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PRIMERA DE LA FERIA DE SAN LORENZO

Triunfo de López Simón con dos trofeos en la tómbola oscense

Perera sortea el peor lote y Garrido es ignorado a pesar de llevarse el mejor toro

 

El diestro López Simón da un pase a uno de sus astados en el coso oscense. - EFE / JAVIER BLASCO

Carmelo Moya
10/08/2019

Seis toros de Torrestrella. Miguel Ángel Perera (silencio en ambos); López Simón (oreja tras petición y oreja); José Garrido (oreja y sliencio). Casi lleno.

Alberto López Simón ha sido el triunfador numérico de la primera corrida de toros de la Feria de La Albahaca de Huesca celebrada este sábado. Miguel Ángel Perera, con el peor lote, ha estado digno y profesional y José Garrido ha gozado de un toro repetidor e inagotable siendo ignorado en el sexto, ya vencida la tarde.
El torero de Barajas ha construido una faena frankenstein a su primero, hecha de retales y sin guión argumental en la que el toro, con una generosidad extraordinaria, le entregaba las arrancadas (a veces embestidas) casi siempre ya hechas. La cosa ha sido barullo y efectismo, vaciar el viaje del toro así o asá, aquí o acullá. Pero como le ha metido la mano con fortuna, el presidente López Longo, en penitencia por no haber devuelto al primero de la tarde se ha reclinado contrito y negado un segundo trofeo que el pueblo reclamaba. Eso sí, con el capote, López ha estado fino. Y siempre con ese halo tan forzado como poco creíble de su mística aura y trascendental desempeño. En su otro, una ruinilla que se ha dejado pegar en caballo y llegado en pie a la muleta a duras penas, ha aplicad una faena de convenio laboral adornada con artificios postreros al cobijo del distrito sol. Y cae el otro despojo.
Entretanto, José Garrido había aplicado fundamento por los esencia con el repetidor tercero, una máquina de embestir para gozarla con la muleta en la mano que no tuvo eco en los tendidos. Lo ha estropeado con los aceros. Ha recogido una oreja que casi ha resultad escaso reconocimiento para una labor ortodoxa, académica pero falta de un apropiado envoltorio. Aunque peor ha sido en el sexto, en el que ha tenido que echarse de rodillas tras unas bernadinas para que le echaran cuenta. Ni aún así. Fue como si Garrido hubiera sido traslúcido.
En todo este sindiós, Perera se ha quitado de en medio a un torete de patas tan cortas que más que trotar, reptaba. Ha debido de ser devuelto pero como no, aquello fue eterno y lesivo para todos. ha igualado Miguel Ángel la pesadez por su extensión del suplicio ante el cuarto con igual fortuna: la indiferencia.
Y adivinanza para los avispados: ¿qué dedito aprieta la luz del semáforo verde que ordena tocar a la banda?. España, país de pícaros.
El domingo en el segundo festejo habrá un mano a mano entre Sebastián Castella y Emilio de Justo, con toros de Adolfo Martín. H