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Activismo y gestión

Hartos de la falta de una respuesta política para los jóvenes a los que les había fallado el sistema educativo, activistas vecinales zaragozanos decidieron pasar a la acción en los años 80 creando la escuela de hostelería Topi, que sería el germen de lo que hoy se conoce como Fundación Picarral

 

La escuela de hostelería Topi supuso el germen de la Fundación Picarral. - SERVICIO ESPECIAL / CHUS MARCHADOR

Jóvenes sin estudios aprenden una profesión. - SERVICIO ESPECIAL / CHUS MARCHADOR

Mario Gracia, Espacio 3
09/01/2019

No es algo nuevo. El paro juvenil y el fracaso escolar ya eran en la Zaragoza de mediados de los años 80 dos acuciantes problemas sociales. Al igual que una década y media antes había hecho con la guardería de Belén, la Asociación de Vecinos del Picarral (que hoy ha añadido a su nombre el patronímico de Salvador Allende) no se quedó solo en las reivindicaciones y decidió pasar a la acción, a la gestión directa. De este modo, a finales de 1986, esta entidad vecinal anunciaba la próxima creación de los Talleres Ocupacionales Picarral (Topi). Tras un convenio de la asociación con el Ayuntamiento de Zaragoza se iba a abrir un recurso socioeducativo para acoger a los adolescentes del barrio sin escolarizar y sin trabajo.

Dos meses después, «las patatas fritas desaparecían casi tan veloces como las olivas verdes en aquella mesa azul flanqueada por dos tornillos de herrero. Era el 6 de febrero y, una vez más, la realidad y el sueño asistían a la fiesta, de la mano, como siempre que se da todo primer paso».

Así describía el boletín de la asociación de vecinos, en marzo de 1987, la inauguración del Topi. Esta puesta en marcha se consideró como el primer paso de muchos más que debían venir detrás. Y, de hecho, aquel embrión llamado Topi llegaría a evolucionar hasta convertirse en lo que en 1992 pasaría a convertirse en una entidad independiente de la organización vecinal –con la que nunca ha perdido su espíritu de colaboración–, que se acabaría denominando Fundación Picarral.

Cambió el nombre, pero no sus objetivos, que han sido siempre los descritos en sus estatutos: la «integración social y laboral de los jóvenes y adultos en general con problemas de desempleo y que se hallen en situación de marginación y en estado de necesidad». La misión de esta fundación es realizar una labor formativa y educativa de calidad que favorezca la inserción sociolaboral de personas –especialmente jóvenes– que por diferentes razones han quedado fuera de un proceso regular de integración social. Es, además, una herramienta útil para el conjunto de la sociedad y promueve el ejercicio efectivo de una ciudadanía plena.

Sus principales programas son el centro sociolaboral Topi, el centro de inserción sociolaboral Serpi , la casa de acogida y residencia Carpi, los pisos asistidos Balsas, el grupo de empresas de inserción Mapiser y los centros especiales de empleo Arapack y Ceserpi.

A través de estos recursos, la Fundación Picarral desarrolla distintas líneas de trabajo. Continúa, igual que hace más de 30 años, tratando de conseguir «la inserción social y laboral de aquellos jóvenes a los que, por diferentes circunstancias, el sistema escolar reglado no ha sabido dar las respuestas adecuadas», expone Alfonso Dolset, gerente de la entidad.

Lo hace mediante su formación en hostelería, soldadura y fontanería y climatización. También trabaja en la inserción social y laboral de personas con inteligencia límite y/o discapacidad intelectual ligera. Igualmente, dispone de una residencia de menores en guarda o tutela del Gobierno de Aragón, de una residencia asistida para personas con inteligencia límite y de las citadas empresas participadas y centros especiales de empleo.

Para un mejor desempeño de su misión, la Fundación Picarral cuenta con un cuerpo de voluntariado que apoya la labor del profesorado y de los educadores. Fundamentalmente, las personas voluntarias están implicadas en el acompañamiento en actividades de ocio, culturales y de tiempo libre a los usuarios con inteligencia límite.

La ausencia de apoyos públicos para este último colectivo, así como la falta de respuesta del sistema educativo formal a las necesidades reales de la juventud son los dos grandes caballos de batalla de esta entidad social nacida del activismo vecinal en un barrio obrero de Zaragoza.

Espacio3

Suplemento semanal dedicado a la acción social, la economía solidaria y la cooperación al desarrollo. Se edita en colaboración con Obra Social La Caixa y se distribuye con la edición de los miércoles de El Periódico de Aragón.

Edita: Prensa Diaria Aragonesa. Hernán Cortés 37. 50005 Zaragoza.

Correo electrónico: suplementos@aragon.elperiodico.com
Periodicidad: semanal

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