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Crítica

Juan Perro, en el delta del Ebro

 

POR JAVIER LOSILLA
25/10/2013

ARTISTA Juan Perro con el espectáculo Una casa en el aire

LOCAL Teatro Principal, de Zaragoza

FECHA miércoles, 23 de octubre

ASISTENCIA 500 espectadores

Brillante y arrebatador estuvo Juan Perro (Santiago Auserón, o sea) el miércoles en el teatro Principal, donde presentó el espectáculo Una casa en el aire, un compendio de canciones de sus discografía en solitario (y alguna pieza inédita) llevadas a ese terreno en que prima el placer de la imprecisión, dicha sea la afirmación en el sentido de frontera. O sea, haciendo gala de la historia musical (la huella sonora, vaya), que tan bien conoce, Juan Perro lleva las composiciones desde Cuba a Nueva Orleans y viceversa, como un sonero antiguo y como un bluesman de raza, acercando orillas y amasando sincretismos en un esplendoroso tratado de negritud que no oculta los aromas (roqueros, trovadorescos, mediterráneos, etcétera) que algunas de las canciones adquirieron en origen. Juan Perro, brillante y arrebatador, reitero, magnífico de fondo y forma, acompañado por ese mago de la guitarra, propietario de una sombroso bagaje musical, que responde por Joan Vinyals, barcelonés a quien Auserón llama cariñosamente "el dimoni del barri de Gràcia".

Juan Perro jugaba en casa y no escatimó tiempo ni canciones a sus paisanos: 22 piezas como otros tantos soles lanzó sin prisa, ofreciendo un espectáculo doble: por un lado, la vitalidad de la música; por otro, la gracia, la ironía y la invención de unas inteligentes e hilarantes presentaciones que son en sí mismas todo un show: con un verbo que conjuga lo popular con lo erudito, Auserón igual elabora una teoría sobre el origen zulú de los zaragozanos, que cita (sin citarlos) a los filósofos Deleuze y Guatari y sus máquinas deseantes.

Piezas de Raíces al viento, La Huella sonora, Míster hambre, Cantares de vela y especialmente Río negro, su disco más reciente, configuraron un apasionado y excitante repertorio, completado con alguna canción inédita (Ámbar, Luz de mis huesos-) y rematado en los bises con la cubanía de Beny Moré (Hoy como ayer) y el swing de Duke Ellington (Flamingo). Una casa en el aire es una propuesta vibrante que enlaza con los tiempos de cuando las canciones eran solo (¡casi nada!) hermosos retazos de vida lanzados al viento. Juan Perro asume con orgullo ese papel de contador de historias, de traficante de emociones sentado a orillas del delta del Ebro, lugar mágico en el que confluyen los ecos de todos los ríos y de todos los mares.

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