Un año perdido. Este podría ser el resumen de la temporada 2018-2019 en la SGAE. La Sociedad General de Autores y Editores se ha convertido en un escorpión que se clava el aguijón para envenenarse y quedar paralizada. Ayer, la única solución para garantizar el futuro de la entidad era aprobar una reforma de estatutos que calmase los ánimos de la CISAC y del Ministerio de Cultura. Era ya el tercer intento, después de dos fracasos anteriores que precipitaron la destitución de los últimos presidentes. Y, una vez más, no se han obtenido los dos tercios de votos necesarios para aprobarlos. El 62,78% final es insuficiente y aboca a la SGAE, una vez más, a un futuro inmediato más que incierto.

La junta de Pilar Jurado ha rozado la salvación, sí, pero sin esa reforma de estatutos no hay posibilidad alguna de que la Confederación Internacional de Sociedades de Autores y Creadores levante la sanción impuesta a la SGAE el pasado mes de mayo. Y sin esos estatutos reformados, tampoco el Ministerio puede entender que la entidad ha concretado las medidas que se le requerían. Hoy la situación de la entidad es incluso más complicada que hace un año. De hecho, y tras apenas cuatro meses en el cargo, el puesto de la presidenta Pilar Jurado pende de un hilo. Urge desencallar la situación. O convoca elecciones, lo cual paralizaría más la entidad, o se consuma una moción de censura.

LOS ENEMIGOS, AL LADO

La tarde pintaba algo más apacible que en anteriores asambleas. Los socios de la SGAE aprobaban la gestión de 2018, presidida entonces por Fernández Sastrón y Hevia, con el 61% de los votos. Y, también, las cuentas del 2017, con un 64,5% de los votos, y las del 2018, con el 59,6%. Cifras del todo cómodas para la junta directiva y la actual presidenta.

Pero la votación crucial aún tenía que celebrarse. Y justo antes de ella, tomaron la palabra distintos socios para exponer la intención de su voto. Una de ellas, la cantautora Inma Serrano y una de las directivas que en febrero votó para que Pilar Jurado fuese presidenta, invitó a rechazar los estatutos redactados por la junta directiva de la que ella misma forma parte. Así es la SGAE: los enemigos salen de la butaca de al lado.

Algo hay en la misma naturaleza de la entidad que le impide avanzar en una dirección que no sea el abismo. Desde que la asamblea de socios de junio del 2018 forzó la celebración de unas elecciones que acabarían entregando las riendas de la entidad a un clan de músicos aliado con la rueda de las editoriales televisivas, la junta directiva se ha convertido en una de las más inoperantes y marrulleras que se recuerdan. Enfrentamientos a gritos, zancadillas, puñaladas por la espalda, detituciones fulminantes y maquiavélicos cambios de estrategia se han sucedido en un momento especialmente crítico para la SGAE. Nada de ello ha conseguido mejorar la situación de la entuidad. Más bien lo contrario.

LA BAZA DE TEDDY BAUTISTA

Y mientras los socios tumbaban una vez más la reforma de los estatutos, a la entrada del Hotel Intercontinental de Madrid donde esta vez se ha celebrado la asamblea semestral, Teddy Bautista proclamaba lo que ya es voz populi desde hace días: que se está planteando volver a la SGAE ocupando la vacante que ha dejado Fernando Illán. «Es probable que vuelva a la junta directiva», declaró, jugando al suspense y a la prudencia. En breve se conocerán sus planes.