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por primera vez en españa, en la galería spectrum de zaragoza

Pilar Albajar retrata sus cicatrices y la esperanza

La artista expone los autorretratos tomados durante su tratamiento de quimioterapia

 

Albajar posa junto a dos de los retratos tomados entre 1998 y 1999. - CHUS MARCHADOR

ADRIÁN SAN ROMÁN
10/01/2018

En 1998 a la fotógrafa Pilar Albajar le diagnosticaron, como a tantas otras mujeres, un cáncer de mama. Con el objetivo de hacer frente a la enfermedad, Pilar se sometió a una operación de extirpación quirúrgica, a la que posteriormente le siguió un tratamiento de quimioterapia de seis sesiones que resultó para ella «frío, repetitivo, doloroso» y que le hizo sentirse asombrada de su propio cuerpo una y otra vez. A lo largo de aquel periodo, Albajar no abandonó la fotografía, que se convirtió en una de sus principales motivaciones para continuar levantándose de la cama, pero, marcada por aquellas sesiones, pronto se descubrió incapaz de realizar instantáneas fáciles o agradables de contemplar. En vez de eso, tomó la difícil decisión de retratarse a sí misma, mostrando su decadencia física y sus cicatrices a lo largo del proceso, en una sesión fotográfica realizada a lo largo del año y medio de tratamiento, y que Albajar ha mostrado al público en contadas ocasiones.

No ha sido hasta ahora cuando, de manos de su habitual colaborador, el catedrático de literatura francesa de la Universidad del País Vasco, escritor y guionista de cómics, Antonio Altarribas, se ha animado a mostrar estas instantáneas en España en su exposición El dolor, la muerte y la clorofila que desde ayer puede visitarse en la galería de la escuela de fotografía Spectrum Sotos. Una selección de fotografías en la que estos seis dolorosos retratos –uno por cada sesión de quimioterapia– se ven arropados por otros fotomontajes surrealistas (disciplina fetiche de los dos artistas) realizados en periodos dispares.

CASI INÉDITAS

«Se trata de unas fotografías que he enseñado poco, la primera vez que lo hice fue en Munich en 2005 y desde entonces las he enseñado contadas veces a otros fotógrafos y amigos» explica Albajar, que comenta asimismo la reticencia de muchos galeristas a exponer este tipo de retratos en sus salas. «Siempre que enseño estas fotografías el recibimiento es el mismo, el silencio, en una ocasión una galerista estadounidense me llamó llorando para decirme que no se atrevía a publicarlos, para ella era un contenido demasiado crudo» explica la fotógrafa.

Unos retratos con los que Albajar busca mostrar a otras mujeres que sufren cáncer de mama que superar la enfermedad es posible y que cualquier secuela física es reversible. «Más que un trabajo fotográfico estas fotografías buscan ser un testimonio, un testimonio para otras mujeres y hombres no pierdan la esperanza» explica la artista, que asimismo comenta como la realización de estas instantáneas le ayudó a superar el año y medio e tratamiento. «Durante aquella etapa de mi vida coger las cámaras y salir de casa era inviable, no estaba preparada ni física ni psicológicamente para ello, de modo que fotografié lo que tenía más cerca, que era a mí misma, y pronto aquello se convirtió en la principal motivación para levantarme de la cama todos los días» asevera Albajar.

Un ejercicio que, según la fotógrafa, aún hoy le ayuda a afrontar aquel periodo de su vida. «Realizar esas fotografías me ayudó durante mi convalecencia, pero mostrarlas después de aquello también lo hizo, y sin duda mostrarlas hoy me seguirá ayudando» explica ella, que en los retratos ha querido no tanto mostrar las secuelas físicas de la enfermedad sino el coste anímico que conlleva. «Durante aquel periodo me veía como un alien recién salido de un campo de concentración, sin embargo el pelo vuelve a crecer y las cicatrices desaparecen, las heridas emocionales son más complicadas de cerrar» explica la fotógrafa.

PLANTAS Y MENINAS

Acompañando estos retratos, Albajar y Altarriba han dispuesto otras dos secciones temáticas que llevan por nombre clorofila y muerte, y que buscan ofrecer un enfoque menos dramático con el objetivo de suavizar el tono global de la exposición. En la primera se presentan fotomontajes surrealistas en los que se hibridan retratos humanos con plantas, suplantando estas el pelo o las extremidades de los retratados con un claro enfoque expresivo. En la segunda sección, los autores ofrecen su faceta más provocativa presentando una serie de collages que reflexionan acerca de la muerte. Una mujer crucificada boca abajo sobre un pene erecto, otro órgano reproductivo masculino coronado por una calavera o una reinterpretación de Las Meninas de Velázquez en la que la Infanta Margarita Teresa de Austria cuelga del techo ahorcada por revolucionarios son algunas de las piezas más llamativas de esta sección.