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LA 65ª EDICIÓN DEL FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN

«Recibir premios tiene algo de ridículo porque no tengo dinero»

Entrevista a la cineasta Agnés Varda, que recibió el Premio Donostia

 

Agnès Varda, ayer. -

NANDO SALVÀ
25/09/2017

Se considera a Agnès Varda (Ixelles, Bélgica, 1928) la madrina oficial del cine francés. Al principio de su carrera abrió camino a esa nueva ola de jóvenes directores, la Nouvelle Vague, de quienes se dice que inventaron el cine moderno, y desde entonces no ha dejado de experimentar. Ayer recibió el Premio Donostia.

–Hace años un premio honorífico en el festival de Cannes, luego Locarno, ahora San Sebastián. ¿No son demasiados?

–Recibir premios tiene algo de ridículo, porque sigo sin tener dinero para hacer mis películas. Porque me empeño en hacer un cine que es libre. Es muy fácil decir: «Agnès, te damos un premio». Pero cuando yo digo «¿dónde está el dinero?», nadie contesta. Tengo la vitrina llena de animalitos: hay un leopardo, y un oso, y un perro, y un león. Y una vez me dieron un premio que era una caja llena de tierra de todos los países de Europa. Muchas gracias pero, ¿por qué no me dan un poco de dinero para la próxima película?

–Si tuviera que destacar algo de su carrera, ¿qué sería?

–Que nunca he rodado historias burguesas. He preferido dedicarme a retratar estibadores, pescadores, ocupas, obreros, gente que no tiene poder. Y siento que a lo largo de mi carrera he tratado de decir a las mujeres: «Salid de las cocinas, haceos con las herramientas para cambiar la sociedad». Estoy contenta.

–¿Siente que ha hecho una contribución al mundo?

–Bueno, yo no puedo solucionar los problemas, y me siento mal. La gente se muere, y mientras nosotros estamos aquí. ¿Debería dormir en la calle? No, esa no es la solución. Sé que con el desayuno de un día en mi hotel podría alimentar a algunas familias durante una semana, pero rechazar mi posición sería deshonesto. Me conformo con no legitimar las gilipolleces.

–Usted fue fotógrafa antes que cineasta. ¿Qué opina de la generación Instagram?

–La imagen se ha democratizado y desvalorizado. Es el efecto de la evolución de la sociedad. A mí de joven me encantaba la pintura, iba al Louvre dos veces por semana y siempre estaba vacío. Ahora, en cambio, las exposiciones sobre Goya y Picasso son acontecimientos sociales. Y me parece bien. En general, trato de ver los cambios en el mundo como algo positivo. Antonio Gramsci dijo que cuando se mira el mundo solo se puede ser pesimista, pero cuando se pasa a la acción solo se puede ser optimista. Estoy de acuerdo.

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