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INÉS PLANA | ESCRITORA

«Todos somos pequeños frente a una hoja»

 

Inés Plana presentó esta semana en Zaragoza su primera novela. - ÁNGEL DE CASTRO

ADRIÁN SAN ROMÁN
29/01/2018

La aragonesa Inés Plana ha pasado de ser escritora primeriza a ser la principal apuesta de la editorial Espasa. La culpa de esto la tiene su novela Morir no es lo que más duele, una truculenta historia policiaca que la escritora presentó en la librería General de la capital aragonesa el pasado jueves 25 de enero y que cautivó a la editorial nada más llegar a sus manos. En ella, un hombre aparece ahorcado en un pinar a las afueras de Madrid, con los ojos arrancados de cuajo. En uno de sus bolsillos se halla un papel con el nombre y la dirección de una mujer: Sara Azcárraga, que vive a pocos kilómetros del escenario del crimen. Frágil, solitaria, bebedora de vodka en soledad, Sara rehúye cualquier contacto con las personas y trabaja desde casa. El teniente de la Guardia Civil Julián Tresser se hace cargo del caso, asistido por el joven cabo Coira, que se enfrenta por vez primera a una investigación criminal, una investigación difícil, sin apenas pistas, que cuenta con demasiados enigmas.

–Tengo entendido que este el libro nace de una experiencia traumática que vivió usted durante unas vacaciones en el litoral catalán.

–Así es. Estaba viajando en tren hacia Puigcerdá con mi marido por la costa catalana. Acabábamos de salir de Barcelona cuando de repente durante una breve parada vi a través de la ventana a un hombre ahorcado en un árbol. Estaba amaneciendo, y vi su silueta recortada contra la luz del amanecer. Fue apenas un minuto, porque después el tren volvió a arrancar, y dado que por aquel entonces no existía internet no pude hacer un seguimiento del caso y jamás supe quien era aquella persona. Fue una experiencia realmente impactante y traumática, de las que no se olvidan. Al fin y al cabo no vemos ahorcados ni siquiera en las noticias. Ahora cada vez que paso por ahí vuelvo a acordarme de ese pobre hombre. Se me quedó grabado en la mente y años después cuando me plantee hacer mi primera novela volvió a mí. No sabría decir si fue él quien vino o si yo le busqué a él.

–Esta es su primera novela, y a pesar ello Espasa ha apostado por usted con una gran tirada nada habitual en autores primerizos.

–Sí, es algo que se da en muy pocos casos. Yo lo vivo como un sueño y con mucha humildad, al fin y al cabo es un regalo inmenso que la vida me ha dado. Están entusiasmados con la novela y tras todo el trabajo que he invertido en ella solo puedo sentirme orgullosa.

–Su novela gira en torno a una violación, una cuestión que se encuentra en el epicentro mediático actualmente con, entre otras cosas, la iniciativa TimesUp y el caso de la manada.

–La violencia contra la mujer es un tema que se me antoja incomprensible. No puedo llegar a entender cómo puede seguir ocurriendo en pleno siglo XXI. Estamos en una época en la que se están cometiendo violaciones en grupo y en la que las chicas se arriesgan a ser asesinadas al volver a su casa por las noches. Y si todo esto no fuese poco, aquellas que denuncian pasan por un auténtico calvario en el que se pone en duda todo lo que dicen. Ahora el movimiento feminista se ha reactivado, las mujeres estamos alerta y nos quejamos públicamente, y todo esto ha ocurrido porque hemos visto lo que tenemos alrededor. En mi novela hay un personaje que llama a su novia princesa y esta tendencia no es sino una expresión de un afán de posesión desmedido maquillado de amor desmedido. Quien te quiera no te va a tratar como un ser débil, como algo delicado, sino como a un igual.

–El tiempo y el espacio en los que ha decidido ambientar su novela tampoco son casuales, una urbanización dormitorio en 2007, a punto de estallar la burbuja inmobiliaria, una época en la que nada era casual.

–Me pareció una fecha muy atractiva, yo tengo un periódico y en 2007 gran parte del contenido del mismo estaba dedicada a la promoción inmobiliaria fundamentalmente. Viví intensamente ese boom en el que del día a la mañana un pequeño pueblo se convertía en una gigantesca urbanización dormitorio, en el que nos hicieron creer que podíamos vivir a todo tren con las hipotecas al 120%. Me pareció un buen punto de partida narrar ese despertar, ese momento en el que nos dimos cuenta de que esas hipotecas eran pobreza disfrazada.

–Después de este primer libro, ya ha firmado para escribir una segunda entrega en la que continuará las aventuras de los protagonistas presentados en esta su primera novela.

–Así es. Ya estoy trabajando en ella con la misma ilusión que tuve con la primera. Quiero perseguir las vidas de los personajes que he creado. Eso sí, con mucha humildad, todos somos muy pequeños frente a una hoja en blanco.

Revista RedAragon

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