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LA ENTREVISTA

César Muñío: «La plaza del Pilar es un espacio cohesionado y el mejor para la feria»

 

César Muñío, de la Librería París de Zaragoza, ayer en la última tarde de la feria. - JAIME GALINDO

GARZA AGUERRI
10/06/2019

La Feria del Libro de Zaragoza puso ayer el punto final a nueve días en los que los autores se han encontrado con sus lectores y los libreros y editores han hallado en la plaza del Pilar un escaparate de lujo. Una feria que, en principio, presenta un saldo positivo tanto por la afluencia de público como por las ventas. Al menos así lo ve César Múñío, presidente de Copeli, la entidad organizadora de la cita zaragozana.

–¿Diría que ha sido una buena feria?

–Cada año pasamos unos boletines para que los libreros expongan cómo les ha ido y así hacer las estadísticas. Ese recuento, llamémoslo así, no lo tendremos hasta el martes, pero a falta de ello las sensaciones son buenas. Sobre todo porque entre semana ha habido público. Y de los dos fines de semana, el primero fue mejor que este último, que ha estado un poco más flojo. Pero eso siempre pasa, siempre hay un fin de semana espectacular y otro algo más flojo. También en Madrid, donde estuve el otro día, me decían lo mismo. Aún así, el sábado se trabajó bastante.

–Tienen alguna explicación para ello, quizá el calor, o que el primer fin de semana la feria era novedad y que en este último el que tenía que ir ya había ido

–Realmente no lo sabemos. El pasado fin de semana, por ejemplo, también hizo mucho calor y además había fútbol, que otras veces ha influido y sin embargo esta vez no nos ha perjudicado. Es difícil saber qué mueve al público.

–La Feria de Zaragoza parece tener un modelo asentado, pero hay que evolucionar. ¿Hacia dónde?

–Bueno, además de las ventas, en los boletines les pedimos a los libreros y editores que aporten sus propuestas y sugerencias y que hagan críticas constructivas hacia lo que creen que no funciona. El año pasado, por ejemplo, apuntaron que las presentaciones de libros aportaban poco, que la gente no iba, y que era algo que había que corregir. Lo hemos hecho quitando presentaciones y aumentando el número de firmas y parece que ha funcionado.

–¿Pero ha seguido habiendo actos paralelos que han tenido su público y algunos han sorprendido como el de dejar libros en el autobús?

–Sí, como digo nos hacemos eco de lo que nos piden los expositores y hemos tratado de dar una programación variada ya que pedían que hubiese algo más que las presentaciones y los cuentacuentos de siempre, había que darle la vuelta. Por ejemplo, Bernardo Atxaga tuvo un encuentro con la gente y ha estado muy bien. Hay que hacer cosas diferentes, como lo del autobús o los talleres para niños; incluso ha habido conciertos de música.

–El sábado, algunos libreros se quejaban del calor. ¿Es la plaza del Pilar el mejor sitio?

–El cambio a la plaza del Pilar en principio ha ido bien. Es el tercer año y a fecha de hoy es el espacio que más nos encaja. Sería raro que ahora en las estadísticas salga otra cosa. Es un espacio cohesionado, en el que nos vemos las caras y en el que si se escapa un niño no hay que temer al tranvía, como en Independencia. Pero está claro que con las fechas tenemos un problema, tanto por la meteorología como porque coinciden con el final del colegio y es difícil programar cosas para chicos cuando están acabando las clases o en plenos exámenes los más mayores. Por ejemplo, no podemos hacer nada para grupos de colegios porque les es imposible venir. De todas las formas es complicado saber cuál es el momento del año adecuado, pues ya hemos planteado otras veces cambiar de fechas pero es difícil. Lo ideal igual sería octubre, pero están las Fiestas del Pilar, y además a lo largo del año Zaragoza es una ciudad que tiene mucha oferta de eventos. El caso es que no es fácil lanzarse a la locura de cambiar de fechas.

–Aunque la mayoría de los expositores hablan de satisfacción, también he encontrado estos días quien se queja de que cada vez se van vendiendo menos libros. No sé si usted lo ve así. Y en todo caso, qué influencia puede haber tenido en ello el libro electrónico.

–Más que el libro electrónico nos han afectado los gigantes de las ventas on line. La cuestión es cómo afrontar ese problema. Hacer entender a los lectores que las librerías aportamos valor a esa compra, que no solo es la cuestión económica. El libro informático en sí no nos preocupa, porque si no ya hace diez años que teníamos que estar muertos, según decían. El electrónico es un libro también, sí, pero es un soporte diferente y los lectores siguen apreciando el papel, por lo que el libro físico tiene aún mucho que decir. Aunque en realidad no sé qué pasará con las siguientes generaciones, que son las que van a marcar las tendencias.

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