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Las propuestas del festival Zaragoza Escena Páginas 46 y 47

Viaje a través de los sentimientos

Teatro del Temple estrena mañana en el Teatro Principal ‘1971’, basada en un disco del poeta Rafael Berrio

 

El poeta y cantautor vasco Rafael Berrio, ayer, junto a los bailarines de ‘1971’ en uno de los ensayos en el Centro de Danza de Zaragoza. - daniel marcos / ayuntamiento de zaragoza

El poeta y cantautor vasco Rafael Berrio, ayer, junto a los bailarines de ‘1971’ en uno de los ensayos en el Centro de Danza de Zaragoza. - daniel marcos / ayuntamiento de zaragoza

IVÁN TRIGO
18/09/2018

La compañía aragonesa Teatro del Temple estrena mañana a nivel mundial una nueva producción en la que mezcla la poesía con la danza contemporánea con los movimientos de seis bailarines. 1971, que así se llama la obra, es una coproducción entre la propia compañía y el Patronato de las Artes Escénicas y de la Imagen y se basa en un disco con el mismo nombre del poeta y cantautor vasco Rafael Berrio. Durante la hora que dura el espectáculo, él mismo recita y canta en directo sus versos en uno de los costados del escenario mientras los bailarines copan la atención de los asistentes. La obra estará en el Teatro Principal mañana a las 20.30 horas y el jueves a las 21.30.

El concepto de 1971 surgió hace más de un año y medio cuando Carlos Martín, director de la función, escuchó el disco de Berrio, que se publicó en 2011. Entonces, decidió contactar con Roberto Oliván, director artístico del festival Deltebre Dansa, para que coreografiara las diferentes canciones que componen el álbum, y todo se puso en marcha.

«Me llamó la atención que alguien se fijara en este trabajo mío ya que en su momento pasó casi inadvertido. Entré con un poco de reparo en el proyecto porque me dijeron que yo iba a estar en a un lado y que los bailarines iban a ser el centro de atención. El disco no estaba pensado como una consecución de canciones que conformaran una historia, pero se ha logrado, aunque imagino que no habrá sido fácil», contó Berrio, que canta sus canciones en el mismo orden en el que aparecen en el disco, sin modificaciones. Tan solo se han añadido algunos efectos y partes de textos que el poeta había descartado en un inicio.

A través de esta conjunción de poesía, música y movimiento, Martín ha intentado hacer un recorrido por la vida y los tormentos del poeta. «Las letras de Berrio expresan nostalgia, recuerdos, amor, muerte, son una celebración de la existencia», explicó el director zaragozano, que ha construido un universo «no literal» en el que no todo que se ve es lo aparente y en el que los versos no se transforman de forma concreta y narrativa en movimientos. «La obra es como un triángulo, una cosa es lo que se ve, otra lo que se escucha y otra lo que a cada uno le sugiere. Y eso también nos pasa a mí como director o a los bailarines. Cada uno tiene su forma de comprenderlo», añadió Martín, que con esta nueva propuesta vuelve al teatro conceptual y a la danza después de una larga travesía en la que se centró en el teatro de texto tradicional «por requisitos del mercado».

contemporáneo / En este mismo sentido, Oliván quiso defender la forma en la que está concebido el espectáculo. «Parece ser que en el 2018 todo tiene que ser nuevo y rompedor y cuanto más extraño mejor, pero no sé si estamos escuchando que hay un vacío existente global y general al que no hay que tener miedo. Si es necesario volver a una estructura consecutiva en la que después de el uno va el dos y después el tres, no hemos de tenerle miedo si eso es precisamente lo que queremos decir», argumentó el coreógrafo.

Los seis bailarines encargados de llevar los poemas de Berrio al escenario son Paula Romero, Miguel Ángel Fernández, Laura Alcalá, Isabel Abril, Magí Serra y Agnès Bafelgó y todos se mostraron ayer muy satisfechos con el proyecto y contentos por haber formado parte del mismo. «Ha sido muy enriquecedor e intenso y hemos aprendido mucho. Rafa nos ha llenado el alma con sus letras», expresaron en conjunto. «Lo hemos hecho con el corazón, y ha sido una suerte formar parte del equipo», comentó también otro de los miembros del reparto.

Sobre el escenario, los bailarines van intercalando movimientos enérgicos y pausados, cargados de poesía y vitalidad. Los artistas, además, utilizan diferentes elementos de vesturario y escenografía que ayudan a situar a los espectadores en un mundo onírico e irreal que simula el interior y los pensamientos del poeta. Cada uno de los seis se postula como si fuera una parte del cuerpo del cantante, creando entre todos un espectáculo visual que recorre las ilusiones y temores de un hombre melancólico y bohemio.

1971 es uno de los cinco estrenos mundiales previstos en el Zaragoza Escena, un festival de artes escénicas que se prolongará hasta el próximo 30 de septiembre.

Revista RedAragon

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