Vaya por delante que el firmante comparte el comunicado emitido por la IGP Ternasco de Aragón, en el que se "advierte de la posible desaparición de una Indicación Geográfica Protegida, cuyo prestigio ha traspasado las fronteras autonómicas, y que ha alcanzado su 25 aniversario". Pero en estos tiempos que vivimos, de cortos 'tuites' y más exiguos titulares, adelantar la idea de que "el Ternasco de Aragón se encuentra en extinción" se presta cuando menos a confusión, cuando no diversas chanzas.

En primer lugar porque, según los parámetros usuales, ninguna de las tres razas ovinas que conforman la cabaña de la que surge el TA, atraviesa tal trance. Sin embargo el concepto asociado a las palabras "peligro de extinción" es precisamente lo contrario de lo que se quiere trasmitir. Pues cuando una especie vislumbra tal peligro, lo propio es protegerla, hacerla crecer, apadrinarla, mimarla. Es decir, que comenzáramos a adoptar a los cordericos como animales de compañía, hasta que fueran muchos y volviéramos a comérnoslos.

Sin embargo, la idea es la contraria. De entrada, que la Administración se ocupe de las penalidades de los ganaderos que elaboran TA, como hacen por ejemplo los franceses con lo suyo, sorteando la burocracia bruselense con diferentes medidas. Que ellos sí, los ganaderos, están en peligro de extinción.

Y de salida, que la ciudadanía, precisamente, nos comamos con fruición, abundancia y de forma reiterada los mencionados animalicos, a la brasa o asados a cualquier temperatura, alta o baja. Aunque Aragón sigue muy por encima de la media nacional en el consumo de ovino, como en el resto de España sigue bajando su consumo, bastante constreñido a los momentos de fiesta.

Así pues, si no queremos que se extingan los ganaderos del TA, tratemos de lograr la extinción de sus ternascos. Ardua tarea por otra parte, pues siguen manteniendo una capacidad de producción por encima de nuestras posibilidades, perdón, disponibilidades. A por ellos.