basaban en contenidos bíblicos y talmúdicos y eran las normas por las que se regían los tribunales de justicia judíos, y las takanot recogían los modos de vivir y comportamiento y cuestiones más cotidianas y de conducta.

MALA RELACIÓN/ Según López, no es cierto que hubiera buena relación entre cristianos y judíos. «Es un mito que se respetaran. Lo de las tres culturas esconde detrás intereses políticos. La realidad es que no cohabitaban y que eran sociedades totalmente endogámicas que no se juntaban. Solo tenían entre sí relaciones mercantiles y comerciales», explica López, que también cree que es insuficiente el currículo que se imparte en los colegios sobre el judaísmo. «Yo soy profesor y lo sé. Los judíos llegaron a España hace más de 2000 años y solo se mencionan en los libros de texto en pocas líneas y para decir que los expulsaron en 1492», lamenta el docente. En la actualidad, las obras de López están siendo traducidas al hebreo y editadas en Israel.

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