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Irvine Welsh recupera a la pandilla basura en ´Porno´

  •  El autor vuelve a contar historias de los personajes de ´Trainspotting´


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    Irvine Welsh recupera a la pandilla basura en ´Porno´ -

    S. SANCHEZS. SANCHEZ 16/07/2005

    El escocés Irvine Welsh (Leth, 1961) está seguro de dos cosas: 1/ que el mundo ya no es lo que era en Trainspotting (la cocaína ha sustituido a la heroína, la música electrónica se ha convertido en objeto de consumo popular), y que 2/ aunque lo ha intentado (desde la lamentable Las pesadillas de Marabú hasta la notable colección de relatos de The acid house , no ha podido desembarazarse de la carga de haber concebido una novela generacional cuando las novelas generacionales ya estaban anticuadas. Porno (Anagrama) es, en este sentido, una claudicación y una obra de madurez: por un lado, admite secretamente las dificultades de su autor para liberarse de su marca de fábrica, y por otro, ilustra la evolución de un universo propio que avanza y se enriquece. Lo que está claro es que Welsh es un escritor con rayos X en los ojos porque en Porno sigue demostrando que lo suyo son las radiografías morales.

    Lo más curioso de esta escéptica, sóridada y divertida novela no es tanto el reecuentro con Sick Boy y sus colegas sino la aparición de la fascinante Nikki Fuller-Smith, estudiante de cine y prostituta que pasea su inteligencia por el ingenuo y masculino sentido del (des)honor que hasta ahora había caracterizado la obra welshiana. A través de sus ojos asistimos a la crónica de una decadencia anunciada, esta vez con el telón de fondo del mundo de la industria doméstica del cine porno. La decadencia de todos aquellos que se han negado a crecer amparándose en una irresponsabilidad peterpanesca que se disfraza de drogas, alcohol, fraudes, timos y sexo barato. Hay otros protagonistas en Porno : destacan Spud, el más inocente de los colegas de Trainspotting , y Begbie, el más violento, pero es Nikki la que ofrece una voz más fresca, más objetiva , en esta notable vuelta al ruedo de Edimburgo de una pandilla basura predestinada a transformarse en eso, en basura.

    Welsh sigue dominando el pulso de las voces narrativas tratando de no implicarse con las víctimas pero no puede evitar cierta empatía con ellas, preguntándose, como nosotros, cuando volveremos a verlas.

    Revista RedAragon

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